Elecciones en Estados Unidos: por qué sus resultados importan a Guatemala y qué podría cambiar
Las elecciones en Estados Unidos ponen bajo la lupa el futuro de las políticas migratorias, el comercio bilateral y los recursos económicos que llegan a Guatemala.
Cuando Estados Unidos vote el próximo martes 3 de noviembre para renovar la Cámara de Representantes, una parte del Senado y 36 gobernaciones, el resultado no cambiará de inmediato la vida de las familias guatemaltecas. Pero los analistas coinciden en que las decisiones que se tomen en Washington pueden llegar a Guatemala por varias vías: la política migratoria, la cooperación, el comercio y el flujo de remesas.
La magnitud de ese vínculo la dibujan las cifras. Según la Red Consular Guatemalteca, del Ministerio de Relaciones Exteriores, a febrero del 2026, vivían en Estados Unidos unos 3.4 millones de guatemaltecos. Los mayores grupos se concentran en California —871 mil 33—, Texas —681 mil 299—, Nueva York —171 mil 735—, Nueva Jersey —160 mil 632— y Florida —160 mil 306—. La cifra incluye a personas con distintos estatus migratorios.
Qué está en juego en Washigton
Los republicanos tienen actualmente una mayoría de 53 a 47 en el Senado y los demócratas necesitan una ganancia neta de cuatro escaños para controlarlo. En la Cámara de Representantes, necesitan una ganancia neta de tres escaños.
Para Jorge Ceballos, analista político especializado en relaciones internacionales, seguridad y geopolítica, la elección es, sobre todo, un asunto interno de Estados Unidos, pero con consecuencias para Guatemala. “Todo lo que suceda en Estados Unitdos a nivel político, económico y social tiene influencia en América Latina y especialmente en los países cercanos”, afirmó, “pero especialmente en Guatemala, porque geográficamente ocupamos un punto estratégico para ellos”. Sin embargo, a su criterio, el impacto no será inmediato.
Úrsula Roldán Andrade, investigadora del Instituto de Investigación en Ciencias Sociohumanistas de la Universidad Rafael Landívar, identifica tres temas que Washington considera parte de su estrategia de seguridad nacional hacia la región: crimen organizado, narcotráfico y migración.
A eso suma otro factor: en esta jornada también se eligen gobernadores, lo que importa, explicó, por los estados que han funcionado como espacios más seguros para los migrantes frente a las políticas restrictivas.

Por qué debería de importar
Eric Jacobstein, exsubsecretario adjunto para América Central de la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental durante la administración de Joe Biden, considera que sí importa, ya que “las decisiones de Washington afectan directamente a Guatemala”, dijo, y enumeró el trato a los guatemaltecos en Estados Unidos, el comercio, la inversión y la cooperación. “Un cambio de mayoría puede modificar tanto las prioridades del Congreso como el nivel de escrutinio sobre estas políticas”.
Ceballos ofrece una respuesta directa para quien se pregunta por qué mirar a Washington: Estados Unidos es “nuestro socio comercial número uno” y cualquier decisión afecta cómo Guatemala exporta e importa, además de que una gran mayoría de compatriotas vive allá y “de una u otra manera tiene su consecuencia con nosotros acá”.
Jorge Aguilar Wong, analista independiente, subrayó que Guatemala está en la mira por su posición geográfica —“la puerta de entrada al suelo norteamericano”— y por los temas que dominan la agenda: seguridad, migración, crimen organizado y narcotráfico.

Migración
Uno de los puntos de mayor consenso es que un cambio de mayoría no produciría de inmediato una nueva ley migratoria. Jacobstein fue enfático: “Yo veo como bastante difícil tener una nueva ley migratoria a través del Congreso en este momento”. Una reforma amplia, dijo, sería “bastante difícil, casi imposible”, aunque podrían abrirse oportunidades para impulsar vías laborales legales que respondan a las necesidades de los empleadores estadounidenses.
Ceballos coincidió y agregó un matiz institucional: aun si el Congreso aprobara una ley, “el presidente la podría vetar”. En su opinión, la migración no figura entre las prioridades inmediatas de ninguno de los partidos.
Lo que sí podría cambiar es la fiscalización de las agencias, como ICE. “Podrían haber cuestionamientos (…) sobre de qué forma se están haciendo las redadas”, dijo. Jacobstein recordó que esa agencia “ya dispone de abundantes recursos aprobados para varios años”, por lo que un cambio de mayoría “no va a paralizar sus operaciones”.
Roldán, especialista en migración, describió qué podría negociarse. Muchas de las medidas impulsadas por el presidente Donald Trump “deben tener frenos en las cortes”, indicó, entre ellas el programa de reunificación familiar de menores centroamericanos y los procesos de asilo y refugio. Desde el Congreso, explicó, se podría negociar para frenar deportaciones, reformar ICE y buscar “procesos de regularización más estables que no sean a través de los decretos”.

Comercio
María Antonieta del Cid de Bonilla, expresidenta del Banco de Guatemala y de la Junta Monetaria, resaltó la importancia del comercio. Estados Unidos es el principal socio comercial del país: aproximadamente el 31% de las exportaciones guatemaltecas se destina a ese país y alrededor del 33% de las importaciones proviene de él. Además, es “uno de los principales países de origen de Inversión Extranjera Directa para Guatemala”.
Para tener una idea, solo en los primeros ocho meses de este año, el Banco de Guatemala reporta que las exportaciones a Estados Unidos sumaron US$3 mil 498.9 millones, mientras que las importaciones se situaron en US$8 mil 304.5 millones.
Jacobstein anticipó que en el comercio podría haber más debate sobre los aranceles, sus efectos económicos y las facultades presidenciales para imponerlos. El tratado Cafta-DR, dijo, “seguiría siendo un marco fundamental para Guatemala, pero no conviene asumir que elimina toda incertidumbre comercial”.
Del Cid indicó que, al monitorear qué podría venir desde Washington, Guatemala debe dar seguimiento a las políticas migratorias y de comercio exterior —aranceles—, así como a los conflictos geopolíticos que repercuten en los precios de los combustibles, de los que Guatemala —como el resto de Centroamérica— es importador neto.
Remesas
Las remesas son el vínculo económico más directo. Del Cid explicó que han pasado de representar el 10% del PIB en el 2010 al 20% en el 2025, con un crecimiento acelerado desde el 2021 —con excepción del 2024—, a ritmos de dos dígitos.
“Las remesas apuntan al consumo privado, y su flujo anual supera el total de las exportaciones y de los ingresos tributarios”, añadió.
¿Y si aumentan los retornos o se desaceleran las remesas? Para Del Cid, el escenario implicaría riesgos concretos. “Guatemala no tiene la capacidad de ofrecer fuentes de trabajo suficientes ante deportaciones masivas”, afirmó.
Si el flujo de remesas se redujera significativamente, “afectaría negativamente el consumo, y por ende el crecimiento, y también la balanza de pagos”.
Roldán estimó que se necesitan casi cien mil empleos al año para las juventudes que salen de la formación escolar y advirtió que, sin alternativas, los jóvenes pueden caer en redes de narcotráfico y crimen organizado. “Yo no veo que los países de Centroamérica tengan ahorita las condiciones para integrar a los deportados”, dijo.
Aguilar Wong añadió que muchos retornados llegan con experiencia laboral que no se aprovecha. “Hay mucho conocimiento que se ha adquirido, pero que se está desperdiciando”, sostuvo, y planteó iniciativas de financiamiento y creación de empresas para esa población. Advirtió de que, si no hay oportunidades, “tarde o temprano ese descontento se va a hacer ver en las calles”.

Qué puede hacer Guatemala
Las medidas se dividen entre lo que Guatemala puede hacer por su cuenta y lo que depende de Washington.
Jacobstein indicó que el Gobierno puede fortalecer sus vínculos con ambos partidos, mantener contactos con las comisiones pertinentes, explicar sus prioridades a quienes puedan asumir cargos de liderazgo, reforzar la transparencia de sus acuerdos y trabajar con el sector privado para anticipar cambios comerciales. “La relación entre Guatemala y Estados Unidos debe ser más duradera que cualquier mayoría legislativa o presidencia”, concluyó.
Del Cid y Roldán apuntan a reformas internas. Del Cid pidió acelerar “reformas estructurales de fondo que permitan a nuestros connacionales permanecer en el país en condiciones de trabajo digno, y dejemos de ser un país que exporte principalmente personas”. Roldán propuso fortalecer el financiamiento de la educación y la salud y apoyar a las micro, pequeñas y medianas empresas. Además, mencionó que depender de las remesas es un problema estructural cuya solución “es de mediano y largo plazo”.
Sandoval-Portillo explicó que Guatemala no podría plantear medidas preventivas al unísono, porque los tratados, como el de libre comercio, “están claramente establecidos”. Hay que analizar cada acuerdo, principalmente en materia de migración, comercio y narcotráfico. Como cualquier país, Guatemala “va a jugar su política exterior con base en sus intereses”.
¿Qué dice Washington?
La Embajada de Estados Unidos en Guatemala fijó su postura a través de Xavier Billingsley, consejero de Diplomacia Pública:
“Las prioridades de los Estados Unidos siguen siendo las mismas, sin importar qué partido esté gobernando, y seguiremos trabajando de la mano con Guatemala para lograr resultados concretos que beneficien a ambos países. Es decir, Estados Unidos seguirá impulsando las prioridades del presidente Trump y del secretario Rubio para hacer de Estados Unidos y la región lugares más seguros, fuertes y prósperos para nuestros ciudadanos”.
Las elecciones del 2027
Guatemala tendrá elecciones presidenciales en el 2027, por lo que varios de los consultados vincularon ambos procesos. Roldán indicó que el primer indicador será qué prioridades tendrá Washington frente a esos comicios: “no que impongan candidaturas, sino una vigilancia de que el proceso sea transparente, democrático, sin violencia”. El segundo indicador, dijo, es si Estados Unidos restablece el sistema de asilo y refugio y la reunificación familiar.
Ceballos advirtió que hablar de influencia en las elecciones es delicado, pero admitió que un llamado del Congreso al Departamento de Estado podría traducirse en mayor atención al proceso. Jacobstein recomendó a los candidatos y al Gobierno mantener una relación institucional y bipartidista con Washington.
Para los próximos meses, los expertos sugirieron observar el ritmo de las remesas, las políticas migratorias y arancelarias, los precios de los combustibles, el número de retornados y los programas para recibirlos, así como las decisiones sobre cooperación y presupuesto en Washington. Ceballos calculó que los primeros ajustes por un cambio de cámaras podrían verse hacia finales del 2027.
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