Entre leyendas y vientos: qué se sabe de los riesgos en el cielo y las aguas de Atitlán
El accidente del pasado 8 de octubre en el que un helicóptero cayó al lago de Atitlán reabrió una pregunta: ¿qué hay detrás del viento, la lluvia, los volcanes y la profundidad de uno de los destinos más bellos de Guatemala?
Dicen en los pueblos que rodean el lago de Atitlán que, por las tardes, dos enamorados juegan en sus aguas, el viento se agita de pronto y las aguas se vuelven turbulentas. En la tradición oral, ese viento es llamado Xocomil y, curiosamente, lo rodea una historia de amor.
Según una de las leyendas más conocidas, recogida por Prensa Libre, los enamorados son el guerrero kaqchiquel Utzil y la princesa quiché Zacar.
Perseguidos por el pueblo de ella, cruzaron el lago sobre el lomo de un caimán al que el guerrero había dado agua días antes. Cuando Utzil regresó con una barca, encontró muerta a su amada y se arrojó al lago con ella.
Desde entonces, dice la leyenda, ambos juegan en el lago por las tardes y el Xocomil sopla para que nadie los vea ni los moleste.
El historiador Aníbal Chajón explicó a Prensa Libre que las comunidades interpretan el Xocomil como la intervención de fuerzas espirituales. Para él, el mensaje de fondo es el respeto a la naturaleza: “quien no respeta el Xocomil muere porque las aguas se lo tragan”.
Chajón advirtió también que durante el siglo XX se crearon relatos de príncipes y princesas “de tipo romántico europeo” que, según dijo, no son propios de la cultura maya.
Lo que explica la ciencia
Alex Guerra, director del Instituto de Cambio Climático, explicó a Prensa Libre que el Xocomil es un fenómeno natural. Se produce por la diferencia de presión entre los vientos del lago y los de las montañas que lo rodean. Cuando sube la temperatura, el aire de las zonas cálidas atrae al de las frías y se forman turbulencias que, por lo general, ocurren después del mediodía.
Según Guerra, el efecto puede darse en cualquier cuerpo de agua, pero en Atitlán es más fuerte porque el lago está encajonado entre montañas y su cuenca no tiene salida.
El experto recomienda a los pobladores observar el oleaje antes de adentrarse en el lago y a los lancheros cuidar la velocidad, ya que el Xocomil, junto con la profundidad y las corrientes, puede dificultar la navegación y las labores de búsqueda debido a que el oleaje se vuelve impredecible.
El lago está a unos 1,556 metros sobre el nivel del mar, según un estudio batimétrico de la Autoridad para el Manejo Sustentable de la Cuenca del Lago de Atitlán (AMSCLAE). El mismo estudio calcula una profundidad máxima de 327.56 metros.
Además, el lago tiene unos 130 kilómetros cuadrados y drenajes subterráneos hacia la costa sur. Está rodeado por los volcanes Atitlán, Tolimán y San Pedro.

El accidente del 8 de octubre
Este escenario volvió al centro de la atención el jueves 8 de octubre. Un helicóptero despegó a las 12.11 horas del Aeropuerto Internacional La Aurora con destino a un hotel del lago, en un vuelo previsto de 30 minutos, según la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC). La DGAC ubica el accidente entre las 12.35 y las 12.48 horas, con siete personas a bordo.
Cinco ocupantes fueron rescatados. El piloto y un pasajero permanecían desaparecidos. Tras dos días de trabajo, los Bomberos Voluntarios recuperaron los cuerpos de ambos.
El día del accidente se reportaron fuertes lluvias en el sector, aunque no se ha determinado si las condiciones meteorológicas tuvieron relación con lo ocurrido.
La profundidad también marcó el rescate: la Policía Nacional Civil indicó que el helicóptero estaba entre 200 y 300 metros de profundidad, mientras que los equipos de rescate podían llegar hasta los 100 metros.
El helicóptero fue extraído el sábado, tras dos días de operaciones subacuáticas. La DGAC abrió una investigación, a cargo de su Unidad de Investigación de Accidentes, para determinar las causas. Hasta ahora, las autoridades no han establecido oficialmente qué ocurrió.
Si bien no existe relación alguna entre este tipo de accidentes y las leyendas que rodean el lago, es imprescindible acatar las recomendaciones tanto de los expertos en ciencia como de los conocedores de la tradición oral.

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