“La casa es una pérdida”: panameños viven drama en las calles ante impacto del terremoto de magnitud 7.7
Miles de panameños temen regresar a sus casas, debido a los daños provocados por el terremoto de magnitud 7.7 que dejó a decenas de familias en la calle.
El terremoto de magnitud 7.7 que el pasado viernes dañó viviendas, escuelas y carreteras en varias provincias de Panamá también obligó a miles de personas a permanecer en parques y refugios temporales ante el riesgo de réplicas y el temor a quedar bajo escombros, pues las estructuras quedaron severamente dañadas.
Las noches han cambiado en Panamá luego del terremoto, ya que ahora los parques están repletos de sillas plegables, colchones y hamacas donde cientos de personas permanecen fuera de sus hogares, muchos de ellos convertido en ruinas o con serios daños.
Un ejemplo es Chitré, situado a 250 kilómetros al suroeste de Ciudad de Panamá, donde vecinos habilitaron espacios improvisados para pasar las noches.
“Pasamos aquí toda la noche, muchos no dormimos, ya estamos instalados, de aquí no nos vamos”, dijo Gloria Gutiérrez, una mujer de 67 años, en declaraciones a AFP, publicadas por Infobae.
El recuento de daños del terremoto revela que la sacudida de magnitud 7.7 dejó por lo menos 30 heridos y provocó daños en viviendas, escuelas, hospitales, iglesias, edificios públicos, puentes y carreteras.
Las autoridades dieron a conocer que las provincias de Herrera, Los Santos, Coclé y Veraguas son las más afectadas.
En esta ciudad viven más de 60 mil personas, pero el terremoto derribó techos y paredes de decenas de casas. Ahora los habitantes deben resolver cómo repararán sus viviendas que ya no consideran seguras.
Un ejemplo del miedo con el que viven los residentes de esta ciudad panameña es Desireth Villarreal, de 29 años, quien pasó la noche a la intemperie porque el temblor derribó el techo de la casa que alquila.
Lo mismo pasa en Macaracas, en la provincia de Herrera, donde hay casas destruidas y escombros dentro de las propiedades. Javier Jiménez, de 68 años, tuvo que trasladarse a un colegio para pasar la noche, porque en su casa se sentía inseguro.
“Nosotros no podemos habitar esto”, dijo Jiménez, quien agregó que las réplicas continúan y que el miedo condiciona cualquier intento de regresar.
En Tonosí, en la provincia de Los Santos, una parte de sus casi nueve mil habitantes permanece en parques, jardines, toldos y tiendas de campaña.
Las viviendas de una planta presentan paredes caídas, tabiques desprendidos, cristales rotos y techos de láminas en el suelo; además, en varios negocios, las estanterías y la mercancía permanecen esparcidas tras el terremoto.
Eduard Melgar, un profesor de 45 años, aseguró que su casa sufrió daños que impiden una reparación inmediata.
“La casa es una pérdida, no hay forma de reconstruir porque las paredes están comprometidas, estamos esperando que las réplicas bajen un poco para poder entrar y rescatar las cosas personales”, señaló a Infobae.
Agregó: “Es una tristeza muy grande saber que algo que tú has creado con esfuerzo y con sacrificio en unos minutos lo ves en el suelo”.
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