
Canícula prolongada afectaría 377 mil hectáreas de cultivos en Guatemala; maíz y frijol, los más vulnerables
El MAGA prevé que la canícula prolongada afecte 377 mil hectáreas de cultivos en Guatemala. El maíz y el frijol concentran gran parte del área en riesgo debido a la reducción de lluvias y el aumento de las temperaturas durante julio y agosto.
La canícula prolongada que se avecina entre julio y agosto afectaría unas 377 mil 578 hectáreas de distintos cultivos, y cerca del 40% de la superficie impactada corresponde a cultivos de maíz y frijol, según una previsión del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA).
El Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (Insivumeh) pronosticó que en el 2026 las lluvias disminuirán en Guatemala hasta una tercera parte como efecto de la transición al fenómeno El Niño, pero el impacto será más drástico durante julio y agosto, cuando la canícula se haga presente: se extenderá hasta por 40 días en algunas regiones y traerá temperaturas más elevadas.
Ante estas condiciones, los cultivos pueden sufrir estrés hídrico —demandar más agua de la disponible en el suelo—, presentar reducción del crecimiento y desarrollo de las plantas, disminuir el rendimiento y, en casos severos, ocasionar pérdidas parciales o totales de las cosechas, según un análisis del MAGA.
Los cultivos más vulnerables a la canícula prolongada son el maíz y el frijol, y las hectáreas afectadas podrían alcanzar las 150 mil 802. Esto representa el 47.5% del total de 317 mil hectáreas que se siembran de dichos granos básicos en el país, según cálculos de la Asociación Nacional de Granos Básicos (Anagrab). De cumplirse la previsión, las pérdidas se aproximarían a Q2 mil 722 millones.
Sin embargo, Gustavo Rivas, presidente de Anagrab, señala que es pronto para establecer si el pronóstico de la canícula extendida se cumplirá, pues pueden presentarse sistemas de baja presión, como Cristina, que recién golpeó al país. Por otro lado, es más optimista y considera que, de ocurrir el fenómeno, las pérdidas estarían entre el 25% y el 30% de la producción de granos.
De mantenerse la predicción, el fenómeno climático también afectaría 100 mil 17 hectáreas de pastos, unas 42 mil 55 de café y otras 32 mil 5 de caña de azúcar.
Otros productos impactados serán: banano (16 mil 779 hectáreas),melón (12 mil 196),plátano (11 mil 559),tabaco (9 mil 657) y cítricos (2 mil 508).
De acuerdo con el MAGA, los efectos de la canícula se presentarían en todo el territorio nacional, pero las zonas semiáridas son las más vulnerables, como las del corredor seco.
Acerca de si la afectación en dichos productos impactará en la disponibilidad de alimentos para la población en los mercados, el ministerio responde que ello dependerá de la intensidad, duración y distribución de las lluvias durante julio y agosto.
Si la producción de granos básicos y otros cultivos se reduce, podría influir en la oferta local y generar incrementos temporales en los precios, por lo que se monitorean las condiciones agroclimáticas para identificar las áreas de riesgo e implementar con antelación medidas de mitigación, según la cartera.
Los efectos
De acuerdo con el MAGA, la escasez prolongada de lluvia reduce la humedad disponible en el suelo, y esto impactar en el desarrollo y funcionamiento de los cultivos.
“Se reduce la actividad biológica del suelo, afectando a microorganismos que descomponen la materia orgánica y reciclan nutrientes, lo que disminuye su disponibilidad para las plantas. El déficit hídrico restringe el crecimiento radicular (desarrollo de las raíces),reduce la absorción de agua y nutrientes y aumenta el estrés fisiológico de los cultivos”, explica el ministerio.
Dichos efectos son más severos en áreas con suelos poco profundos o con menor capacidad para retener humedad, donde las altas temperaturas aceleran la evaporación y la pérdida de agua del suelo. Esto favorece la compactación superficial, la formación de costras y reduce la infiltración de agua cuando la lluvia vuelve a caer.
Los suelos sin cobertura vegetal son más susceptibles a la degradación y erosión, y el efecto es que, cuando las lluvias se intensifican, se pierde la capa fértil, se afecta la productividad agrícola, el suelo almacena menos agua y los sistemas productivos se vuelven más vulnerables frente a futuras sequías.
Mientras tanto, las altas temperaturas incrementan la evapotranspiración, aumentan la demanda de agua de los cultivos y aceleran la pérdida de humedad del suelo. Esto provoca estrés hídrico, reducción del rendimiento y menor calidad de la producción agrícola.
Durante la canícula, el ganado también puede experimentar estrés térmico, disminuir el consumo de alimento y agua, y con ello reducir la producción de leche y perder condición corporal.
En cuanto a la disponibilidad de agua, la falta de lluvia reduce el caudal de ríos, nacimientos y reservorios, limita el funcionamiento de sistemas de riego y, junto con las altas temperaturas, deteriora la infraestructura agrícola.
Mayor impacto
La canícula prolongada puede tener un mayor impacto en los agricultores de autoconsumo o subsistencia, pues dependen principalmente de las lluvias para la producción de cultivos, como maíz y frijol, que son sensibles cuando la falta de lluvia coincide con etapas críticas como la floración y el llenado de grano.
Además, la disminución de la producción puede afectar los ingresos de los hogares agrícolas, reducir la disponibilidad de alimentos para el autoconsumo e incrementar su vulnerabilidad económica y conducir a inseguridad alimentaria.
Monitoreo constante
De acuerdo con el MAGA, se monitorean las condiciones climáticas y agroclimáticas mediante sistemas de vigilancia, y la información se traslada por medio de boletines, alertas tempranas y recomendaciones técnicas para que productores, extensionistas y autoridades locales tomen decisiones oportunas.
Por otro lado, brinda asistencia técnica y promueve prácticas de adaptación al cambio climático —conservación de humedad del suelo, cosecha de agua, uso eficiente del recurso hídrico, diversificación productiva y manejo adecuado de cultivos—.
El MAGA también impulsa el Programa de Suelos y Agua para el Futuro, para fortalecer la resiliencia, la seguridad alimentaria y la sostenibilidad de los sistemas productivos mediante el manejo sostenible de los recursos naturales. Asimismo, ejecuta el Plan Institucional de Respuesta 2026, que incorpora acciones anticipatorias y monitoreo territorial para reducir riesgos y proteger los medios de vida antes de que ocurran pérdidas.
A través del plan se fortalece la asistencia técnica, la movilización oportuna de insumos y la mejora de la comunicación y coordinación interinstitucional.
A criterio de Rivas, las medidas de mitigación implementadas por el MAGA, como el riego, deben realizarse de manera diferenciada, pues las necesidades de los agricultores de subsistencia son distintas de las de los productores excedentarios, que producen granos como maíz y frijol para abastecer el mercado local.
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