Elecciones en EE. UU.: qué puede pasar con el poder de Donald Trump si los republicanos pierden el control del Congreso
Los estadounidenses están convocados a las urnas para renovar la Cámara de Representantes y una parte del Senado. ¿Qué es lo que está en juego para la Casa Blanca con estas elecciones?
Cada dos años, los estadounidenses acuden a las urnas para celebrar los comicios de mitad del período presidencial, en los que, si bien no escogen un nuevo mandatario, definen quién controla el Congreso.
Estados Unidos votará en unas elecciones en las que no aparece un candidato presidencial en la boleta, pero en las que se decide buena parte de lo que el presidente Donald Trump podrá hacer durante los dos últimos años de su mandato.
Para Jorge Ceballos, analista político especializado en relaciones internacionales, seguridad y geopolítica, “se está jugando el balance de poderes que puede existir, el llamado pesos y contrapesos en Estados Unidos”, explicó. A su juicio, durante este período la administración tomó decisiones que dejaron “la percepción de que esos poderes de balance no han existido”, por lo que hay expectativa sobre si eso cambiará.
Jorge Aguilar Wong, analista independiente, lo describe desde la perspectiva del presidente: Trump cuenta hoy con una mayoría que le ha permitido “gobernar libremente” y, a su criterio, ha logrado imponer su agenda “a literalmente todo el mundo”. Si la pierde, dijo, “ya no va a poder tener esa fluidez” para gobernar.
Que el partido del presidente pierda terreno en unas elecciones de mitad de período no es inusual. “Es bastante común, especialmente después de dos años de un término presidencial”, recordó Eric Jacobstein, exsubsecretario adjunto para América Central de la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental durante la administración de Joe Biden.
Sobre los pronósticos, Ceballos señaló que “hoy en día las encuestas dicen que va a haber un cambio”, aunque advirtió que “no lo sabremos hasta el día de la elección”. Jacobstein sostiene que a los demócratas les resulta cada vez más probable ganar también el Senado. La aritmética, sin embargo, es más exigente allí que en la Cámara baja, por los cuatro escaños netos que necesitan.
El efecto más inmediato de una mayoría opositora sería la fiscalización. “Una mayoría demócrata podría convocar audiencias, exigir documentos y citar a funcionarios para que expliquen sus decisiones”, explicó Jacobstein.
Si además los demócratas ganaran el Senado, podrían frenar o rechazar nombramientos de embajadores, jueces y altos funcionarios, lo que obligaría a Trump a negociar candidatos con respaldo opositor. Ceballos señaló que algunos nombramientos ya enfrentan dificultades, incluso con mayoría republicana.
Jorge Ortega Gaytán, doctor en Administración Pública y Políticas Públicas, anticipa que “el Ejecutivo se verá obstaculizado en sus decisiones” y que podrían comenzar investigaciones sobre la administración de Donald Trump y sus asesores cercanos.

El presupuesto y las facultades del ejecutivo
Para Jacobstein, la principal herramienta del Congreso es decidir sobre el gasto público. Si Trump pierde el control de una cámara, ya no podría aprobar grandes paquetes fiscales y presupuestarios únicamente con votos republicanos mediante el proceso de reconciliación. Tendría que negociar nuevas asignaciones con los demócratas o arriesgarse a otro cierre del Gobierno.
Ceballos ubicó allí el principal punto de fricción. Estados Unidos sigue sin aprobar presupuestos plenos y ha recurrido a prorrogar la ejecución del presupuesto del 2026. Con una composición distinta del Congreso, dijo, podría aprobarse un presupuesto menos cercano a los intereses del presidente. El analista advirtió que, si no se llega a un acuerdo, las oficinas federales podrían dejar de funcionar el 1 de octubre del 2027, cuando comienza el siguiente año fiscal.
Perder el control de una o ambas cámaras no despojaría a Trump de sus atribuciones constitucionales. “Conservaría facultades muy amplias, especialmente en política exterior, en la dirección del ejecutivo y en la aplicación de las leyes migratorias”, indicó Jacobstein. También mantendría el veto presidencial.
Lo que sí cambiaría es que Trump “ya no podría estar proponiendo iniciativas de ley” con la misma facilidad, porque los demócratas “no lo permitirían”, dijo Alexander Sandoval-Portillo, internacionalista y docente universitario.
Las órdenes ejecutivas vigentes tampoco desaparecerían por el resultado electoral. Jacobstein explicó que muchas políticas migratorias y de política exterior podrían continuar si tienen fundamento legal y recursos disponibles. Sin embargo, “una orden ejecutiva no puede por sí sola cambiar una ley ni crear recursos que el Congreso no haya autorizado”.
El ICE ilustra esa distinción. “Ya dispone de abundantes recursos aprobados para varios años, por lo que un cambio de mayoría no va a paralizar sus operaciones”, dijo Jacobstein. Sin embargo, podría aumentar la fiscalización sobre cómo gasta y opera, especialmente en el interior del país.
Ceballos añadió que, durante estos dos años, los tribunales han sido los contrapesos más visibles. Advirtió que decisiones como el cierre de la agencia de cooperación estadounidense o los cambios en las reglas federales no cambiarían de la noche a la mañana por una nueva mayoría en el Congreso.

¿Hay riesgo de juicio político?
La posibilidad de un nuevo juicio político o impeachment es algo que los expertos ven poco probable de inmediato.
“Para acusarlo basta una mayoría simple en la cámara; para condenarlo y destituirlo se requieren dos tercios de los senadores presentes”, explicó Jacobstein. Sin una posibilidad realista de alcanzar ese umbral, dijo, “la dirigencia demócrata priorizaría las investigaciones”.
Jacobstein no descarta un juicio político, aunque considera más probable que las acusaciones se dirijan contra integrantes del gabinete, como el secretario de Defensa, Pete Hegseth. Su destitución también exigiría superar el obstáculo de los votos en el Senado.
“No creo que en este momento se tenga la capacidad política de los demócratas para llevar a un juicio político”, coincidió Ceballos. El experto también consideró que sería “imprudente” impulsarlo solo por hacerlo en el contexto actual. Aguilar Wong lo planteó como una de las dos grandes posibilidades tras la elección —junto con el bloqueo de la agenda presidencial— y precisó que, por ahora, los demócratas no tienen la capacidad de realizarlo.
En cuanto a las leyes migratorias, los analistas son escépticos sobre la posibilidad de que el nuevo Congreso las modifique. Jacobstein considera que “va a ser bastante difícil hacer un acuerdo legislativo en cuanto a la migración (…) Ha sido muy difícil aun en la época más ideal”.
“No creo que en este momento ni en la administración Trump ni los demócratas se vayan a meter a discutir temas de migración”, explicó Ceballos, porque, según indicó, hay asuntos más urgentes, entre ellos la economía y el efecto de la guerra. Aun si una mayoría aprobara una ley, recordó, el presidente podría vetarla.
Lo que sí podría ocurrir es un mayor escrutinio sobre las operaciones migratorias. Los comités con mayoría opositora podrían citar a funcionarios para preguntar cómo se realizan las redadas, indicó Ceballos. Sin embargo, esto dependerá de la estrategia que defina la nueva mayoría a partir de enero.

Política exterior
La política exterior corresponde principalmente al Ejecutivo, explicó Ceballos. Sin embargo, el Congreso puede fiscalizar los recursos destinados a la cooperación y revisar decisiones relacionadas con la guerra, incluida la actuación de la administración frente a Irán.
En comercio, Jacobstein anticipó mayor fiscalización sobre los aranceles, debido a la preocupación de los votantes por su efecto en los precios de los alimentos y el petróleo. Un cambio en el Congreso no necesariamente eliminaría los gravámenes, pero abriría el debate sobre las facultades presidenciales para imponerlos. También podrían revisarse las operaciones militares, los acuerdos migratorios con terceros países y los posibles conflictos de interés.
Aguilar Wong vinculó el resultado electoral con la guerra en Irán y la política arancelaria, dos asuntos que considera decisivos para Trump. Mantener la mayoría fortalecería al presidente de cara al 2028; perderla, dijo, lo debilitaría.
La afirmación de que la política exterior estadounidense mantiene sus intereses independientemente del partido en el poder es válida, pero ya se explica que el presidente conserva amplias facultades en ese ámbito. No aporta una consecuencia adicional del resultado electoral.
Jacobstein añadió que una derrota importante podría llevar a más dirigentes republicanos a distanciarse de Trump y pensar en su futuro político. Aunque no perdería automáticamente el control del partido, podría debilitarse su capacidad para imponer disciplina.
El resultado del 3 de noviembre definirá si los republicanos conservan el control de ambas cámaras o si los demócratas obtienen capacidad para modificar la dinámica legislativa.
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