Cuando la inteligencia artificial se convierte en el psicólogo de los jóvenes
Aunque estas herramientas pueden ofrecer acompañamiento en situaciones cotidianas, especialistas señalan que utilizarlas como sustituto de la atención psicológica puede representar riesgos.
Uno de los principales atractivos de conversar con una inteligencia artificial es la posibilidad de recibir una respuesta en cualquier momento. Para algunos jóvenes, esto puede resultar más sencillo que acudir directamente con otra persona para hablar sobre lo que están viviendo.
Nina Maas, licenciada en Psicología Clínica, explica que una de las razones por las que las personas pueden sentirse atraídas por estas herramientas es precisamente la necesidad de expresar sus emociones y recibir una respuesta que les haga sentir comprendidas. “La necesidad de ver nuestras emociones y sentirlas validadas, es la principal razón. El sentirse validado, el sentirse escuchado, y la expresión de estas”, comenta Maas.
A esto se suman las dificultades que pueden existir para acceder a atención psicológica. En Guatemala, factores económicos, de movilidad y sociales pueden convertirse en obstáculos para quienes necesitan este tipo de acompañamiento. “Creo que el contexto del país es complicado. Es importante tenerlo en cuenta en estas conversaciones porque no es accesible ir al psicólogo por cuestiones de movilidad, por cuestiones económicas, por cuestiones de dificultad social”, señala Maas.
La especialista también considera que los estigmas alrededor de la salud mental influyen en la decisión de pedir ayuda. A esto se suma el impacto que tuvo la pandemia en las relaciones interpersonales.
“Desde la pandemia, se marcó un antes y un después en cómo interactuamos con las demás personas. Por eso es por lo que es muy difícil ahora como querer relacionarse con los demás”, explica.
¿Por qué la IA parece entender las emociones?
Alí Lemus, director del posgrado en Inteligencia Artificial de la Universidad Galileo, explica que los modelos de lenguaje fueron entrenados con grandes cantidades de información escrita por seres humanos. Según el especialista, esto les permite identificar patrones del lenguaje y generar respuestas que resultan coherentes para quienes interactúan con ellos.
Lemus señala que parte de este comportamiento también está relacionado con la retroalimentación humana utilizada durante el entrenamiento de estos modelos. Las personas pueden indicar qué respuestas consideran preferibles, lo que contribuye a que los sistemas busquen responder de una manera que resulte agradable para el usuario.
Esta característica puede explicar parte de la sensación de empatía que algunas personas experimentan al conversar con una IA. Lemus señala que estos sistemas han procesado una gran cantidad de textos y conversaciones humanas, por lo que pueden identificar patrones relacionados con experiencias como el amor, la pérdida o el dolor emocional.
“Honestamente las inteligencias artificiales han leído todos los libros, todo lo que la humanidad ha producido, todas las conversaciones”, afirma. Según explica, esto les permite reconocer patrones relacionados con las emociones humanas y generar respuestas que pueden parecer empáticas.
Validar una emoción no significa validar una acción
Desde la perspectiva cognitivo-conductual, el psicólogo Luis Zambrano señala que la manera en que una persona interpreta una situación influye en la forma en que experimenta sus emociones y responde ante ella. Por eso, recibir una respuesta que simplemente confirme una interpretación puede limitar la posibilidad de analizar otras perspectivas.
La diferencia entre validar una emoción y validar una conducta resulta importante en este contexto. Una persona puede necesitar que su malestar sea reconocido sin que eso signifique que todas sus conclusiones o acciones sean correctas.
El uso de inteligencia artificial para conversar sobre problemas cotidianos no necesariamente significa que una persona esté recibiendo atención psicológica. Lemus considera que estas herramientas pueden resultar útiles para situaciones sencillas, especialmente porque están disponibles a bajo costo o de manera gratuita.
Sin embargo, establece una diferencia cuando aparecen problemas que requieren una intervención especializada.
Una herramienta, no un reemplazo
“Yo diría que sí son para cosas muy sencillas, muy triviales, pues puede utilizarse, realmente puede ser útil en ese sentido, pero ya cuando son decisiones un poco… si hay ansiedad, si hay compulsión, si hay algo un poco más difícil de tratar, ahí sí creo que definitivamente vale la pena ir con un experto”, explica Lemus.
Zambrano coincide en que la inteligencia artificial puede ser utilizada como una herramienta, pero no debe confundirse con el proceso de atención psicológica. Un profesional cuenta con formación específica para evaluar pensamientos, emociones y comportamientos dentro de un contexto determinado.
El riesgo aumenta cuando una persona comienza a utilizar la IA como su principal fuente de orientación emocional y toma sus respuestas como verdades absolutas. Además, estos sistemas pueden generar información incorrecta, un fenómeno conocido como “alucinación”, que en temas relacionados con la salud puede tener consecuencias delicadas. Lemus advierte que una IA puede incluso generar enfermedades o historias que no son reales.
El problema de contarle todo a una máquina
Cuando alguien utiliza una IA para hablar sobre problemas personales, puede compartir información íntima sobre sus relaciones, emociones, experiencias o vulnerabilidades. Lemus considera que este aspecto debe tomarse en cuenta antes de utilizar estas herramientas para hablar sobre asuntos sensibles. “Para mí el principal problema es la cuestión de la privacidad y cómo estamos dándole acceso a nuestra psicología a otras personas”, señala.
Por ello, recomienda tener precaución con la información que se comparte. Si una persona considera que un problema es demasiado sensible como para publicarlo en redes sociales, medios de comunicación o contárselo a desconocidos, también debería cuestionarse si quiere introducirlo en una herramienta de inteligencia artificial.
El uso de estas plataformas plantea así una nueva forma de relacionarse con la tecnología: una en la que una máquina puede escuchar, responder y generar la sensación de comprensión, pero sin sustituir el acompañamiento humano y profesional.
En un contexto donde pedir ayuda psicológica puede seguir siendo difícil por razones económicas, sociales o personales, la inteligencia artificial puede convertirse en una primera opción para expresar aquello que cuesta decir en voz alta. Sin embargo, como advierte Maas, las mismas dificultades para relacionarse y pedir apoyo pueden hacer que buscar ayuda resulte todavía más complicado.
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