
Guatemalteca narra su experiencia viviendo bajo bombardeos en el sur de Líbano
María de León, guatemalteca residente en el sur de Líbano, comparte su experiencia de vivir bajo bombardeos, vigilancia constante y desplazamientos forzados por el conflicto en Medio Oriente.
La escalada del conflicto en el sur de Líbano ha provocado desplazamientos masivos y ha transformado la vida cotidiana de miles de personas, entre ellas la guatemalteca María de León Menéndez. Residente desde hace casi 17 años en Yarún, un pueblo ubicado a apenas dos kilómetros de la frontera con Israel, María ha vivido en carne propia la tensión, los bombardeos y la incertidumbre que afectan esta región desde 2023.
Según datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU),cerca de 700 mil personas han sido desplazadas en Líbano desde el 2 de marzo debido a la reciente escalada bélica. María de León es parte de este grupo que se ha visto obligado a abandonar su hogar en múltiples ocasiones para resguardarse de los ataques.
Un conflicto que obliga a huir dos veces
El 9 de octubre de 2023, cuando se intensificó el conflicto entre Líbano e Israel, María tuvo que abandonar por primera vez su residencia en Yarún. A pesar de la situación, continuó trabajando en servicios logísticos y alquiler de vehículos para la misión de paz de la ONU (UNIFIL),que incluye contingentes internacionales como el italiano.
Tras dos años, logró regresar a su hogar, pero el 2 de marzo de 2026 una nueva ofensiva la obligó a desplazarse nuevamente, esta vez hacia el pueblo cercano de Armesh, donde se refugia con su hijo de 13 años. Su hija de 20 permanece en Beirut, separada de la familia debido a la inseguridad para transitar por las carreteras.
Vivir bajo constante vigilancia y miedo
Más allá de los bombardeos y el peligro inmediato, los habitantes del sur de Líbano enfrentan una vigilancia permanente. María relató que en su vivienda, tras regresar en 2024, detectó comportamientos extraños con la cámara de seguridad instalada en su casa, la cual parecía ser hackeada para monitorear la actividad en la cuadra.
Además, todas las noches drones sobrevuelan Yarún, vigilando a los residentes. María explicó que incluso las reuniones sociales eran observadas desde el aire. En un intento por evitar sospechas, los vecinos levantaban botellas de vino y alimentos como prosciutto para demostrar que no formaban parte de ninguna milicia, ya que la población cristiana busca diferenciarse en medio de la tensión.
El miedo que paraliza y la huida al amanecer
La madrugada del 2 de marzo, el aumento en la intensidad de los bombardeos hizo que María decidiera abandonar nuevamente su hogar. Entre disparos y el temor de ser identificados erróneamente, la comunidad organizó un convoy con luces de emergencia para salir en dirección a Armesh. Aunque la distancia es corta, el trayecto transcurrió en medio de la tensión y el miedo constante.
El impacto diario de la guerra
Para María y otros residentes, el sonido de la guerra se ha convertido en parte de la rutina. Los bombardeos suelen comenzar alrededor de las 21:30 y prolongarse durante toda la madrugada hasta las 8:00 de la mañana. Durante el día hay una pausa, pero por la tarde los ataques se reanudan, acompañados de sobrevuelos de aviones y helicópteros de combate.
La guatemalteca comparte que ante cada explosión, lo único que queda es rezar para que los misiles no impacten en viviendas civiles. El sueño se vuelve difícil y la normalización del conflicto puede llevar a la resignación, lo que representa un desgaste emocional significativo para la población.
Consecuencias para la familia y perspectivas futuras
El conflicto ha afectado especialmente la educación de su hijo adolescente, quien no ha podido recibir una enseñanza regular desde 2023. Por otro lado, la distancia con su hija y la preocupación constante de su madre en Guatemala intensifican el impacto emocional de la guerra.
Tras casi dos décadas en Líbano, María considera la posibilidad de abandonar el país, evaluando opciones como trasladarse a Italia, donde sus hijos tienen vínculos importantes. Esta decisión refleja la gravedad de la situación y la incertidumbre sobre el futuro en la zona de conflicto.
Un llamado a la comunidad internacional
María de León enfatiza que el sur de Líbano ha quedado fuera del foco mediático internacional, que suele centrarse en Beirut. Sin embargo, las comunidades fronterizas han sufrido durante años las consecuencias de la violencia y la inestabilidad.
Hace un llamado a la comunidad internacional para que intervenga y contribuya a detener la guerra, así como a la población guatemalteca para que envíe oraciones por la paz en Medio Oriente. Mientras ofrecía estas declaraciones, un nuevo ataque sacudió la zona, recordando la fragilidad y urgencia de la situación.
Daños visibles y resiliencia cotidiana
Las imágenes compartidas por María de León muestran viviendas destruidas, techos perforados y calles cubiertas de escombros en Yarún. A pesar de las adversidades, los habitantes intentan continuar con sus vidas, adaptándose a una realidad marcada por la violencia y la incertidumbre.
Esta historia humaniza el costo del conflicto en Medio Oriente y refleja la experiencia de miles de civiles atrapados en la línea de fuego, con la esperanza de que la comunidad internacional actúe para restaurar la paz.
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