La lección de Iowa para Guatemala: cómo preparar la agricultura para un clima que no se puede controlar

La lección de Iowa para Guatemala: cómo preparar la agricultura para un clima que no se puede controlar

Iowa apuesta por la conservación, la tecnología y los seguros agrícolas para enfrentar los efectos del clima y fortalecer la producción, una experiencia que, según su secretario de Agricultura, Mike Naig, puede dejar lecciones para Guatemala y otros pa...

19 agosto 2026
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Cuando se le pidió una recomendación para los agricultores de otros países, particularmente de Guatemala, Mike Naig, secretario de Agricultura de Iowa, llevó la conversación hacia una realidad que productores de ambos territorios conocen bien: hay variables que simplemente no pueden controlar. El clima es una de ellas. Los mercados internacionales, otra.

Un agricultor no puede decidir cuánto lloverá ni determinar el precio mundial del maíz. Por eso, sostiene Naig, el desafío consiste en construir explotaciones agrícolas capaces de soportar esos golpes.

“Se debe tener resiliencia; hay que ser capaz de enfrentar esas tormentas, literalmente”, afirmó durante una entrevista con periodistas de diversos países en la Feria Estatal de Iowa.

Su recomendación adquiere particular relevancia para Guatemala porque Naig conoce de primera mano parte de la realidad agrícola del país. En febrero del 2025 encabezó una misión comercial de Iowa que visitó Guatemala y Costa Rica, con representantes de los sectores de maíz, soya, carne de cerdo y ganado.

Durante aquella visita se reunió con autoridades del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (Maga) para conversar sobre cooperación agrícola y oportunidades para mejorar la competitividad y sostenibilidad del sector. Guatemala, además, es un mercado importante para Iowa: en el 2024 las empresas de ese estado exportaron US$145 millones en productos agrícolas al país.

Pero en esta ocasión, más que hablar solamente de vender productos, Naig planteó una cuestión de fondo: cómo conseguir que una finca siga existiendo después de una sequía, una inundación o una mala cosecha.

La Feria Estatal de Iowa congrega a numerosos visitantes en espacios dedicados al ganado y la maquinaria agrícola. (Foto Prensa Libre: Cortesía Iowa State Fair).

Una agricultura preparada para cuando falta —o sobra— el agua

Iowa es uno de los gigantes agrícolas de Estados Unidos. Naig explicó que, pese a tener alrededor de 3.1 millones de habitantes, el estado ocupa el segundo lugar del país por el valor de su agricultura, solamente detrás de California. También aseguró que es segundo por el valor de los alimentos y productos agrícolas que exporta.

Esa capacidad productiva, sin embargo, está expuesta a un problema que atraviesa fronteras. “Llevamos décadas pensando en cómo ser resilientes ante los cambios climáticos, ya sean sequías, lluvias extremas o vientos fuertes”, explicó Naig.

El estado ha experimentado precisamente esos extremos. Hace algunos años, recordó, Iowa sufrió una sequía profunda. Después llegaron períodos de lluvias intensas. Para un productor, eso significa prepararse tanto para cultivar cuando falta agua como cuando llega demasiada.

“Los agricultores deben encontrar formas de ser productivos en medio de todo eso”, señaló. La experiencia acumulada ha llevado a Iowa a trabajar durante años —y, según Naig, durante generaciones— en la construcción de fincas y suelos capaces de soportar esas variaciones.

La estrategia incluye prácticas de conservación, cuidado del suelo, reducción de la labranza, mejor genética y biotecnología para proteger los cultivos, además de maquinaria y técnicas de siembra más eficientes.

Pero Naig insiste en algo importante para países que buscan trasladar esas experiencias a sus propios productores: no existe una solución única. “No es una sola cosa, es un enfoque integral”, resaltó.

La Feria Estatal de Iowa reúne a visitantes alrededor de exhibiciones de ganado y maquinaria agrícola. (Foto Prensa Libre: Natiana Gándara)

Producir más, pero no a cualquier costo

El modelo agrícola de Iowa tiene una aparente contradicción que Naig busca resolver: cómo mantener una producción enorme sin deteriorar los recursos que permiten sostenerla. “Somos productivos, pero también estamos pensando” en la conservación, explicó.

Para el secretario, producir alimentos no puede significar hacerlo “cueste lo que cueste”. La tierra y el agua deben formar parte de la ecuación porque de ellas dependerá que las fincas puedan seguir siendo productivas durante las próximas décadas.

Es allí donde la innovación adquiere protagonismo. Naig enumera tecnología, maquinaria, genética, biotecnología y productos biológicos entre las herramientas que están modificando la agricultura del estado.

A eso se suma un ecosistema formado por universidades, compañías privadas, investigadores, empresarios y agricultores. “Tenemos estas empresas, empresarios, que son realmente creativos e innovadores”, señaló.

El objetivo no consiste solamente en obtener mayores rendimientos. También se busca agregar valor al maíz y la soya mediante actividades y productos como etanol y biodiésel, mientras se incorporan tecnologías capaces de proteger los recursos naturales y responder a las necesidades del consumidor.

La tecnología no basta cuando una cosecha se pierde

La otra parte de la recomendación de Naig para los agricultores está fuera de la finca. Una explotación puede incorporar mejores semillas, reducir la labranza o comprar maquinaria más eficiente y aun así sufrir pérdidas cuando llega una sequía severa o un exceso de lluvia.

Por eso, sostiene, la resiliencia también necesita mecanismos financieros y políticas públicas. En Estados Unidos, explicó, existen herramientas de gestión de riesgos como los seguros agrícolas, que proporcionan estabilidad frente a las pérdidas.

“Las políticas agrícolas deben brindar estabilidad a la producción y al suministro de alimentos”, afirmó.

El asunto, para Naig, va más allá de proteger los ingresos de un productor. Lo vincula directamente con la seguridad de un país. “No se puede tener la seguridad nacional ni la seguridad económica que tenemos hoy si primero no hay seguridad alimentaria y agrícola”, sostuvo. Su advertencia es que, sin respaldo durante los períodos difíciles, las fincas familiares pueden terminar desapareciendo.

También cuestiona políticas regulatorias o tributarias que eleven excesivamente los costos de producción, pues considera que pueden terminar expulsando del mercado precisamente a pequeñas y medianas explotaciones.

La fórmula que plantea, por tanto, tiene dos componentes: hacer más resistente la finca y construir una red que permita que el agricultor sobreviva económicamente cuando ni la tecnología ni las buenas prácticas pueden evitar una pérdida.

Una feria de un millón de personas que sigue hablando de agricultura

La Feria Estatal de Iowa combina entretenimiento, conciertos, comida y atracciones, pero el secretario insiste en que su razón de ser continúa siendo la agricultura. “Es una feria de agricultura primero”, afirmó Neig.

Para muchas personas, añadió, visitar la feria puede convertirse en “la oportunidad más importante de todo el año” para conocer la agricultura o encontrarse con un agricultor, y el alcance es considerable.

La Feria Estatal es el evento más grande de Iowa y atrae alrededor de un millón de visitantes anualmente. En el 2024 estableció un récord histórico con 1 millón 182 mil 682 asistentes.

Su historia comenzó en 1854. Actualmente alberga una de las exhibiciones de ganado más grandes del mundo, cerca de 900 categorías relacionadas con alimentos, cientos de eventos competitivos y expositores y más de 200 puestos de comida.

En ese espacio conviven dos imágenes de Iowa: la tradición de un estado que lleva generaciones produciendo alimentos y la búsqueda de las herramientas que necesitará para continuar haciéndolo bajo condiciones distintas.

La resiliencia agrícola de los productores de Iowa es un ejemplo a nivel mundial. (Foto Prensa Libre: Natiana Gándara)

Los jóvenes que tendrán que encontrar las próximas soluciones

Para Naig, hay una última pieza sin la cual ninguna estrategia de resiliencia funcionará: quién estará al frente de la agricultura en las próximas décadas. Y nuevamente utiliza la Feria Estatal como ejemplo.

Organizaciones estadounidenses, junto con la educación, buscan acercarlos a un sector que Naig describe como uno de los negocios más dinámicos del mundo. “La única constante en la agricultura es el cambio”, repitió.

Su mensaje intenta romper además con la idea de que dedicarse a la agricultura significa necesariamente convertirse en agricultor.

Una persona puede trabajar en una finca, pero también investigar nuevas variedades, desarrollar tecnología, dedicarse a los negocios, convertirse en ingeniero, educador o incluso desarrollar software. Salud y nutrición también caben, dijo, bajo el amplio paraguas de la agricultura.

La observación completa el círculo de la resiliencia que Naig plantea para Iowa y que ofrece como referencia para otros países.

Los agricultores actuales pueden conservar mejor el suelo, utilizar nueva genética, incorporar biotecnología, mejorar su maquinaria y protegerse mediante seguros. Pero serán los jóvenes quienes tendrán que encontrar las soluciones para los problemas que todavía no existen.

“Cuando la agricultura es fuerte, las comunidades son más fuertes gracias a ella”, sostuvo Naig. Por eso, agregó, vale la pena que los jóvenes “más brillantes y capaces” escojan la agricultura como carrera.

Para Guatemala, la recomendación que deja Iowa no consiste entonces en copiar una tecnología o una práctica determinada. El planteamiento de Naig es más amplio: preparar las fincas para aquello que el agricultor no puede controlar, proteger los recursos que hacen posible producir, crear redes para sobrevivir a las pérdidas e invertir en las personas que deberán enfrentar la siguiente sequía, la siguiente lluvia extrema y el próximo cambio de la agricultura.

Mike Naig, secretario de Agricultura de Iowa, participa en la Feria Estatal de Iowa, donde destaca la importancia de la innovación y la resiliencia del sector agrícola. (Foto Prensa Libre: Natiana Gándara)
Fuente original: Prensa Libre

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