Guardar cada gota de agua: Una de las soluciones que necesita el agro en Guatemala ante la sequía
Reservorios, captación de lluvia, riego por goteo, sensores y monitoreo climático forman parte de las alternativas planteadas para reducir la vulnerabilidad de la agricultura ante la sequía, y que requieren inversión.
En Guanacaste, Costa Rica, una de las zonas más secas del país, almacenar y trasladar el agua ha sido un reto. Sin embargo, el sistema Arenal-Tempisque permitió aprovechar un lago natural, aumentar su capacidad de almacenamiento y llevar el recurso hacia territorios con menor disponibilidad.
Alex Guerra, director del Instituto Privado de Investigación sobre Cambio Climático (ICC), conoció el sistema y relata a Prensa Libre que esta infraestructura contribuyó a transformar la actividad económica de la zona: “Eso le ha dado vida a una zona que era un corredor seco y ahora es uno de los lugares más productivos de Costa Rica en producción de peces, en agricultura y ahora también en turismo”, explicó.
Guerra comentó que este es el tipo de obras que el país debe llevar a cabo a corto y mediano plazo para no depender en su totalidad del agua de lluvia. Para el especialista, crear bases sólidas en leyes e infraestructura, acompañadas de una autoridad responsable del recurso, es una inversión prioritaria.
El discurso adquiere peso ante el escenario climático que enfrentará el país en los próximos meses. Guerra advierte que Guatemala mantiene rezagos en la gestión integrada del agua, mientras el crecimiento de la población y de los sistemas productivos aumenta la demanda y la disponibilidad del recurso se vuelve variable: “Hay países que incluso con el agua que tenemos aquí, en el Corredor Seco, son potencias mundiales (…) Han manejado hasta la última gota de agua”.
El Niño: menos lluvia y más calor en próximos meses
El desafío del almacenamiento y la administración del agua adquiere mayor importancia frente al escenario climático que enfrenta Guatemala. Para los próximos meses, el Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (Insivumeh) prevé una disminución de las precipitaciones y un aumento de las temperaturas, mientras avanzan las condiciones asociadas al fenómeno de El Niño.
Alejandro Barillas, climatólogo del Insivumeh, explicó que los efectos ya comienzan a observarse, aunque, según criterios técnicos, todavía deben cumplirse algunos parámetros para declararlo establecido: “El fenómeno de El Niño ya se está viendo porque a pesar de que no se ha establecido, porque no ha cumplido el último criterio que es la permanencia de cinco trimestres móviles”.
El experto comentó que el calentamiento del Pacífico ecuatorial, lugar de origen del fenómeno de El Niño, ya está acompañado por una respuesta de la atmósfera y el país ha registrado una época lluviosa por debajo de los niveles habituales, además de una canícula más extensa e intensa: “Ya se puede ver disminución de lluvias y alza de temperaturas, entonces los efectos ya los estamos viviendo, aunque El niño no se haya establecido como tal”.
Los modelos utilizados por el Insivumeh apuntan a déficits de precipitación durante los próximos meses del 2026. Barillas estima que, en términos generales, las lluvias podrían descender entre 30% y 40%, dependiendo de cada región. Para septiembre y octubre, los modelos proyectan déficits de entre 10% y 25%, mientras que para noviembre y diciembre apuntan a precipitaciones superiores a las habituales: “Para los últimos dos meses del año sí esperamos que haya un poco más de lluvias de lo que acostumbramos normalmente”. Sin embargo, explicó que, para enero del 2027, las proyecciones apuntan de nuevo a un posible déficit.
A pesar de esto, las precipitaciones no son estáticas. El climatólogo explicó que los modelos deben actualizarse de manera constante debido a la complejidad de la dinámica entre el océano y la atmósfera, y aclaró que estos son de uno a dos meses de distancia: “Es mucho más certero que hacer el pronóstico para dentro de 6 meses que conlleva un grado de incertidumbre y error”.
Esta reducción de lluvias no significa que Guatemala dejará de registrar lluvias intensas. Barillas explica que las condiciones atmosféricas también favorecen las lluvias convectivas, que se caracterizan por concentrar grandes cantidades de agua en períodos cortos y lugares específicos. Estas provocan inundaciones y saturación de los sistemas de drenaje: “Podríamos tener en algunos momentos excesos de lluvia y por posibles inundaciones, pero eso no quiere decir que, en términos generales, no estemos atravesando una posible sequía metrológica o climática”.
Sobre la intensidad que podría alcanzar El Niño, el especialista indicó que los pronósticos contemplan anomalías de temperatura de hasta tres grados. Sin embargo, descartó que se trate de un escenario sin precedentes recientes y recordó que entre el 2014 y el 2016 se registró un episodio con características similares a las que se observan en la actualidad: “2018 y 2019 tuvimos otro evento similar y otro que separados por muy pocos meses, en 2023 y 2024, entonces serían cinco eventos de El Niño con condiciones similares”.
Menos agua, costos más elevados
En la agricultura, la disponibilidad de este recurso hídrico es indispensable. Desde la perspectiva del experto Alex Guerra, el fenómeno de El Niño se encuentra en su punto más crítico, cuando normalmente se registra la canícula. Comentó, además, que los modelos y los análisis mundiales apuntan a que durará hasta marzo del 2027 y que su intensidad será notable entre octubre y diciembre: “El mes de julio ha sido uno de los más secos de la historia y todavía tenemos agosto”, señaló.
Destacó también que la falta de lluvia afectará en gran parte a los agricultores y sus cultivos: “Para la agricultura esto es sumamente crítico porque la mayoría de la agricultura en Guatemala depende de la lluvia, no tiene acceso a riego”.
Entre las zonas más expuestas se encuentra el Corredor Seco, que comprende territorios de Baja Verapaz, Zacapa, El Progreso, Jalapa, Chiquimula, Jutiapa y Santa Rosa, es uno de los puntos más afectados por esta falta de lluvia, pues pone en riesgo el cultivo de granos básicos como el maíz y el frijol.
Una de las consecuencias de estrés hídrico. Guerra explica que, cuando un cultivo no dispone el agua necesaria durante su desarrollo, la planta no alcanza las mismas condiciones de crecimiento y el resultado termina reflejándose en su productividad: cuánto logra cosecharse por su cuerda, parcela o hectárea.
La poca disponibilidad de agua alcanza a cultivos vinculados con las exportaciones. Fernando Zuluaga, gerente del sector Agrícola de Agexport, señala que la sequía ha afectado los cultivos de arveja, brócoli y ejote francés, los cuales han registrado disminuciones tanto en producción como en productividad. El impacto llega hasta las cadenas vinculadas a la agroexportación.
Zuluaga explica que los efectos pueden comenzar antes de la cosecha, pues las alteraciones climáticas pueden modificar la floración y el ciclo fenológico de los cultivos, condicionando el rendimiento que se obtendrá posteriormente. Coloca como ejemplo a los productores de cacao, quienes le han reportado afectaciones en la floración que podrían repercutir en su producción y productividad, mientras que cultivos como el mango pueden enfrentar un problema similar en esta etapa.
“Su ciclo fenológico se altera de tal manera que eso va a repercutir posteriormente en la producción y en la productividad”.
Fernando Zuluaga, gerente del sector Agrícola de AGEXPORT
El antecedente que permite dimensionar el impacto económico de una sequía está en el cardamomo: “En el caso de cardamomo hemos tenido dos ciclos anteriores con sequías tan intensas que desplomaron casi el 35% de la producción de cardamomo en las regiones de Cobán en Alta Verapaz”, afirmó Zuluaga.
Comentó que los productores, en su mayoría mujeres, se ven seriamente afectados por este fenómeno: “Ese desplome tan grave afectó la producción y el ingreso y la exportación de cardamomo, que es el país que a nivel mundial más exporta cardamomo”. Para sobrellevar la baja en este producto, Zuluaga comentó que ha sido necesario desarrollar programas para producir nuevas plantas y repoblar las áreas afectadas. Esto se ha conseguido con apoyo internacional y actualmente se tienen entre 15 y 18 viveros, trabajados por mujeres, cada uno con capacidad para producir entre 350 mil y 400 mil plantas destinadas a esa recuperación.
La escasez del agua también puede alcanzar a otras actividades que forman parte de la producción agrícola. En este punto, Zuluaga destaca el papel de la apicultura dentro de los ciclos productivos y la necesidad de preservar las condiciones necesarias para mantener las colmenas y su función en la polinización: “La apicultura es un valor fundamental en el ciclo de la vida agrícola”, afirmó.
Esta relación entre: agua, abejas y la productividad agrícola también es observada desde el programa Moscamed. Jorge Ibarra, coordinador del Centro de Transferencia y Tecnología Apícola, explica que los cambios en el clima modifican la capacidad de las plantas para producir néctar: “El trabajo del agua es mantener las plantas. Recordemos que el néctar está compuesto por 75% de agua y 25% de azúcar, y para que la flor produzca ese 75% tiene que haber agua en el suelo”.
Cuando esta disponibilidad disminuye, los apicultores pueden recurrir a alimentación artificial para mantener las colonias: “Pero todo esto impacta sobre las exportaciones de miel, el costo de las exportaciones de miel de Guatemala o la producción de miel del país”, utilizar esta opción también es trae como consecuencias, pues requiere de más inversión y reduce la rentabilidad de la actividad.
Ibarra, pone como ejemplo la producción de melón, que requiere de cuatro a seis colonias de abejas por hectárea para favorecer la polinización. Según explicó, cada colonia puede estar integrada por entre 30 mil y 40 mil abejas, que deben ser reproducidas y trasladadas a las áreas de cultivo cuando no existe suficiente disponibilidad natural de polinizadores.
Mantener dichas condiciones durante una sequía requiere mayores recursos: “Los costos se van a incrementar enormemente con la sequía”, advirtió Ibarra. Añade que, ante la falta de agua, la menor disponibilidad de miel afecta directamente al apicultor, reduce la rentabilidad de su actividad y puede disminuir la cantidad de colmenas disponibles para estos procesos: “Sin las abejas no hubiera vida (…) se van a dar cuenta que, sin la polinización, sobre todo de las abejas, se van muriendo poco a poco, porque se va produciendo la flor necesaria de polinización para tener semillas”.
Guerra señala que la población y los sistemas productivos crecen mientras la disponibilidad de agua disminuye o se vuelve variable: “Hay una demanda mayor de agua y la oferta baja o muy variable”.
El experto señala que el almacenamiento, el riego y una gestión más eficiente del agua son algunos de los desafíos que Guatemala debe enfrentar y que deberían considerarse asuntos de seguridad nacional para que el país pueda seguir adelante a pesar de las sequías: “Tener riego, almacenar el agua, puede ser en reservorios de distintos tamaños o en cisternas. Otros países incluso que viven en desiertos con mucha más falta de agua que nosotros, logran hacer unas obras mucho mayores para guardar agua”.
Almacenar, tecnificar y anticiparse
Una de las alternativas para reducir la exposición de la producción agrícola es aprovechar mejor el agua cuando esté disponible. Para Manuel Ixmatá, director del área agrícola del campus Altiplano de la Universidad del Valle de Guatemala (UVG), el problema en algunas regiones no es la inexistencia de este recurso, sino la falta de capacidad para almacenarlo y utilizarlo posteriormente: “En nuestra región del altiplano se habla no tanto de una falta de recurso hídrico, sino más bien de una falta de sistema apropiado para guardarla y usarla bien”, explicó.
Entre las alternativas que menciona el especialista están los reservorios de agua con geomembrana y la captación de lluvia mediante techos, tecnologías que permiten almacenar el recurso durante los meses de mayor precipitación y utilizarlo después en sistemas de riego o incluso para alimentar al ganado. Además, resaltó que estas tecnologías son de bajo costo y accesibles para los productores: “Lo que buscamos entonces es eso, que en los meses de mayor precipitación almacenar ese recurso para utilizarlo en los meses donde vemos cierta escasez”.
Sin embargo, almacenar el agua es solo el primer paso, el directo Ixmatá señala que también es necesario conocer la humedad que existe en el suelo y cuáles son los requerimientos de cada cultivo para utilizar el recurso de manera más eficiente. A partir de ese monitoreo los productores pueden saber cuando es necesario regar y evitar el uso innecesario del agua.
Entre las alternativas que propone está fomentar sistemas de riego por goteo, que pueden adaptarse a diferentes cultivos. Para regiones como el altiplano, donde predominan granos básicos —maíz y frijol—, hortalizas y frutales; también se mencionan los cultivos de cobertura, que ayudan a conservar la humedad al reducir la exposición directa del suelo a los rayos solares y, además contribuyen a la fijación de nitrógeno y a evitar su compactación.
“Tiene que partir de eso, de un monitoreo constante para entender la necesidad de los cultivos, o sea, al tener bien clara la disponibilidad de humedad a nivel de suelo y el requerimiento del cultivo para hacer un mejor uso del recurso”.
Manuel Ixmatá, director del área agrícola del campus Altiplano de la Universidad del Valle de Guatemala (UVG)
Proponer estos sistemas de almacenamiento en materia de infraestructura es solo parte de la solución. Ante condiciones climáticas cada vez más variables, el director Manuel Ixmatá considera necesario que el productor tenga acceso a información que le permita saber cuándo sembrar, regar y tomar medidas para proteger un cultivo. Esto puede hacerse por medio de una aplicación móvil, capacitaciones constantes o visitas de campo.
“No solamente se trata de tener acceso a la información, sino, lo más importante, la interpretación y la toma de decisiones a través de esos datos”, señaló. Estos pueden llegar de estaciones meteorológicas locales, sensores, imágenes satelitales y otras herramientas que forman parte de la agricultura de precisión.
El acceso a estas herramientas, no obstante, presenta barreras como el costo. Ixmatá considera necesario diferenciar entre tecnología de alto costo, como sensores e imágenes satelitales, y alternativas más accesibles que también pueden generar resultados en el campo: “El agricultor no necesariamente debe tener un dron, para tomar la mejor decisión, pero sí tener acceso a la información desde los dispositivos móviles, desde otros medios de comunicación como televisivos o radiales”.
Desde su perspectiva, la adaptación también requiere que la investigación responda a problemas concretos de la producción agrícola: “El conocimiento que se genera desde las investigaciones, si se queda archivado, no tiene impacto”, afirmó.
Desde el sector agroexportador, las medidas planteadas también pasan por anticipar las condiciones climáticas y generar instrumentos que permitan mantener la producción. Para Fernando Zuluaga, disponer de información estructurada, fundamentada, técnica y científica sobre el comportamiento climático es esencial: “Sin información no se podrán tomar decisiones oportunas”.
En este contexto, se mencionan tres herramientas de diferentes instituciones: el Geoportal de Información Estratégica del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA), que permite identificar territorialmente el comportamiento de las precipitaciones y la sequía; el Instituto Privado de Cambio Climático (ICC), que ha permitido dar seguimiento y proporcionar información sobre la tendencia y el comportamiento de El Niño, y el monitoreo permanente del Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (Insivumeh).
Sin embargo, el gerente Zuluaga considera que anticiparse mediante información debe acompañarse de instrumentos que permitan al productor responder: “El Estado guatemalteco tiene que apoyar a sus productores, tiene que diseñar una política pública e instrumentos de fomento”, los cuales deben permitirles acceder a nuevas variedades capaces de enfrentar condiciones de sequía, plagas y enfermedades, además de mecanismos de financiamiento, seguros agrícolas y estímulos orientados a mantener y mejorar la producción.
El gerente de AGEXPORT considera que el riego, como parte de la inversión en infraestructura, juega un papel fundamental para sostener la agricultura y recordó que al inicio del actual gobierno se presentó un programa que contemplaba la incorporación de 45 mil hectáreas bajo riego. La propuesta incluía alternativas como perforaciones, aprovechamiento de aguas superficiales, captación y manejo del recurso, además de estudios para determinar las regiones con mayor potencial para acceder a fuentes subterráneas.
Comentó que actualmente el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA) y la ministra María Fernanda Rivera han promovido un proyecto estratégico de irrigación llamado Keyline (Línea Clave), que forma parte del Programa Suelos y Agua para el Futuro y que tiene como fin darles la topografía apropiada a los escurrimientos de lluvia: “Mediante esquemas de terraceo, de galerías filtrantes, de conducción del agua, se puedan ir captando en reservorios y que esos reservorios, con un buen manejo del agua disponible a base de riego por goteo, permitan aprovechar el agua que se cosecha”, explicó.
Zuluaga explicó que, a menor escala, se han implementado en el Altiplano pequeños reservorios destinados a productores con áreas de una o dos cuerdas. Esto se ha llevado a cabo mediante alianzas entre AGEXPORT, la cooperación internacional y fundaciones que, a pesar de que su alcance individual es reducido, permiten mantener la producción bajo protocolos que después facilitan su incorporación a cadenas destinadas a la exportación.
En palabras del director Manuel Ixmatá, para que Guatemala pueda proteger su producción frente al cambio climático es necesaria una combinación de infraestructura hídrica, investigación, tecnología y capacitación.
Desde su perspectiva, la investigación debe responder a las necesidades del campo, mientras que la tecnología debe adaptarse a las capacidades de cada productor y estar acompañada de seguimiento. No basta con llevar la información, sino que es necesario tecnificar a los productores según su nivel de producción, ya sean pequeños, medianos o grandes, e implementar tecnología adecuada para cada nivel: “El tema también es el monitoreo constante, una vez implementada la tecnología, ¿quién le da seguimiento? O sea, debe de haber un monitoreo, debe de haber también un acompañamiento para obtener los resultados que se esperan”.
Para Alex Guerra, director del ICC comparte que para reducir las pérdidas, es importante cuidar el suelo: “El suelo es como nuestro estanque natural del agua. Entonces, si uno fomenta que tenga más materia orgánica, entonces se puede guardar la humedad en el suelo”, comentó.
A las medidas que pueden implementarse, Guerra suma la necesidad de trabajar en mecanismos de gobernanza, comenzando con una ley de aguas como pieza fundamental para establecer reglas sobre su gestión. Esta discusión avanza actualmente en el Congreso con la iniciativa 6816, Ley de Aguas, presentada por el Ejecutivo y remitida el 11 de agosto a la Comisión de Ambiente, Ecología y Recursos Naturales para continuar su análisis.
La propuesta alberga 215 artículos y plantea crear una Superintendencia del Agua como autoridad técnica encargada de su gestión. Entre sus funciones también está establecer un canon por el aprovechamiento especial del agua cuando sea utilizada como insumo en actividades que generan un beneficio económico, cuya aplicación sería gradual durante siete años.
Para Guerra, más allá de las herramientas disponibles para captar, conservar o utilizar eficientemente el recurso, el desafío también está en cómo será administrado: “Realmente necesitamos organizarnos como sociedad para guardar y para manejar el agua de manera adecuada”.
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