Guatemala resguarda semillas nativas en la Bóveda Global de Svalbard para garantizar seguridad alimentaria

Guatemala resguarda semillas nativas en la Bóveda Global de Svalbard para garantizar seguridad alimentaria

Guatemala envió 950 muestras de semillas nativas a la Bóveda Global de Svalbard en Noruega, resguardo clave para conservar la biodiversidad agrícola y garantizar la seguridad alimentaria ante desastres naturales y cambio climático.

30 enero 2026
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En un esfuerzo estratégico para preservar la biodiversidad agrícola y fortalecer la seguridad alimentaria, Guatemala ha enviado una copia de 950 muestras de semillas nativas a la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, ubicada en Noruega. Esta bodega, conocida internacionalmente como el “Arca de Noé” de las semillas, funciona como un resguardo clave para la conservación de recursos fitogenéticos a nivel mundial.

Entre las semillas enviadas se encuentran variedades tradicionales de maíz, frijol, ayote, bledo (amaranto) y teocintle —una variedad silvestre de maíz— que forman parte fundamental de la dieta y cultura agrícola guatemalteca. Estas muestras fueron recolectadas por el Instituto de Ciencia y Tecnología Agrícolas (ICTA) en colaboración con agricultores y comunidades que han conservado estas semillas durante generaciones.

Importancia de la Bóveda Global de Svalbard

La Bóveda Global de Semillas de Svalbard alberga más de 1.3 millones de muestras provenientes de distintas regiones del mundo y sirve como una reserva de seguridad para proteger recursos genéticos frente a amenazas como desastres naturales, efectos del cambio climático o conflictos bélicos. En este contexto, Guatemala se convierte en el segundo país centroamericano en contar con una copia de seguridad de sus especies agrícolas, junto a Costa Rica.

El ICTA mantiene un banco de germoplasma nacional donde las semillas se conservan bajo condiciones controladas de temperatura y humedad, permitiendo su viabilidad por períodos que oscilan entre 10 y 15 años. Sin embargo, debido a la vulnerabilidad del país a fenómenos como sismos que podrían afectar el suministro eléctrico necesario para mantener estas condiciones, se estableció la estrategia de depositar una copia en Noruega para garantizar la preservación a largo plazo.

Contrato de depósito y acceso a las semillas

El acuerdo de depósito en la bóveda establece que el único propietario de las semillas es Guatemala, y solo el país puede solicitar su recuperación. Estas semillas permanecerán almacenadas en Noruega durante un plazo estimado de 100 años, aunque pueden ser reclamadas en cualquier momento ante emergencias que pongan en riesgo la seguridad alimentaria nacional, como una guerra o un desastre natural.

Un caso emblemático que ejemplifica la importancia de esta reserva fue el conflicto en Siria en 2015, cuando su banco de germoplasma fue destruido durante la guerra. Gracias a la existencia de copias almacenadas en Svalbard, pudieron repatriar las semillas y reactivar la agricultura local, recuperando así su biodiversidad vegetal.

Desafíos actuales y perspectivas

Además de las amenazas bélicas, la aparición de nuevas plagas y enfermedades derivadas de la variabilidad climática constituye un riesgo creciente para los cultivos. Asimismo, el banco de germoplasma nacional y la reserva en Svalbard sirven como base científica para desarrollar variedades mejoradas que respondan a estos desafíos, asegurando la producción sostenible y la soberanía alimentaria.

La conservación y uso activo de estas semillas también responden a la preocupación de agricultores guatemaltecos ante la desaparición de variedades tradicionales de maíz que han demostrado resistencia a condiciones adversas como sequías e inundaciones. No obstante, se reconoce que las nuevas generaciones han relegado la práctica agrícola tradicional, lo que hace urgente preservar este patrimonio genético.

El sistema milpa y la biodiversidad

Los cinco cultivos seleccionados para resguardo en la bóveda forman parte del sistema milpa, un modelo agrícola ancestral y sostenible donde el maíz es la planta principal y se complementa con frijol, ayote y bledo, entre otros. Este sistema no solo promueve la diversidad biológica sino que también está estrechamente ligado a la identidad cultural de muchas comunidades guatemaltecas.

Más allá de la conservación, el banco de germoplasma del ICTA enfatiza la necesidad de darle un uso activo a estas semillas para evitar convertirlas en un “museo de semillas”. Su aprovechamiento asegura la independencia alimentaria y reduce la dependencia de insumos externos.

Apoyo institucional y compromiso internacional

El envío de las semillas a Svalbard contó con el respaldo del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Esta última destacó que la conservación de recursos fitogenéticos es fundamental para construir sistemas alimentarios más resilientes y sostenibles en el mundo.

La participación de Guatemala en esta iniciativa global refleja el compromiso del país con la protección de su patrimonio genético y con los esfuerzos multilaterales para enfrentar los desafíos alimentarios y ambientales actuales y futuros.

En conclusión, la medida adoptada por Guatemala no solo fortalece la seguridad alimentaria nacional sino que también contribuye a la preservación de la biodiversidad agrícola mundial, asegurando que las futuras generaciones puedan contar con los recursos necesarios para mantener su sustento y cultura agrícola.

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