La oportunidad que terminó en una Copa del Mundo: la historia de Aymeric Laporte con España
Francia nunca llegó a darle minutos a Aymeric Laporte con la selección absoluta. España le abrió la puerta y cinco años después el defensa levantó la Copa del Mundo.
Hay carreras que cambian por un gol. Otras cambian mucho antes. Cambian cuando alguien decide confiar en un futbolista. Eso fue lo que ocurrió con Aymeric Laporte.
Durante años esperó una oportunidad con la selección absoluta de Francia. Nunca llegó. España decidió apostar por él en el 2021.
Cinco años después, aquella decisión terminó con Laporte levantando la Copa del Mundo tras la victoria sobre Argentina en la final del Mundial 2026. El trofeo no cambió su carrera. La explicó. Porque esta nunca fue una historia sobre cambiar de selección. Fue una historia sobre encontrar un lugar donde desarrollar una carrera internacional.
Seis convocatorias. Ningún minuto
Laporte nació en Agen, Francia. Desde muy joven fue considerado uno de los defensores con mayor proyección de su generación.
Su crecimiento en el Athletic Club terminó llevándolo a la selección absoluta francesa. Didier Deschamps lo convocó seis veces.
Nunca llegó a darle minutos.
Mientras Raphael Varane, Samuel Umtiti y, posteriormente, Presnel Kimpembe consolidaban la defensa francesa, Laporte seguía esperando una oportunidad que nunca terminaba de aparecer.
Las convocatorias dejaron de repetirse. La espera también. No hubo una ruptura pública. No existió una polémica. Simplemente dejó de haber espacio para él. Su carrera internacional parecía haber terminado antes de comenzar.
España vio algo distinto
Mientras Francia cerraba una puerta, España empezaba a mirar hacia Laporte.
No fue una decisión improvisada. La Real Federación Española de Fútbol seguía desde hacía tiempo la evolución del defensor.
Conocía su perfil. También conocía su trayectoria en el fútbol español.
Después de casi una década entre el Athletic Club y el Manchester City, Laporte ya era un futbolista formado dentro de una idea de juego muy cercana a la que buscaba la selección española.
Cuando obtuvo la nacionalidad española y cumplió los requisitos de elegibilidad establecidos por la FIFA, la oportunidad dejó de ser una posibilidad.
Se convirtió en una decisión. Luis Enrique levantó el teléfono. Quería saber si Laporte estaba dispuesto a vestir la camiseta de España.
La respuesta fue inmediata. Sí.
Tiempo después, el propio defensor recordaría aquella conversación y resumiría su decisión con una frase sencilla: “Estoy aquí porque he querido”.
España no le pidió paciencia. Le pidió que jugara.
Mucho más que un cambio de camiseta
Durante meses, buena parte del debate se centró en la nacionalización. Pero España no buscaba únicamente un futbolista habilitado para jugar.
Buscaba un central con características muy específicas. Necesitaba un defensor capaz de iniciar los ataques desde la última línea.
Que pudiera jugar lejos de su portería. Que asumiera riesgos con el balón. Y que entendiera la posesión como una forma de defender. Laporte reunía todas esas condiciones.
Por eso terminó convirtiéndose en uno de los hombres de confianza tanto de Luis Enrique como de Luis de la Fuente. Su importancia también quedó reflejada durante el Mundial.
Según las estadísticas oficiales de la FIFA, completó 618 de los 659 pases que intentó, para una efectividad del 94%. Solo Rodri y Pau Cubarsí registraron más intervenciones con el balón.
Los números no explican por sí solos su torneo. Pero ayudan a entender por qué España insistía en construir el juego desde sus pies.
El Mundial cambió el significado de aquella decisión
Cuando Laporte debutó con España, la conversación giraba alrededor de una nacionalidad. Cinco años después, gira alrededor de un título.
La Copa del Mundo no demuestra que Francia estuviera equivocada. Tampoco permite imaginar qué habría pasado si Deschamps le hubiera dado una oportunidad.
Lo que demuestra es otra cosa. España encontró un futbolista que encajaba en su proyecto.
Y Laporte encontró la selección que sí creyó en él. Aquella decisión administrativa terminó convirtiéndose en una historia deportiva.
Una oportunidad que terminó haciendo historia
Las grandes conquistas suelen resumirse en una fotografía. Un capitán levantando una copa.
Una celebración. Una vuelta olímpica.
La historia de Laporte comenzó mucho antes de esa imagen. Comenzó mientras esperaba una oportunidad que nunca llegaba.
Continuó cuando otra selección decidió abrirle la puerta.
Y terminó con un título mundial. Francia lo convocó. España lo hizo jugar.
Cinco años después, esa diferencia terminó escribiendo una de las historias más singulares del Mundial 2026. Porque algunos futbolistas cambian su carrera con un gol.
Aymeric Laporte la cambió cuando alguien decidió confiar en él.
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