Klissman Lemus: de dejar el futbol a los 22 años a construir su historia como entrenador en Guatemala
Tras retirarse como futbolista a los 22 años, Klissman Lemus encontró en el banquillo una nueva oportunidad y hoy lidera la transformación de Nueva Santa Rosa en la Primera División.
Hay carreras que comienzan con grandes reflectores y otras que se construyen lejos de ellos, paso a paso, a fuerza de oportunidades y perseverancia. La de Klissman Iván Lemus Cruz pertenece a las segundas.
Antes de convertirse en entrenador, Lemus también persiguió el sueño de ser futbolista. Pasó por Municipal Sub-20, Nueva Santa Rosa, Atlas de Esquipulas y Huehuetecos, pero su etapa dentro de la cancha terminó mucho antes de lo que probablemente imaginaba. A los 22 años decidió retirarse.
El final de su etapa como jugador, sin embargo, no significó alejarse del futbol. Fue, sin saberlo, el comienzo de otro camino.
Hoy, a sus 35 años, Lemus es el director técnico de Nueva Santa Rosa CDF en la Liga Primera División. Desde el banquillo ha comenzado a cambiar el rumbo de un equipo que atravesaba momentos complicados y que ahora vuelve a mirar hacia los primeros lugares.
Pero detrás de ese presente hay una historia construida desde abajo, con pequeñas oportunidades que terminaron convirtiéndose en escalones para alcanzar un lugar en el futbol profesional.
Uno de esos primeros pasos ocurrió lejos de los grandes escenarios. Lemus comenzó a hacerse cargo de un equipo de domingos que pertenecía a su cuñado, especialmente cuando este viajaba a Estados Unidos por trabajo.
Aquella responsabilidad, que podía parecer una experiencia menor, terminó convirtiéndose en una de las primeras señales de que todavía había un lugar para él dentro del futbol. Ya no desde la cancha, sino desde un costado que comenzaba a descubrir.
UN NUEVO CAMINO
En 2020, con apenas 29 años, tomó las riendas de Cuilapa FC. Después llegaron experiencias con Chiquimulilla y Tigres de Jumay, mientras su carrera empezaba a tomar forma y los ascensos se convertían en parte de su historia.
Con Cuilapa consiguió llevar al equipo desde Tercera hasta Primera División. Más adelante repitió el camino con CSD Ipala, logrando el ascenso de Segunda a Primera.
Cada categoría representó un nuevo desafío. Y cada ascenso, una confirmación de que aquel retiro temprano como futbolista no había cerrado su historia en el deporte, sino que la había obligado a encontrar otra manera de vivirlo.
Precisamente por la edad con la que comenzó a dirigir nació uno de los apodos que hoy lo acompañan. Los periodistas empezaron a llamarlo “El Patojo”, un sobrenombre que terminó quedándose con él y que ahora identifica al entrenador que, desde muy joven, decidió apostar por los banquillos.
CRECER DESDE EL BANQUILLO
Su juventud también significó aprender a convivir con una realidad poco sencilla: dirigir a futbolistas que, en algunos casos, tienen más edad y experiencia que él.
“Al principio es incómodo convivir con alguien de más edad, pero te acostumbras”, reconoce Lemus.
Con el tiempo entendió que dirigir no consiste únicamente en saber de futbol. También implica ganarse la confianza del grupo, aprender a escuchar y encontrar la manera de transmitir una idea para que los jugadores la hagan suya.
Para Lemus, una de las claves ha estado precisamente en la relación que construye con sus futbolistas.
“Ser buena persona con los jugadores. Siempre me he considerado buena onda, como decimos en Guate”, explica.
Esa cercanía forma parte de su manera de trabajar. Mantener un vínculo humano con el futbolista sin perder de vista la responsabilidad que implica tomar decisiones y estar al frente de un equipo.
Su recorrido también ha provocado comparaciones con otro entrenador guatemalteco que comenzó a construir su carrera desde joven: Amarini Villatoro. La referencia no es casual. Ambos representan a una generación de técnicos que encontraron en los banquillos una oportunidad a temprana edad y que han tenido que abrirse camino en un futbol donde la experiencia suele ser uno de los principales argumentos.
Para Lemus, la comparación no representa una carga, sino un estímulo.
“La comparación me motiva para seguir trabajando”, afirma.
Y precisamente trabajar ha sido una constante en una carrera que todavía está en construcción.
Su presente está en Nueva Santa Rosa. El “Patojo” llegó el 12 de julio de 2026 para dirigir la categoría Sub-13, pero su trabajo terminó abriéndole la puerta al equipo mayor. El 25 de agosto recibió la responsabilidad de tomar las riendas del plantel.
La oportunidad llegó con poco margen para acomodarse.
Apenas tres días después de comenzar a trabajar con el equipo, enfrentó a Sacachispas, segundo de la clasificación. Nueva Santa Rosa respondió con una victoria 2-1 que comenzó a cambiar el panorama.
Desde entonces, el crecimiento se hizo visible. Los Paneleros pasaron del quinto lugar del Grupo B al segundo, con los mismos puntos que el líder Mictlán, aunque por diferencia de goles ocupan la segunda posición.
La prueba más exigente llegó el 30 de septiembre. Enfrente estaba Mictlán, líder invicto y dueño de una racha de 12 partidos sin perder. Nueva Santa Rosa volvió a responder. Esta vez con un triunfo 4-3 en un partido de siete goles que confirmó que el equipo había encontrado una nueva dinámica.
Pero para entender quién está detrás de ese cambio hay que mirar más allá de los resultados.
Hay que regresar a aquel futbolista que decidió retirarse a los 22 años. Al joven que encontró una oportunidad dirigiendo un equipo de domingos. Al entrenador que comenzó profesionalmente a los 29 y que tuvo que aprender a dirigir jugadores mayores que él. Al técnico que convirtió los ascensos en parte de su aprendizaje.
Y está también Klissman Lemus, el hombre al que los periodistas bautizaron como “El Patojo” y que ahora intenta demostrar que la edad no tiene por qué convertirse en una barrera cuando existe la determinación de aprender, trabajar y aprovechar las oportunidades.
Su historia todavía no tiene un punto final.
A los 35 años, mientras Nueva Santa Rosa vuelve a mirar hacia arriba, Klissman Iván Lemus Cruz comienza a dejar de ser un nombre desconocido para convertirse, poco a poco, en uno de los jóvenes entrenadores que buscan hacerse un espacio en el futbol guatemalteco.
Su camino no comenzó con grandes escenarios. Comenzó con una decisión difícil, siguió con oportunidades pequeñas y hoy lo tiene frente a un desafío mayor.
Porque a veces una carrera no termina cuando se cierra una puerta. Simplemente cambia de cancha.
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