El último escalón: Messi descubrió por qué nadie defiende un Mundial desde 1962

El último escalón: Messi descubrió por qué nadie defiende un Mundial desde 1962

Pelé integró al último bicampeón; Maradona, Mbappé y Messi regresaron a la final, pero cayeron en el último escalón. Argentina confirmó ante España que defender la Copa sigue siendo la prueba más difícil del fútbol.

19 julio 2026
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Lionel Messi permaneció sobre el césped mientras España celebraba a pocos metros. Argentina había resistido hasta el tiempo extra, pero el gol de Ferran Torres decidió la final por 1-0 y terminó con su intento de conservar el título obtenido en Qatar 2022.

No había perdido únicamente un partido.

También acababa de chocar contra una barrera que lleva 64 años en pie.

Desde que Brasil conquistó las Copas del Mundo de 1958 y 1962, ninguna selección ha conseguido ganar dos ediciones consecutivas. Italia, campeona en 1934 y 1938, es la única que comparte esa hazaña con los brasileños.

La historia suele presentarse como una maldición, pero no necesita explicaciones sobrenaturales. Defender un Mundial exige conservar durante cuatro años aquello que permitió ganarlo: el talento, la salud, la ambición, el equilibrio colectivo y la capacidad para seguir sorprendiendo a rivales que ya conocen al campeón.

Argentina llegó a Nueva Jersey con la posibilidad de romper esa secuencia. Volvió a la final, como la Argentina de Diego Maradona en 1990, el Brasil de Ronaldo en 1998 y la Francia de Kylian Mbappé en 2022.

Todos habían regresado.

Ninguno pudo dar el último paso.

Pelé y el último bicampeón

Brasil es el punto de partida porque fue la última selección capaz de defender la Copa.

Pelé tenía 17 años cuando apareció en Suecia 1958 y ayudó a transformar aquel equipo en campeón. Marcó seis goles, tres de ellos en la semifinal ante Francia y dos en la final contra el anfitrión.

Cuatro años después integró nuevamente la selección brasileña, pero su participación en Chile 1962 quedó limitada por una lesión sufrida en el segundo partido. Garrincha asumió entonces el protagonismo y condujo al equipo hasta el triunfo por 3-1 frente a Checoslovaquia en la final.

Pelé fue parte del último bicampeón, aunque Brasil no dependió únicamente de él para repetir. Esa quizá sea una primera explicación: mantener el título requiere que una selección sobreviva incluso a la ausencia de su principal figura.

Aquel equipo pudo reemplazar al futbolista que ya estaba destinado a convertirse en su símbolo.

Los campeones posteriores no siempre tuvieron esa posibilidad.

Volver no basta

Durante las últimas cuatro décadas, cuatro campeones lograron regresar a la siguiente final.

Argentina levantó la Copa en México 1986 y volvió a disputar el título en Italia 1990. Brasil ganó en Estados Unidos 1994 y llegó a la final de Francia 1998. Francia se coronó en Rusia 2018 y estuvo a una tanda de penaltis de repetir en Qatar 2022. Argentina ganó aquella definición y, cuatro años después, alcanzó el partido decisivo frente a España.

Los cuatro perdieron.

La Argentina de Maradona cayó por 1-0 ante Alemania Federal. Brasil fue derrotado 3-0 por Francia. La selección francesa perdió por penaltis frente a Argentina después de empatar 3-3. La Argentina de Messi también terminó a un gol del bicampeonato.

La secuencia revela un matiz importante.

El desafío no siempre consiste en regresar a la final. Varias generaciones extraordinarias lo consiguieron. La dificultad está en volver a ganarla cuando el desgaste es mayor, la sorpresa ha desaparecido y todos los adversarios conocen las fortalezas del campeón.

El último escalón no es llegar otra vez.

Es completar el recorrido.

El peso de cuatro años

Una selección campeona no defiende la Copa únicamente durante el mes del siguiente Mundial. Comienza a defenderla desde el día en que la conquista.

Durante cuatro años, cada partido se convierte en una evaluación. Los rivales preparan formas de neutralizarla, los futbolistas acumulan temporadas con sus clubes y el cuerpo técnico debe decidir cuánto conservar y cuánto renovar.

El equipo que fue joven puede llegar veterano.

El sistema que sorprendió puede volverse previsible.

Los jugadores que alcanzaron la cima pueden conservar su calidad, pero no necesariamente la frescura física o emocional con la que llegaron por primera vez.

Mientras el campeón intenta prolongar su ciclo, los demás construyen el suyo para destronarlo.

Por eso algunas defensas del título terminaron mucho antes de la final. Francia, campeona en 1998, fue eliminada en la fase de grupos de 2002. Italia sufrió el mismo destino en 2010, España en 2014 y Alemania en 2018.

Llegar al último partido ya representa, en ese contexto, una demostración de continuidad excepcional.

Pero tampoco garantiza la repetición.

La advertencia de Francia

Francia ofreció la prueba más reciente antes de Argentina.

Ganó el Mundial de Rusia 2018 con una generación joven, veloz y profunda. Cuatro años después regresó a la final pese a las lesiones y estuvo cerca de conservar el título. Mbappé marcó tres goles ante Argentina, pero la tanda de penaltis mantuvo intacta la barrera.

En el 2026, Francia todavía alcanzó las semifinales. Perdió ante Argentina y después cayó frente a Inglaterra en el partido por el tercer lugar, por lo que terminó cuarta.

Su recorrido describe el desgaste de una generación que permaneció ocho años entre las mejores: campeona, subcampeona y semifinalista.

No fue un derrumbe.

Fue una erosión gradual.

Francia demostró que una selección puede sostenerse cerca de la cima durante varios torneos y, aun así, no volver a ocuparla.

De Maradona a Messi

Argentina ya conocía esa sensación.

Maradona levantó la Copa en 1986 y volvió a la final cuatro años después con una selección castigada por las lesiones, las suspensiones y el esfuerzo acumulado. Alemania Federal ganó 1-0 y dejó al campeón a un paso de repetir.

Treinta y seis años después, Messi llegó al mismo punto.

Las circunstancias no fueron idénticas, pero el desenlace volvió a reducirse a la distancia mínima: un gol entre la continuidad del reinado y el final del ciclo.

Maradona y Messi consiguieron aquello que casi todos los campeones posteriores a 1962 habían fallado en hacer: regresar al partido definitivo.

También descubrieron que volver no era suficiente.

España, con mayor control en el tramo decisivo, encontró el gol que Argentina ya no pudo responder. El campeón resistió hasta el tiempo extra, pero terminó entregando la Copa en el último escalón.

La excepción que el fútbol no repite

Ganar un Mundial exige ser el mejor equipo del planeta durante un torneo.

Defenderlo obliga a sostener esa condición durante cuatro años.

Esa diferencia ayuda a explicar por qué el bicampeonato dejó de ser una continuidad posible y se convirtió en una excepción histórica.

Pelé integró al último equipo que lo consiguió. Maradona, Ronaldo, Mbappé y Messi condujeron a los suyos de regreso hasta la final. Todos comprobaron que la segunda conquista exige algo distinto de la primera.

Argentina no perdió únicamente la oportunidad de levantar otra Copa.

Descubrió que la hazaña más difícil del fútbol no consiste en llegar a la cima, sino en permanecer allí.

Fuente original: Prensa Libre

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