Después de México y Estados Unidos, nadie ha logrado quedarse con el tercer lugar en Concacaf

Después de México y Estados Unidos, nadie ha logrado quedarse con el tercer lugar en Concacaf

En las últimas seis Copas del Mundo, Costa Rica, Honduras, Panamá y ahora Canadá han asumido, en distintos ciclos, el papel de tercera fuerza regional. Ninguna ha logrado convertir ese protagonismo en un dominio sostenido.

21 julio 2026
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México y Estados Unidos han mantenido el liderazgo de Concacaf durante las últimas dos décadas. Detrás de ellos, en cambio, nadie ha conseguido quedarse con el tercer lugar de forma permanente.

Costa Rica, Honduras, Panamá y Canadá ocuparon ese espacio en distintos momentos, pero ninguna selección logró convertirlo en una posición estable.

Esa es quizá la transformación más significativa del fútbol de la región entre Alemania 2006 y Norteamérica 2026. Más que una evolución lineal, Concacaf ha vivido una redistribución constante de protagonismos. Los nombres cambiaron, los ciclos también, pero la jerarquía detrás de sus dos referentes históricos continúa abierta.

Norteamérica 2026 confirmó que el debate sigue abierto

El Mundial de 2026 representó la mayor presencia de Concacaf en la historia de la Copa del Mundo. Por primera vez, seis selecciones de la región participaron en la fase final. México, Estados Unidos y Canadá avanzaron a la ronda de eliminación directa, mientras Panamá, Haití y Curazao quedaron eliminados en la fase de grupos.

El torneo confirmó un crecimiento en la representación regional, pero también dejó una conclusión que va más allá de los resultados. México (quinto lugar) y Estados Unidos (décimo segundo lugar) conservaron su condición de referentes, mientras Canadá (décimo sexto lugar) dio un paso adelante en su candidatura para convertirse en la tercera potencia de la confederación. Aun así, el debate sigue abierto.

Para entender por qué, hay que retroceder dos década.

El espejismo de una tercera potencia

Durante varios años, todo apuntó a que Costa Rica había resuelto ese debate.

Después de clasificarse a Alemania 2006 y Sudáfrica 2010, la selección tica alcanzó en Brasil 2014 el mayor logro de una representación centroamericana en la historia de los Mundiales. Terminó primera en un grupo integrado por Uruguay, Italia e Inglaterra, eliminó a Grecia en los octavos de final y llevó a Países Bajos hasta la definición por penales en los cuartos de final.

Brasil 2014 hizo pensar que Concacaf había encontrado, por fin, a su tercera potencia.

No era una percepción exagerada. Costa Rica se convirtió en la única selección centroamericana capaz de superar la fase de grupos en más de una Copa del Mundo y parecía haber reducido la distancia que la separaba de México y Estados Unidos.

Sin embargo, ese impulso no se sostuvo.

Rusia 2018 marcó el inicio de un cambio de ciclo y, doce años después de aquella actuación histórica, Costa Rica quedó fuera del Mundial de 2026. La selección que parecía destinada a consolidarse dejó vacante, una vez más, el tercer lugar regional.

Los nuevos aspirantes

La salida de Costa Rica no significó que otra selección heredara automáticamente ese espacio. Lo que ocurrió fue la aparición de nuevos aspirantes.

Honduras logró clasificar de manera consecutiva a Sudáfrica 2010 y Brasil 2014, una muestra de continuidad poco frecuente en Centroamérica. Sin embargo, esa regularidad nunca se tradujo en resultados mundialistas. En tres participaciones, la selección hondureña todavía busca su primera victoria en una Copa del Mundo.

Mientras tanto, Panamá inició su propio ciclo con el histórico debut en Rusia 2018 y confirmó que no se trataba de un episodio aislado al regresar en Norteamérica 2026. Su crecimiento ha sido sostenido durante la última década, pero todavía no alcanza el peso competitivo que permita hablar de una nueva potencia regional.

El caso más reciente es Canadá.

Después de permanecer 36 años fuera de un Mundial, regresó en Catar 2022 y confirmó su crecimiento con una nueva clasificación en 2026. En el torneo disputado en casa fue la selección de Concacaf que llegó más lejos y reforzó la impresión de que atraviesa el mejor momento de su historia reciente.

Canadá es hoy la mejor candidata para ocupar ese lugar. Sin embargo, dos ciclos mundialistas consecutivos todavía resultan insuficientes para afirmar que ha consolidado un liderazgo comparable con la estabilidad que México y Estados Unidos construyeron durante décadas.

Un patrón que se repite

En seis Copas del Mundo, el papel de tercera fuerza regional ha cambiado varias veces.

Costa Rica ocupó ese lugar durante los ciclos de Alemania 2006 y, sobre todo, Brasil 2014. Honduras ganó protagonismo con sus clasificaciones consecutivas a Sudáfrica 2010 y Brasil 2014. Panamá abrió una nueva etapa con su debut en Rusia 2018 y su regreso en 2026. Canadá, por su parte, enlazó los Mundiales de Qatar 2022 y Norteamérica 2026 y se convirtió en el aspirante más sólido del momento.

La secuencia deja una conclusión evidente: cada ciclo produjo un nuevo candidato, pero ninguno consiguió permanecer el tiempo suficiente para cerrar definitivamente el debate.

Esa es la diferencia con México y Estados Unidos. Ambos mantuvieron una presencia constante en las Copas del Mundo y conservaron su condición de referentes de la confederación. Detrás de ellos, en cambio, el tercer escalón continúa abierto.

Más plazas, la misma incógnita

La ampliación del Mundial de 2026 a 48 selecciones permitió que Concacaf llevara seis representantes por primera vez.

La mayor representación, sin embargo, no modificó el orden competitivo.

México, Estados Unidos y Canadá avanzaron a la fase de eliminación directa, mientras Panamá, Haití y Curazao quedaron eliminados en la fase de grupos.

El aumento de plazas confirmó que la región tiene más representantes, pero no necesariamente una jerarquía más definida.

Un lugar que nadie ha hecho suyo

Durante veinte años, México y Estados Unidos conservaron su condición de referentes de Concacaf.

Detrás de ellos, el tercer escalón cambió de protagonista una y otra vez.

Costa Rica pareció apropiarse de ese lugar después de Brasil 2014. Honduras construyó un ciclo de continuidad sin consolidarse. Panamá confirmó un crecimiento sostenido y Canadá encabeza ahora la candidatura más sólida.

Ninguna, sin embargo, ha conseguido transformar ese impulso en un liderazgo duradero.

Quizá esa sea la conclusión más reveladora de la evolución reciente de Concacaf. La historia de la región no consiste únicamente en identificar quién ocupa el tercer lugar, sino en entender por qué, durante dos décadas, ninguna selección ha logrado hacerlo verdaderamente suyo.

Fuente original: Prensa Libre

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