Fenómeno El Niño podría manifestarse desde mayo y afectar las lluvias en Guatemala

Fenómeno El Niño podría manifestarse desde mayo y afectar las lluvias en Guatemala

El Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (Insivumeh) pronostica un 65% de probabilidad de que El Niño se forme a partir de mayo de 2026, lo que podría reducir considerablemente las lluvias en Guatemala, impactando la...

3 marzo 2026
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El Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (Insivumeh) ha informado que existe un 65% de probabilidad de que el fenómeno climático conocido como El Niño se forme a partir del trimestre comprendido entre mayo y julio de 2026. Esta situación podría provocar una reducción significativa de las precipitaciones durante la temporada lluviosa en Guatemala, con impactos directos en la agricultura, los recursos hídricos y el suministro de agua para la población.

El fenómeno El Niño es una fase del ciclo climático denominado El Niño-Oscilación del Sur (ENOS),que se caracteriza por un aumento en la temperatura superficial del océano Pacífico ecuatorial. Este calentamiento afecta los patrones atmosféricos y, en regiones como Guatemala, suele asociarse con una notable disminución de las lluvias.

Contexto y antecedentes del fenómeno en Guatemala

La última manifestación de El Niño en el país se registró entre mayo de 2023 y marzo de 2024, con una duración aproximada de 11 meses. Durante ese período, los niveles de precipitación descendieron considerablemente, lo que provocó una reducción en el caudal de ríos, especialmente en las vertientes del Caribe y Pacífico. Este déficit hídrico afectó unas 72 mil 612 hectáreas de cultivos, principalmente de productores de autoconsumo, según reportes del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA).

Una situación similar se presentó entre 2017 y 2018, cuando la sequía causada por El Niño se combinó con un aumento en las temperaturas durante la época seca, facilitando la proliferación de incendios forestales en varias regiones del país.

Fases del fenómeno ENOS y su monitoreo

El ciclo ENOS comprende tres fases: La Niña, caracterizada por temperaturas oceánicas más frías; El Niño, con temperaturas elevadas; y la fase neutra, en la cual no se registran efectos climáticos significativos a nivel regional o global. Para que se declare la presencia de El Niño en un país como Guatemala, es necesario que los indicadores oceánicos y atmosféricos se mantengan durante cinco trimestres consecutivos. Esto se debe a que la atmósfera y el océano requieren un periodo prolongado para ajustarse y reflejar el cambio térmico.

Para establecer la posible formación de El Niño, el Insivumeh analiza distintos índices, principalmente la temperatura media del océano en regiones específicas del Pacífico. Actualmente, los modelos oceánicos muestran un aumento previsto en la temperatura superficial del mar de entre 0.5 y 1.25 grados Celsius, lo que indica un posible desarrollo de un fenómeno de intensidad moderada.

Proyecciones y efectos esperados para 2026

El pronóstico actual sugiere que El Niño podría comenzar a manifestarse durante mayo y continuar durante junio y julio. En abril, el Insivumeh participará en un foro regional de clima con agencias meteorológicas internacionales para analizar la evolución y el impacto esperado del fenómeno.

El fenómeno se caracteriza por una reducción en la cantidad de lluvia, un aumento en los días secos consecutivos, elevación de las temperaturas, baja nubosidad y niveles más altos de radiación solar. Estas condiciones incrementan el riesgo de sequías prolongadas, lo que afecta de manera directa a la agricultura de subsistencia, especialmente en regiones como la Boca Costa, la Franja Transversal del Norte e Izabal, donde se espera una contracción significativa en las precipitaciones.

La canícula prolongada, un periodo de escasas lluvias en plena temporada, suele presentarse con mayor frecuencia durante El Niño, con consecuencias negativas para los cultivos de granos básicos y otros productos agrícolas. Además, la disminución de la disponibilidad hídrica repercute en los embalses hidroeléctricos y en los cuerpos de agua que abastecen a las poblaciones, lo que puede generar dificultades en el suministro de agua potable.

Impacto en las regiones climáticas y recomendaciones

En Guatemala, el Insivumeh clasifica el territorio en ocho regiones climáticas. Durante la presencia de El Niño, esta clasificación se reduce a cuatro debido a la homogeneización de las condiciones secas y cálidas. La mayoría del país podría registrar niveles de lluvia inferiores a 1,200 milímetros anuales, lo que representa una disminución considerable respecto a promedios históricos.

Ante esta perspectiva, es fundamental que los sectores agrícola, ambiental y de recursos hídricos implementen medidas de mitigación para afrontar el déficit hídrico. Esto incluye fortalecer sistemas de riego eficientes, promover prácticas agrícolas adaptadas a condiciones de sequía y garantizar la gestión adecuada de las fuentes de abastecimiento de agua potable.

Condiciones recientes y estado actual

Tras el paso del fenómeno El Niño en 2024, se observaron condiciones relacionadas con La Niña, que generaron lluvias intensas y niveles hidrométricos elevados. Sin embargo, estas no se mantuvieron por el tiempo suficiente para declararse como una fase consolidada, por lo que durante 2025 predominaron condiciones neutras, con temperaturas del mar y clima dentro de los parámetros normales.

Actualmente, el monitoreo indica que las condiciones neutras prevalecen, pero los modelos sugieren que el calentamiento oceánico comenzará a gestarse en los próximos meses, con una alta probabilidad de que El Niño se establezca durante la temporada lluviosa de 2026.

Conclusiones

La posible formación de El Niño a partir de mayo de 2026 representa un desafío importante para Guatemala debido a su potencial impacto en la reducción de lluvias, aumento de temperaturas y mayor incidencia de sequías. Estos factores afectan directamente la seguridad alimentaria, la gestión del agua y la estabilidad ambiental.

El seguimiento continuo por parte del Insivumeh y la colaboración con organismos nacionales e internacionales serán claves para anticipar y mitigar los efectos adversos de este fenómeno climático. Asimismo, es prioritario que las autoridades y comunidades se preparen para enfrentar las condiciones de escasez hídrica que podrían presentarse durante el próximo ciclo lluvioso.

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