Crisis del agua en Irán: la guerra agrava el colapso del suministro hídrico

Crisis del agua en Irán: la guerra agrava el colapso del suministro hídrico

Irán enfrenta una crisis hídrica profunda agravada por la guerra y la sequía histórica. La infraestructura dañada y la mala gestión han puesto en jaque el suministro de agua potable para millones.

13 marzo 2026
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La infraestructura hídrica de Irán se encuentra en una situación crítica, al borde del colapso debido a la combinación de un prolongado conflicto bélico, severas condiciones climáticas y décadas de gestión deficiente. Recientes ataques aéreos en las inmediaciones de Teherán han dañado canales y depósitos de agua, exacerbando la ya precaria situación de un sistema que abastece a una ciudad con más de nueve millones de habitantes.

Videos difundidos en redes sociales muestran una inusual estela de fuego sobre canales de drenaje en la capital iraní, producto de bombardeos recientes. Aunque no han sido verificados de manera independiente, estas imágenes reflejan el deterioro de un sistema hídrico que, antes de la escalada bélica, ya enfrentaba un estrés hídrico severo. A finales de 2025, la ciudad estuvo al borde de alcanzar el denominado "Día Cero" del agua, cuando los embalses que la abastecen casi se secaron por completo.

Ante esta crisis, el presidente Masoud Pezeshkian emitió una advertencia inédita en noviembre pasado, señalando que incluso con medidas estrictas de racionamiento, en ausencia de lluvias significativas, la población podría verse obligada a evacuar la ciudad.

Un contexto de estrés hídrico y cambio climático

Irán se ubica en una de las regiones del mundo con mayor estrés hídrico, una condición que se ha visto agravada por el cambio climático y la sequía más severa registrada en las últimas décadas. Desde 2020, el país ha experimentado un descenso considerable en las precipitaciones, fenómeno que estudios científicos relacionan con el aumento de gases de efecto invernadero y que ha multiplicado por diez la probabilidad de años con lluvias extremadamente bajas en comparación con la época preindustrial.

Esta crisis climática se suma a problemas estructurales derivados de décadas de mala gestión del agua. Las políticas agrícolas, que demandan un uso intensivo de recursos hídricos, junto con las sanciones internacionales que han restringido la importación de insumos esenciales para mantener la infraestructura, han deteriorado significativamente la capacidad del país para garantizar un suministro adecuado.

Infraestructura y gestión: un sistema vulnerable

A diferencia de otras naciones de la región del Golfo que dependen en gran medida de plantas desalinizadoras —como Arabia Saudita y Kuwait, que obtienen más del 50% y 90% de su agua potable, respectivamente—, Irán obtiene solo un 3% de su agua a partir de este tipo de instalaciones. La mayoría del agua proviene de embalses y acuíferos, muchos de los cuales están sobreexplotados y en condiciones críticas.

La infraestructura hídrica iraní fue construida sin una planificación coherente ni una estrategia nacional integrada, lo que ha generado un sistema fragmentado y con baja eficiencia. La corrupción y la adjudicación de contratos a aliados del Estado y las fuerzas armadas, conocida internamente como la "mafia del agua", han contribuido a una gestión inadecuada y a la ejecución de proyectos sin un análisis técnico riguroso.

Este modelo ha resultado en presas y embalses que funcionan muy por debajo de su capacidad, en algunos casos por encima del 90%, lo que limita la capacidad del país para almacenar y distribuir agua de manera eficiente, especialmente en momentos de crisis.

Impactos sociales y económicos

Más del 80% de la población iraní enfrenta niveles extremadamente altos de estrés hídrico, situación que ha provocado protestas en varias regiones del país, como Juzestán e Isfahán. La escasez de agua y las políticas agrícolas ineficientes han contribuido a un ambiente social tenso, que se refleja en manifestaciones que en ocasiones han derivado en enfrentamientos violentos y pérdidas humanas.

Alrededor del 90% del agua del país se destina a la agricultura, sector fuertemente promovido por el gobierno en su intento por lograr la autosuficiencia alimentaria. Sin embargo, la expansión agrícola hacia zonas áridas y el cultivo de productos poco adaptados a las condiciones locales han agotado acuíferos, afectado las aguas subterráneas y provocado hundimientos en áreas urbanas como Teherán.

Riesgos para la infraestructura y la seguridad

El conflicto bélico en la región ha añadido una amenaza adicional a la ya frágil infraestructura hídrica. El ataque a una planta desalinizadora en la isla de Qeshm el pasado 7 de marzo generó una respuesta inmediata por parte de Irán, que atacó una instalación de agua en Bahréin, elevando la preocupación sobre posibles daños generalizados a sistemas críticos de suministro.

La concentración de la distribución de agua en sistemas centralizados representa un riesgo estratégico importante, pues cualquier daño o interrupción puede afectar a grandes sectores poblacionales. Esta vulnerabilidad se ha convertido en un punto crítico en medio del conflicto, donde la infraestructura hídrica puede ser un objetivo directo o colateral.

Perspectivas y desafíos futuros

Las proyecciones climáticas indican que Irán enfrentará temperaturas más elevadas en todo el año y una reducción progresiva de las precipitaciones, lo que implica un agravamiento de la crisis hídrica en el mediano y largo plazo. La combinación de condiciones climáticas adversas, conflicto armado, sanciones internacionales y deficiencias en la gobernanza dificulta la implementación de estrategias de adaptación efectivas.

Expertos señalan que el país carece de acceso a tecnología avanzada, financiamiento adecuado y una gobernanza coordinada para desarrollar soluciones sostenibles que mitiguen el impacto del cambio climático y aseguren el suministro de agua a la población. Mientras tanto, las medidas provisionales, como el uso de camiones cisterna o la distribución de agua embotellada, solo ofrecen soluciones temporales que no abordan las causas estructurales del problema.

En conclusión, la crisis del agua en Irán es una problemática compleja y multifacética que ha sido intensificada por la guerra y las condiciones climáticas extremas. La falta de planificación integrada y la vulnerabilidad de la infraestructura representan desafíos significativos para la seguridad hídrica del país y la estabilidad social, que requieren atención urgente para prevenir un colapso total del sistema.

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