Guatemalteco reclutado por Rusia desapareció tras ir a combatir en Ucrania: su esposa cuenta el calvario
La esposa de un guatemalteco reclutado en las fuerzas armadas rusas comparte su testimonio, revelando el uso de inyecciones letales y las promesas no cumplidas. El paradero del guatemalteco es incierto desde el 2024.
De acuerdo con Infobae, continúan surgiendo historias sobre el reclutamiento de latinoamericanos para combatir en las fuerzas armadas rusas durante la invasión a Ucrania, con nuevos detalles sobre las condiciones que enfrentan.
Muchos optaron por unirse por una promesa económica de US$2 mil 800 mensuales, pero terminaron en una trinchera del este de Europa. Ahora están sin pasaporte y sin acceso al dinero prometido, en medio del conflicto.
El testimonio de la esposa del primer ciudadano guatemalteco documentado en las fuerzas armadas rusas expone el incumplimiento de las promesas económicas, la falta de respuestas diplomáticas y el equipamiento que, según su relato, llevan algunos extranjeros al combate.
Sarah Illescas, esposa de Carlos Alfredo González, reveló que el guatemalteco aseguraba llevar consigo al combate una supuesta jeringa letal autoinyectable para utilizarla en caso de ser capturado por las fuerzas ucranianas. Según Illescas, esta es la primera revelación pública que conoce sobre el uso de estos dispositivos entre los combatientes, quienes, de acuerdo con su relato, son amenazados si intentan denunciar las condiciones dentro del frente militar.
Previamente, durante las guerras de Chechenia, los soldados rusos recibían en el botiquín militar jeringas autoinyectables de Promedol, un potente analgésico opioide sintético, con el fin de anestesiar a los heridos de gravedad. Sin embargo, su mal uso podía resultar letal o causar parálisis respiratoria.
Por otro lado, un informe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Ucrania, difundido por la agencia EFE en el 2024, reportó el uso de sustancias narcóticas y psicotrópicas para inducir la euforia y anular la percepción del dolor.
Illescas declaró que vive un calvario desde que su esposo tomó la decisión que, según las promesas que recibió, permitiría estabilizar económicamente a su familia. El patrón que utilizan para atraer a los reclutados consiste en ofrecer sumas cuantiosas de dinero, bonos de incorporación y promesas de regularización migratoria que rara vez se concretan.

A Carlos Alfredo González le prometieron un salario mensual de 210 mil a 280 mil rublos, equivalentes a US$2 mil 300 y US$2 mil 800 mensuales, además de estatus legal, beneficios migratorios y ciudadanía para él y su familia. Sin embargo, el contrato tendría una duración de un año. González ya había recibido dos salarios, pero la familia no recibió ni un centavo.
Los reclutados extranjeros vivían en condiciones extremas y se encontraban en situación de vulnerabilidad por la limitación de las raciones de alimentos.
Illescas relató que le sugirió a su esposo que escapara. Sin embargo, él le dijo: “Es que yo ya no tengo mis papeles, ya no tengo mi pasaporte… Yo ya no estoy en Rusia, estoy del otro lado”, denunció Illescas.
Illescas se comunicó por última vez con su esposo el 8 de septiembre del 2024. Desde entonces se desconoce su paradero. Ella buscó apoyo institucional en Guatemala y asegura que se enfrentó a rechazos por parte de las representaciones oficiales. Lo único que le proporcionaron fue un correo del Ejército de Rusia. Dos años después, sigue sin obtener respuesta.
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