Biografía de Miguel Ángel Asturias Rosales: una vida de letras, diplomacia y familia
En poco menos de 75 años, el ganador del Premio Nobel de Literatura de 1967 recorrió el mundo gracias a su talento literario y a su compromiso con sus convicciones.
Escritor, periodista, poeta y diplomático. Así se define, generalmente, a Miguel Ángel Asturias. También podría decirse de él que fue hijo, hermano, padre, esposo, abuelo, amigo y por supuesto, un guatemalteco apasionado porque cada faceta de su vida tuvo peso e importancia para contar completa su historia. A largo de estos 52 años de su ausencia física, se han ido revelando esas facetas y aún hay mucho por descubrir. El biógrafo, traductor, crítico literario y principal estudioso de Asturias en el mundo Gerald Martin afirmó, durante su participación en Filgua 2024, que el autor de Hombres de maíz y El señor Presidente fue un genio que no ha terminado de ser comprendido.
He aquí un recuento de los hechos que marcaron la existencia del literato que en 1967 llenó de gloria la literatura de Centroamérica:
Los inicios
Miguel Ángel Asturias Rosales llegó al mundo cuando el siglo XIX estaba por concluir. El 19 de octubre de 1899 el hogar conformado por el abogado Ernesto Asturias y la maestra María Rosales le dio la bienvenida a su primogénito. Los Asturias Rosales vivían, entonces en una casa ubicada cerca del Parque Colón en la zona 1 capitalina. En ese tiempo, Guatemala era gobernada por Manuel Estrada Cabrera, quien permaneció 22 años en el poder.
Cuando Miguel Ángel tenía cuatro años y su hermano Marco Antonio, dos, su padre que era juez, se negó a encarcelar a un grupo de estudiantes que protestaron contra los desmanes del presidente. Estrada Cabrera tomó represalias y despojó a Ernesto Asturias de su cargo como juez y lo inhabilitó como abogado. Además, fruto de esa decisión también se le quitó el trabajo como maestra a María Rosales.
La pareja estaba desempleada y con dos niños pequeños. Entonces, el abuelo materno de Miguel Ángel, el coronel retirado Gabino Gómez, llegó desde Salamá Baja Verapaz hasta la capital para prestarle ayuda a su hija y a su familia. Ernesto, María y Miguel Ángel partieron hacia las Verapaces, mientras el pequeño Marco Antonio se quedó al cuidado de la abuela paterna. El camino, en ese tiempo era difícil de transitar. Ese fue el primer destierro vivido por el futuro literato.
En entrevistas realizadas a Asturias por algunos de sus biógrafos y amigos, el escritor recordaba cómo su estancia en la finca de sus abuelos maternos en en San Jerónimo de Baja Verapaz, alimentó su imaginación. Según cuenta su hijo Miguel Ángel Asturias Amado, el pequeño se convirtió en acompañante de su abuelo que lo llevaba a recorrer diversos poblados de las Verapaces. Ahí, tenía contacto con familias indígenas, sus costumbres, creencias y relatos. En esa etapa también conoció a Lola Reyes, una joven niñera que se hacía cargo de él y le contaba historias, mitos y leyendas de su cultura.

El regreso y los estudios
Al volver a la capital, la familia adquirió una nueva propiedad ubicada en la 14 avenida 1-69 zona 1, en el barrio de la Candelaria. Ahí vivió su niñez y adolescencia, hizo amigos y desde muy temprana edad se hizo devoto del Nazareno de Candelaria, llamado Cristo Rey. Estudió la escuela primaria en colegios religiosos. Cursó el bachillerato en el Instituto Central para Varones y se graduó en 1916.
Cuando, en 1917 le tocaba elegir su carrera universitaria, él se inclinaba por el Derecho porque era la única profesión, que tenía cierta relación con las letras. Sin embargo, su padre pensaba que bajo una dictadura los abogados éticos no podían ejercer con libertad, entonces hizo que se inscribiera en la carrera de Medicina. Miguel Ángel obedeció, pero luego de varios incidentes debió dejar esos estudios y al año siguiente, 1918 estudió Leyes. Como estudiante de la Facultad de Derecho estuvo integrado a la llamada Generación dl 20, un grupo de jóvenes idealistas que entre otras acciones, participó activamente en la Huelga de Dolores y compuso La Chalana. Asturias es autor de una de las estrofas de este canto de guerra estudiantil. Además, motivados por el ideal de brindar oportunidades de formación a la población que no las tenía, también fundaron la Universidad Popular.
En 1923 Miguel Ángel obtuvo el título de Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales por la Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac).
Al encuentro de París y los mayas
Recién graduado, Asturias partió a Europa, primero con el objetivo de estudiar inglés en el Reino Unido. Sin embargo, decidió conocer París y quedó impresionado por la vida cultural de la llamada Ciudad Luz.
En París, se inscribió en cursos en La Sorbona. Ahí sucedió un episodio que cimentaría su manera de ver la cultura maya. Según lo relató a Luis López Álvarez, autor del libro Conversaciones con Miguel Ángel Asturias, el joven estudiante llegó a tomar su primera clase con el antropólogo Georges Raynaud, quien para entonces trabajaba en la traducción del Popol Vuh del k’iche’ al francés. El maestro no dejó de verlo durante toda la clase y al finalizar se le acercó y le preguntó si era maya. Asturias le comentó que era guatemalteco.
El entusiasmo del docente fue tanto que lo llevó a su casa, se lo presentó a su esposa para probarle que los mayas aún existían. Posteriormente, cuando Raynaud concluyó su trabajo con el Popol Vuh, encargó a Miguel Ángel y al también estudiante mexicano J. M. González de Mendoza, la traducción del Popol Vuh al español, de la versión francesa del abate Charles Étienne Brasseur de Bourbourg.
Esta experiencia hizo que Asturias ahondara en la Cosmovisión maya. En 1930, aún en París, publicó su primer libro, Leyendas de Guatemala. Esa obra fue elegida por Francisco de Miomandrepara participar en el concurso de traducción Sylla Monsegur y con él obtuvo el primer premio. Esta traducción francesa está prologada por el poeta Paul Valery.
De regreso
Al volver a Guatemala, Asturias ya había comenzado a ser reconocido a nivel internacional, pero su retorno en 1933 no fue en las mejores condiciones, porque para entonces ya había otra dictadura en el país. Jorge Ubico gobernaba y una de sus primeras medidas fue el cierre de la Universidad Popular. Asturias y lo hizo a través de la poesía y el periodismo. Fundó El Diario del Aire, el primer radio periódico del país.
En 1939, Miguel Ángel se casó con Clemencia Amado junto a quien procreó a sus dos hijos, Rodrigo (1939-2005) y Miguel Ángel (1941).
En 1942, Asturias que se destacaba sobre todo en círculos intelectuales, fue elegido diputado al Congreso de la República.
Luego de la caída del régimen de Ubico y la llegada al poder de Juan José Arévalo en 1944, Asturias fue nombrado agregado cultural en México, cargo que ocupó entre 1946 y 1947. En ese último año fue nombrado agregado cultural en Argentina.
Durante esa época la vida personal del escritor tuvo dos reveses, en 1947, su divorcio de Clemencia Amado, con quien vivía en México, y la muerte de su madre, María Rosales en 1948. Sin embargo, en ese mismo año, en Argentina, conoció a Blanca Mora y Araujo quien se convirtió en su segunda esposa en 1950.

En 1952, Árbenz lo nombró ministro consejero de la Embajada de Guatemala en París, Francia y un año después, lo designó embajador en El Salvador. Precisamente, su hijo Miguel Ángel Asturias Amado refiere que este nombramiento obedecía a que el entonces presidente requería de una figura fuerte que contuviera el avance de una invasión al país por parte de sus opositores.
El exilio y la reivindicación
Asturias ocupó el cargo hasta 1954. Después de la renuncia de Árbenz, Asturias asumió el exilio y se fue a vivir a Argentina. El nuevo régimen comandado por Carlos Castillo Armas no solo desterró al escritor, sino también lo despojó de su nacionalidad guatemalteca. Argentina le concedió un pasaporte especial de no argentino, que le permitió continuar viajando y realizando conferencias en distintos lugares del mundo.
En ese tiempo, vivió junto a su esposa Blanca Mora y Araujo y con sus dos hijos Rodrigo y Miguel Ángel, quienes cursaron estudios universitarios en ese país. El autor de la Trilogía bananera, fue bien acogido por la intelectualidad sudamericana. Sin embargo, la paz que tuvo por cerca de ocho años se terminó cuando el presidente argentino Arturo Frondizi fue derrocado por un golpe militar. Asturias, al igual que otros intelectuales identificados como de izquierda fue llevado a la cárcel.
Aunque gracias a su prestigio, su prisión no duró mucho, se dio cuenta que el ambiente que se respiraba en ese momento en el país sudamericano que le había tendido la mano, ya no le sería propicio.
Decidió viajar, junto a su esposa a Europa. Vivió por un tiempo en Génova Italia. Su reputación como autor era apreciada tanto en Europa como en América y dio a conocer desde ahí, una de las obras que muchos consideran de las más bellas: Mulata de tal, en 1963. La estancia en Italia tuvo algunas carencias, porque la pareja debió comenzar de cero, pero su prestigio crecía, por lo que Asturias encontró en las conferencias internacionales un nicho importante por medio del cual compartir sus conocimientos y experiencias.
En 1965 se reencuentra con su amigo, el escritor chileno Pablo Neruda, quien le cuenta que tenía el encargo de escribir un libro para Hungría, y le propone hacer un tour gastronómico por ese país para relatar sus experiencias. De ahí nace Comiendo en Hungría, que se convierte en el único libro escrito a cuatro manos por, en ese entonces, dos futuros premios nobel.
En 1966, llega al poder en Guatemala, Julio César Méndez Montenegro y una de las medidas que toma es devolverle su ciudadanía al escritor y, además, nombrarlo Embajador de Guatemala en Francia.
El Lenin, el Nobel y el adiós
El escritor hace de París su sede principal y es, viviendo en Francia cuando se entera de tres de los más altos reconocimientos que le fueron conferidos. El sábado 30 de abril de 1966 se oficializó la decisión de entregar el Premio Lenin a Asturias, tomada por el comité adjudicador de esos galardones por acuerdo del Presídium del Sóviet Supremo de la URSS, de entonces. Ese mismo año, otra alegría llegó a Asturias. Autoridades indígenas le rindieron tributo y lo nombraron Hijo unigénito de Tecún Umán y le regalaron un bastón que lo acreditaba como tal.
Asturias era ya, para entonces, uno de los nombres que se repetía entre los candidatos al Nobel de Literatura. Sin embargo, en 1966, esa noticia no llegó. Para 1967, siendo embajador en Francia, ya todo parecía indicar que la decisión le favorecería. Sin embargo, la confirmación definitiva llegó precisamente el día en el que el autor guatemalteco cumplía 68 años. Ese 19 de octubre, las felicitaciones llegaron hasta la embajada. Algunos estudiantes guatemaltecos llegaron a cantarle La Chalana y las llamadas de literatos, presidentes y admiradores fueron tantas, que su hijo cuenta que él no pudo comunicarse con él, sino hasta muy tarde.
El 10 de diciembre de 1967, en Estocolmo Suecia, Miguel Ángel Asturias recibió el Premio Nobel de Literatura, de manos del rey de ese país. Fue el segundo premio de este tipo para un escritor latinoamericano y hasta la fecha el único centroamericano.
Luego de dejar la embajada de Guatemala en Francia, Asturias vivió alternativamente entre París y algunas ciudades de España. Pero sobre todo, se ocupaba de recorrer el mundo dictando conferencias y participando en actividades culturales. Sin embargo, en 1973, su salud le jugó una mala pasada. Le fue diagnosticado cáncer y operado.
El autor de Sien de alondra tuvo una recuperación en París, pero en 1974, mientras realizaba una gira de conferencias por España, debió ser internado en un hospital de Madrid. Su hijo Miguel Ángel llegó a visitarlo y los médicos le informaron de la gravedad de la enfermedad de su padre: el cáncer había hecho metástasis y no le quedaba mucho tiempo. A pesar de todo, Asturias mantenía su entusiasmo e incluso, le dijo a su hijo que preparara todo para regresar pronto. Pero la muerte se llevó consigo sus planes el 9 de junio de 1974, cuatro meses antes de llegar a los 75 años.
En una nota publicada por Prensa Libre se consignó: “Al momento de su muerte deja inconclusa la obra Dos veces bastarda, relacionada con otra que publicó en 1973 con el título Viernes de Dolores. El cadáver del insigne escritor nacional fue embalsamado y permanecerá en capilla ardiente en el aula magna de la fundación Jiménez Díaz, para recibir el tributo de los intelectuales madrileños y europeos”.
El reporte de ese 10 de junio también indica: “Según expresaron familiares del escritor, entrevistados en su casa de la Avenida de Candelaria, Asturias estuvo pensando en Guatemala hasta el último momento. Indicaron que unos días antes de morir dijo a su esposa, Blanca, y a su hijo Miguel Ángel que se preguntaba si volvería a ver los amaneceres de Guatemala”.
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