La ciudad que nunca dejó ir a Maradona: Nápoles vuelve a jugar otra final con Argentina
La final del Mundial también se vive en las calles donde Diego cambió la historia del Napoli y dejó un vínculo que sigue uniendo a los napolitanos con la Albiceleste.
Mientras Argentina y España se preparan para disputar la final del Mundial, otra ciudad vive el partido como si fuera suyo. A más de siete mil kilómetros del estadio donde se definirá el campeón, Nápoles vuelve a teñirse de blanco y celeste, impulsada por un sentimiento que nació con Diego Armando Maradona y que, más de tres décadas después, sigue intacto.
En el corazón del Quartieri Spagnoli, bajo el gigantesco mural de Maradona convertido en lugar de peregrinación para miles de aficionados, Juan Pablo observa el desfile constante de visitantes. Algunos se toman fotografías, otros dejan flores, camisetas o bufandas. Todos se detienen frente al rostro del hombre que transformó para siempre la historia del Napoli.
“Los napolitanos hacen más fuerza por Argentina que por Italia”, afirma el pintor argentino, que trabaja todos los días junto al mural.
“Nápoles es una ciudad muy ligada a los argentinos. Está viniendo gente de toda Italia para ver aquí la final”, añade.
La escena resume el ambiente que se respira en la ciudad. Las conversaciones giran alrededor del partido, las banderas argentinas cuelgan de balcones y comercios, y las camisetas albicelestes predominan entre quienes recorren las plazas y callejones del centro histórico.
En la Piazza Dante, una enorme bandera argentina cubre la fachada de un quiosco. En la Piazza del Plebiscito, entre turistas y aficionados, se repite el mismo saludo:
“¡Forza, Argentina!”
Una ciudad que aprendió a sentirse argentina
La afinidad entre Nápoles y Argentina va mucho más allá de Lionel Messi o de la actualidad de la selección.
Durante los años en que Maradona defendió la camiseta del Napoli, entre 1984 y 1990, el club conquistó dos títulos de la Serie A, una Copa de la UEFA y otros trofeos que cambiaron para siempre la historia deportiva de una ciudad acostumbrada a mirar desde atrás a los grandes equipos del norte de Italia.
Desde entonces, el vínculo con Argentina dejó de ser únicamente futbolístico para convertirse en parte de la identidad napolitana.
Hoy ese sentimiento vuelve a hacerse visible.
Después de cada triunfo de la selección dirigida por Lionel Scaloni en este Mundial, argentinos y napolitanos celebraron juntos en las calles. Murales, camisetas y banderas conviven con retratos de Maradona y, ahora, también con imágenes de Messi, como si ambos formaran parte de una misma historia.
Según el Instituto Nacional de Estadística Italiano (ISTAT), entre 1,500 y 3,000 argentinos residen en Nápoles, una cifra que podría ser mayor si se considera a quienes poseen doble nacionalidad gracias a los históricos vínculos migratorios entre ambos países.
Pero el fenómeno supera cualquier estadística.
Basta caminar por la ciudad para descubrir qué selección despierta más simpatías.
El recuerdo que nunca desapareció
El respaldo de muchos napolitanos a Argentina no nació en este Mundial.
Tiene una fecha grabada en la memoria colectiva: el 3 de julio de 1990.
Aquella noche, Italia y Argentina disputaron la semifinal de la Copa del Mundo en el estadio San Paolo, hoy rebautizado con el nombre de Diego Armando Maradona.
La ciudad quedó dividida entre apoyar a la selección italiana o al futbolista que había llevado al Napoli a la cima del fútbol europeo.
En la víspera del partido, Maradona lanzó una frase que todavía resuena en Nápoles:
“Durante 364 días al año los consideran extranjeros en su propio país; hoy quieren que apoyen a Italia”.
Argentina avanzó a la final tras imponerse en la tanda de penales y aquel episodio terminó de consolidar una relación que nunca volvió a romperse.
“Nápoles es argentina”
“Nápoles es argentina”, asegura Roberto Federico, un joven napolitano que recorrerá la ciudad con la camiseta albiceleste durante la final.
Explica que apoya a la selección de Messi porque el legado de Maradona sigue formando parte de la identidad de la ciudad.
A pocos metros de él camina Priscila Segura, llegada desde Buenos Aires para vivir el partido.
“Al final (el partido) se tiene que vivir en Nápoles porque siento que dentro de Europa es una parte muy nuestra”, dice a EFE.
Ambos coinciden en que el fútbol tiene la capacidad de unir culturas.
La final se disputará lejos de Italia.
Pero en Nápoles también habrá un partido.
No se jugará sobre el césped, sino en las calles, en los balcones vestidos de albiceleste y frente al mural donde miles de personas siguen rindiendo homenaje al futbolista que convirtió a la ciudad en un lugar donde Argentina todavía se siente en casa.
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