El Departamento de Estado vuelve a considerar a Cuba una amenaza en medio de rumores de presión estadounidense para un cambio de régimen

El Departamento de Estado vuelve a considerar a Cuba una amenaza en medio de rumores de presión estadounidense para un cambio de régimen

Un informe del Departamento de Estado vuelve a considerar la influencia de la isla en actividades políticas contra el Gobierno.

21 julio 2026
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internacional
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El gobierno de Trump publicó ayer un informe en el que alega que una campaña de influencia cubana de varias décadas en Estados Unidos ha tenido un “éxito notable” al infiltrarse en “los más altos niveles del gobierno estadounidense”, respaldando el “terrorismo de izquierda en suelo estadounidense” y volviendo a “Estados Unidos contra sí mismo”. El informe de cien páginas, publicado por el Departamento de Estado y titulado Cuba: la capital del comunismo del siglo XXI, resume décadas de complots subversivos de la Guerra Fría por parte de la empobrecida isla caribeña, que coincidieron con años de esfuerzos encubiertos e infructuosos de Estados Unidos para descabezar a su gobierno comunista.


El informe también formula acusaciones contundentes contra grupos estadounidenses de izquierda, incluyendo a los Socialistas Democráticos de América, una organización activista en auge que apoya a varios legisladores demócratas, en una sección sobre “grupos fachada y simpatizantes”. Sugiere que Cuba ha influido en los recientes disturbios políticos en Estados Unidos, incluyendo “los disturbios de George Floyd y el auge de Antifa”, en referencia a las protestas que comenzaron tras el asesinato de Floyd y a un movimiento poco estructurado de activistas de extrema izquierda que se oponen militantemente al fascismo.

La amenaza que representa Cuba se describe en términos mucho más alarmantes que los empleados por los funcionarios de inteligencia estadounidenses y los diplomáticos del Departamento de Estado durante varias décadas, lo que reaviva la especulación de que la administración Trump está creando un pretexto para derrocar al gobierno comunista de La Habana, un objetivo que el secretario de Estado Marco Rubio persigue desde hace mucho tiempo. “Desde sus primeros años en el poder, el régimen cubano ha creído que su propia supervivencia e intereses estratégicos estaban intrínsecamente ligados al avance de la izquierda revolucionaria dentro de Estados Unidos”, afirma el informe.

“Los cubanos entrenaron y armaron a decenas de miles de guerrilleros de izquierda, supervisaron insurgencias violentas que sumieron a varios continentes en el caos y respaldaron ataques extremistas mortales en todo Estados Unidos”. La referencia alude aparentemente al apoyo cubano a las revoluciones de izquierda en América Latina y África, principalmente en los años setenta y principios de los ochenta. Durante ese período, a instancias de la Unión Soviética, entonces su principal aliado, La Habana envió sus fuerzas militares a Angola y Etiopía para apoyar a grupos marxistas favorecidos por Moscú.

La publicación del informe recibió el apoyo de algunos legisladores republicanos. Rubio ya se ha erigido como el líder de facto de la política estadounidense hacia Venezuela, otro Estado latinoamericano socialista, tras la operación militar estadounidense de enero para arrestar a su presidente, Nicolás Maduro. “¡Cuba es la siguiente!”, escribió el representante Carlos A. Giménez —republicano de Florida— en X. Las ominosas palabras del informe contrastan con la forma en que el presidente Donald Trump se ha referido a la isla, devastada económicamente y sometida a un embargo económico estadounidense de 60 años y a un bloqueo naval petrolero estadounidense de seis meses, mientras su red eléctrica nacional se ha quedado sin luz repetidamente durante el sofocante calor de este verano.


El mes pasado, Trump declaró a la prensa que Cuba se había “colapsado” y que él se ocuparía del asunto tan pronto como su gobierno superara la guerra en Irán. “En cuanto terminemos, de regreso haremos una breve parada”, dijo, sin detallar el plan. Si bien el informe del Departamento de Estado reconoce la difícil situación económica de Cuba, intenta dar relevancia actual a la historia de sus orígenes revolucionarios. “Los cubanos se dedicaron a reclutar, cultivar y movilizar una coalición global de activistas, intelectuales y grupos políticos en torno a esta causa, construyendo una extensa red revolucionaria que influyó desproporcionadamente en los movimientos extremistas más famosos e influyentes de Estados Unidos, desde los Panteras Negras y el Weather Underground hasta Antifa”, afirma el informe.

“Hoy en día, esa red sigue manteniendo vínculos con poderosas organizaciones sin fines de lucro de izquierda, colectivos anti-ICE, grupos socialistas y organizaciones militantes marxistas en todo Estados Unidos”. El informe detalla exhaustivamente la historia de las supuestas conspiraciones cubanas contra Estados Unidos, haciendo referencia con frecuencia a grupos de izquierda ya desaparecidos que alcanzaron su máximo apogeo hace más de 50 años. Contiene algunas acusaciones nuevas, incluyendo lo que describe como un plan de un grupo activista cubano para atacar instalaciones militares estadounidenses y centros de detención de inmigrantes si Estados Unidos avanza hacia un conflicto militar, citando un documento que afirma que el plan era “hacer que le resultara política y materialmente costoso al gobierno estadounidense librar una guerra contra Cuba”.

El Departamento de Estado afirmó que el grupo activista Red Nacional sobre Cuba es un socio clave del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (Icap), con sede en La Habana, un grupo de “solidaridad internacional” fundado en 1960. El gobierno estadounidense anunció sanciones contra el Icap el mes pasado, alegando que apoyaba “actividades cubanas de inteligencia y contrainteligencia”. El informe también alega el apoyo cubano a los Socialistas Democráticos de América, un movimiento político cuyos miembros, como el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, han ocupado puestos de influencia en el Partido Demócrata.


El informe señala que, si bien los socialistas democráticos son un grupo espontáneo, han viajado a Cuba en delegaciones vinculadas a Icap y otros grupos recientemente sancionados por el Departamento de Estado. Rubio, hijo de inmigrantes cubanos que emigraron a Estados Unidos antes de la revolución de 1958, ha hecho campaña contra el gobierno comunista de La Habana desde su época como senador.

 Desde que asumió la dirección del Departamento de Estado el año pasado, ha supervisado la ampliación de la política de sanciones contra Cuba, una medida que, según sus críticos, agravaría la crisis económica de la isla.

La semana pasada, Rubio organizó un acto ministerial en el Departamento de Estado en el que buscó recabar apoyo para lo que describió como un resurgimiento del “terrorismo político de extrema izquierda”. En dicho acto, les dijo a los funcionarios extranjeros allí reunidos que la “extensa red ideológica y de inteligencia de Cuba contribuyó a la consolidación de la extrema izquierda en nuestro país y en nuestro hemisferio”.

Fuente original: Prensa Libre

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