
Compost producido con residuos de caña de azúcar sustituye hasta un 30% del fertilizante químico
Ante el incremento en el precio de los fertilizantes químicos y la dependencia de insumos importados, algunas empresas apuestan por alternativas orgánicas. Magdalena afirma que el compost elaborado con residuos de caña permite sustituir hasta un 30% de...
El incremento en los precios de los fertilizantes químicos y la dependencia de Guatemala de insumos importados han llevado a productores y empresas agrícolas a buscar alternativas para reducir costos y garantizar el abastecimiento.
Estas opciones han cobrado mayor relevancia en los últimos años debido a las tensiones geopolíticas, las interrupciones en las cadenas de suministro y las fluctuaciones en los mercados internacionales, que afectan la disponibilidad y el precio de estos productos.
Entre las alternativas que han comenzado a ganar espacio figura la producción de fertilizantes orgánicos elaborados a partir de residuos agrícolas y microorganismos.
En la costa sur, el Ingenio Magdalena ha impulsado la producción de compost a partir de cachaza —subproducto generado durante el procesamiento de la caña de azúcar—, así como de microorganismos desarrollados en sus laboratorios.
Según la empresa, estos insumos permiten sustituir parte de los fertilizantes químicos que tradicionalmente adquieren en el mercado internacional. La estrategia forma parte de un modelo de economía circular que busca aprovechar los residuos generados durante la producción de azúcar para reincorporarlos al suelo.
De acuerdo con Carlos Arce, director agrícola de Magdalena, el compost elaborado a partir de cachaza puede sustituir entre un 20% y un 30% del fertilizante químico utilizado en los cultivos.
A continuación, un extracto de la conversación que sostuvo con Prensa Libre.
¿Cómo está impactando el incremento en los precios de los fertilizantes químicos al sector agrícola y qué medidas ha tomado Magdalena para enfrentar esta situación?
Actualmente existe un contexto relevante marcado por el aumento en los costos de los fertilizantes químicos, con incrementos que alcanzan entre el 50% y el 60%. Esto tiene un impacto directo en la operación agrícola desde el punto de vista económico.
Ante este escenario, en Magdalena hemos fortalecido el uso de recursos orgánicos, como compost y micorrizas, que son microorganismos de origen natural. Con ello buscamos un doble propósito: reducir parcialmente el impacto económico derivado del aumento de los fertilizantes químicos y, al mismo tiempo, mejorar las condiciones del suelo mediante la incorporación de productos que favorecen la oxigenación y aumentan la materia orgánica.
Guatemala depende en gran medida de fertilizantes importados. ¿Qué implicaciones tiene esta situación y cómo están respondiendo a ese desafío?
La dependencia de productos provenientes del exterior hace que cualquier situación internacional, ya sea un conflicto, problemas logísticos o cambios en los mercados, tenga repercusiones en el país y en los costos de producción.
Por esa razón, en Magdalena hemos impulsado la producción de fertilizantes orgánicos bajo una visión de sostenibilidad y economía circular. Esto no elimina completamente la dependencia de insumos externos, pero sí permite reducirla. Además de generar un beneficio económico, estas prácticas contribuyen a mejorar el manejo del suelo y de los recursos naturales.

¿Cómo producen estos fertilizantes orgánicos y qué resultados han obtenido?
Durante el proceso de producción de azúcar se generan distintos subproductos. Uno de ellos es la cachaza, un residuo derivado de la molienda de la caña de azúcar.
Este material es sometido a un proceso de descomposición natural que permite enriquecerlo con microorganismos y nutrientes. El resultado es un compost que puede sustituir entre un 20% y un 30% del fertilizante químico utilizado en los cultivos.
Además, contamos con laboratorios donde producimos hongos y bacterias que posteriormente son incorporados al suelo. Estos microorganismos interactúan con los organismos presentes de forma natural y contribuyen a la reposición y el enriquecimiento de nutrientes.
De esta manera, buscamos devolver al suelo parte de los nutrientes que la caña extrae durante su crecimiento y fortalecer su capacidad productiva.
¿Qué papel considera que deben desempeñar las empresas, el Gobierno, la academia y las comunidades para impulsar este tipo de prácticas?
Consideramos que la interacción entre la empresa privada, el Gobierno, las entidades educativas y las comunidades es fundamental para promover el desarrollo económico y fortalecer las capacidades locales.
En nuestro caso, fomentamos este tipo de vínculos porque permiten generar oportunidades para pequeñas economías, microempresas y comunidades. Más que una estrategia aislada, lo vemos como un plan de trabajo orientado al desarrollo conjunto de todos los actores involucrados.
También impulsamos la contratación de personas de las comunidades cercanas y promovemos la adquisición de productos y servicios de pequeñas empresas locales, contribuyendo así al fortalecimiento de las economías de nuestro entorno.
¿Qué oportunidades observa para el futuro del sector agrícola frente a los desafíos relacionados con los fertilizantes?
Existen muchas oportunidades porque la agricultura es una actividad en constante evolución. En el caso de la industria azucarera, los últimos 20 o 30 años han estado marcados por importantes transformaciones impulsadas por la necesidad de optimizar recursos y mejorar la eficiencia.
La búsqueda de alternativas a los fertilizantes convencionales es una muestra de ello. Hace dos décadas no se hablaba de asuntos como la cogeneración de energía a partir de subproductos de la caña, la producción de alcohol derivada de su procesamiento o la fabricación de compost para uso agrícola.
La innovación y el desarrollo de nuevos productos continúan abriendo oportunidades para encontrar soluciones que permitan reducir costos, aprovechar mejor los recursos y disminuir la dependencia de insumos externos.

¿Cuál es el principal reto que enfrenta el sector en materia de fertilización durante los próximos años?
La situación política y económica internacional ha obligado a las empresas a replantear sus modelos de producción y a buscar alternativas que reduzcan la dependencia de insumos externos.
En nuestro caso, el uso de productos orgánicos ya nos permite sustituir alrededor de un 30% del fertilizante químico. Sin embargo, el reto sigue siendo avanzar hacia una reducción aún mayor de esa dependencia.
Actualmente, una parte importante de los insumos continúa proviniendo del exterior, por lo que el objetivo es seguir desarrollando alternativas que permitan disminuir gradualmente esa necesidad. Consideramos que es un desafío de corto y mediano plazo, pero también una oportunidad para fortalecer la sostenibilidad y la resiliencia de la producción agrícola.
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