El Niño provocará aumento de hasta 3 grados y déficit de lluvias en Guatemala durante junio

El Niño provocará aumento de hasta 3 grados y déficit de lluvias en Guatemala durante junio

El fenómeno climático El Niño impactará Guatemala en junio con un aumento de temperaturas de hasta 3°C y una reducción significativa de las lluvias, afectando la agricultura, la generación eléctrica y el abastecimiento de agua.

3 junio 2026
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El Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (Insivumeh) ha emitido un pronóstico climático que advierte un aumento generalizado en las temperaturas de Guatemala durante el mes de junio, atribuible al fenómeno meteorológico conocido como El Niño. Según el reporte oficial, las temperaturas podrían incrementarse entre 0.5 y 3 grados Celsius, mientras que las precipitaciones sufrirán una disminución significativa.

Este aumento térmico se percibirá en todo el territorio nacional, con variaciones regionales en su intensidad. Se prevé que las zonas más afectadas incluyan Petén, el Caribe, los valles del Oriente, la boca costa y el área del Pacífico. Estas condiciones climáticas atípicas están vinculadas a la elevada probabilidad de ocurrencia del fenómeno El Niño, estimada en un 98% por las autoridades meteorológicas.

Características y proyecciones del fenómeno El Niño

El Niño es un evento climático de escala global que eleva las temperaturas superficiales del océano Pacífico y altera los patrones atmosféricos, lo que suele traducirse en cambios significativos en el clima regional y mundial. En Guatemala y Centroamérica, su manifestación se traduce en una reducción de las lluvias y un aumento de las temperaturas ambientales.

Expertos del Instituto de Cambio Climático (ICC) señalan que este evento tendrá una intensidad catalogada entre fuerte y muy fuerte y que sus efectos podrían prolongarse hasta bien entrado el año 2027. Esta perspectiva se basa en el análisis de los datos históricos y las condiciones actuales del océano Pacífico.

Impactos históricos y actuales

Un antecedente reciente notable ocurrió en 2024, considerado el año más caluroso registrado en Guatemala, con temperaturas que superaron el límite de 1.5 grados Celsius establecido en el Acuerdo de París. El Niño fue un factor determinante en este comportamiento climático.

Las proyecciones actuales sugieren que el evento en curso podría superar esos niveles, elevando la posibilidad de alcanzar nuevas marcas históricas en temperaturas. Esta situación puede afectar la sensación térmica en la población, especialmente en combinación con la reducción de las lluvias, que normalmente contribuyen a moderar el calor ambiental.

Consecuencias para la salud, agricultura y energía

Un incremento de temperatura de entre 2 y 3 grados Celsius puede parecer modesto, pero tiene un impacto significativo en la salud humana, la producción agrícola y el consumo energético. En 2024, por ejemplo, la demanda de ventiladores y acondicionadores de aire aumentó considerablemente, evidenciando el estrés térmico que sufren las personas.

Desde el punto de vista agrícola, el aumento de temperatura y la reducción de lluvias representan un riesgo crítico. La mayoría de los cultivos en Guatemala dependen directamente de las precipitaciones, ya que no cuentan con sistemas de riego adecuados. Un período prolongado de déficit hídrico puede causar pérdidas parciales o totales en la producción, afectando principalmente a los agricultores de subsistencia y generando inseguridad alimentaria.

En cuanto al sector energético, la menor disponibilidad de agua afecta la generación hidroeléctrica, una fuente importante en el país. La reducción en el caudal de ríos y lagos, consecuencia directa del déficit de lluvias, limita la capacidad de producción de energía renovable y puede provocar un aumento en la dependencia de fuentes menos sostenibles.

Déficit de lluvia y canícula prolongada

Junio es tradicionalmente uno de los meses con mayor precipitación en Guatemala, junto con septiembre. Sin embargo, el pronóstico indica una disminución considerable en la cantidad de lluvia, que podría variar entre 30 y 100 milímetros en Petén y la Franja Transversal del Norte, y entre 60 y 90 milímetros en el Pacífico y la boca costa.

Este déficit hídrico se relaciona con la posible extensión de la canícula, periodo caracterizado por la reducción temporal de lluvias durante la época lluviosa. Mientras que en condiciones normales la canícula dura un par de semanas, el fenómeno El Niño podría prolongarla a más de 50 días entre julio y agosto. Esta situación pone en riesgo la producción agrícola y la disponibilidad de agua potable.

Riesgos para el suministro de agua y el medio ambiente

La disminución de precipitaciones también afecta los niveles de agua en pozos artesanales, que podrían secarse, y aumenta la intrusión de agua salina en zonas costeras, deteriorando la calidad del recurso hídrico. Además, la menor infiltración de agua en el suelo reduce el abastecimiento natural de ríos, lagunas y lagos durante la temporada seca, intensificando la escasez en meses posteriores.

Estas condiciones adversas aumentan el riesgo de incendios forestales, especialmente en regiones como Petén. Históricamente, eventos anteriores de El Niño han provocado grandes incendios que perjudicaron miles de hectáreas de bosque y generaron pérdidas económicas millonarias, además de afectar la calidad del aire en la capital y otras áreas urbanas.

Frecuencia y seguimiento del fenómeno

En los últimos 75 años, se han registrado 24 eventos de El Niño a nivel mundial, con una frecuencia promedio cada tres años. Sin embargo, las manifestaciones más intensas son menos comunes. El evento más reciente de gran magnitud ocurrió entre 2015 y 2016, considerado uno de los más fuertes en la historia, seguido por otro episodio intenso entre 2023 y 2024.

La ocurrencia de un nuevo evento fuerte en un intervalo tan corto es poco habitual y plantea un desafío adicional para la gestión de riesgos climáticos en Guatemala. Los impactos reiterados incluyen disminución de lluvias, afectación a la agricultura, riesgo elevado de incendios y conflictos relacionados con la escasez de agua.

Preparación y medidas recomendadas

Ante este escenario, las autoridades y expertos destacan la importancia de implementar estrategias de adaptación que incluyan la conservación y uso eficiente del agua, así como el fortalecimiento de sistemas de alerta temprana para incendios forestales y sequías.

La inversión en infraestructura de riego, el monitoreo constante de las condiciones meteorológicas y la promoción de prácticas agrícolas resilientes son medidas clave para mitigar los efectos adversos del fenómeno El Niño en el país.

En conclusión, el fenómeno El Niño representa un desafío climático significativo para Guatemala durante el periodo que comienza en junio de 2026. Su impacto en el aumento de la temperatura, la reducción de las lluvias y las consecuencias para sectores vitales subrayan la necesidad de una respuesta coordinada y oportuna para proteger a la población y los recursos naturales.

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