“Nuestra amistad es tan fuerte que decidimos casarnos”: las amigas unidas por un vínculo platónico
Se conocieron cuando tenían 12 años y su amistad se fortaleció durante la pandemia de covid-19. Se describen como almas gemelas e insisten en que su relación no es sentimental.
Renee Wong y April Lee se conocen desde los 12 años. Este 2026 celebran dos años de casadas: comparten casa, cuenta bancaria y planes de futuro. Lo único que no comparten es la cama, ni se consideran una pareja romántica.
La historia de estas dos mujeres de 29 años ilustra un tipo de unión todavía poco estudiado por la psicología: la pareja platónica.
“¿Por qué estamos reservando ese lugar tan valioso, el de compañera de vida, de matrimonio, para una pareja romántica que ni siquiera ha aparecido todavía? Si esa persona aparece, genial, podremos disfrutar todos juntos. Pero ¿por qué guardar ese lugar para alguien que aún no está aquí, cuando la persona que ya se dedica a mí está justo enfrente?”, le dice a la BBC Renee refiriéndose a su esposa, April.
Están casadas legalmente y planean tener hijos, pero no forman una pareja en el sentido habitual de la palabra: entre ellas no existe, ni ha existido nunca, atracción romántica o sexual.
Se describen como almas gemelas y ocupan, la una en la vida de la otra, un lugar que ningún amor romántico podría ocupar.

Una amistad de 16 años convertida, deliberadamente, en un compromiso para toda la vida.
“Es ella a quien quiero a mi lado cuando me muera”
Cuando Renee y April se conocieron en una escuela de Singapur, la conexión fue instantánea.
Pasaban todo el tiempo juntas: después de clase iban la una a casa de la otra; los sábados tenían clases de refuerzo juntas; los domingos iban a la iglesia.
“Literalmente, siete días a la semana juntas”, recuerda Renee.
Ninguna de las dos tiene hermanos y, quizás por eso, dice ella, ocuparon ese espacio mutuamente desde muy jóvenes: se convirtieron en hermanas.
Las familias también estrecharon lazos. Pasaban juntas la Navidad y el Año Nuevo Lunar y compartían celebraciones importantes. Con el tiempo, se transformaron en una especie de familia extendida la una para la otra.
Y, como tantas amistades de adolescencia, la suya sobrevivió al paso de los años incluso cuando la vida las separó geográficamente: Renee se fue a Los Ángeles para estudiar la universidad y April permaneció en Singapur.
Cada una siguió su propio camino, en continentes distintos, sin imaginar nunca que aquella amistad pudiera convertirse en algo más de lo que era.
Hicieron, en definitiva, todo lo que hacen las mejores amigas, hasta que llegó la pandemia.
Separadas por husos horarios cuando el coronavirus cerró las fronteras, comenzaron a hablar hasta 12 horas al día. Fue durante ese período de distancia forzada cuando algo se volvió imposible de ignorar.
Para Renee, lo que salió a la luz fue la magnitud de aquella amistad.
“Me quedó muy claro que ella era la persona a la que más quería en este mundo. No de una forma romántica, pero si me ocurriera algo, sería ella a quien querría a mi lado”, cuenta.
“Y entonces fue evidente: si es ella a quien quiero a mi lado cuando me esté muriendo, ¿por qué no estoy viviendo con ella? ¿Por qué nuestras vidas están tan separadas? ¿Por qué no intentamos unirlas?”.

Renee acababa de graduarse cuando llegó la pandemia, un momento que, según ella, era perfecto para “hacer una pausa” en todo.
A medida que hablaban, sentía que se estaba convirtiendo en la persona que quería ser.
Tan pronto como se permitió viajar, empezaron a planear mudarse juntas. A principios de 2024 se casaron legalmente en Los Ángeles.
Y aquí viene la parte que suele requerir explicaciones. Ambas son bisexuales, pero no se sienten atraídas la una hacia la otra.
“Siempre decimos que tenemos una química física pésima”, comenta Renee entre risas.
Haber crecido juntas transformó el vínculo en algo más parecido al de las hermanas.
“A nivel científico, no nos gusta el olor de la otra. Así que, químicamente, no va a suceder”.
La elección del compromiso
El matrimonio no fue un acuerdo práctico disfrazado de romance ni un romance disfrazado de amistad.
Fue, según ellas, el reconocimiento de que la relación más importante en la vida de cada una existía desde hacía más de una década y merecía el estatus que la sociedad suele reservar únicamente para el amor romántico.
“Después de 17 años de amistad, ambas hemos tenido nuestras propias relaciones, hemos tenido novios y hemos salido con otras personas”, señala Renee.
“Pero esta es la relación que permanece. Yo discutía con mi novio y era ella quien aprendía la lección y crecía conmigo. Es ella quien realiza todo el trabajo emocional conmigo, superándose de todas las formas que deseo en una compañera de vida”, agrega.
“¿Por qué ese lugar tiene que pertenecer a una pareja romántica?”, argumenta Renee.
“¿Por qué no puede ser para la mujer que literalmente ha invertido en mí, que me ha cultivado como una flor? Soy la mujer que soy gracias a ella. ¿Por qué reservar ese lugar para una pareja romántica que ni siquiera ha llegado, cuando la persona que se ha dedicado a todo ese trabajo está justo aquí?”, añade.
Cuando escuchan la pregunta que más les hacen, “¿pero no son solo mejores amigas?”, la respuesta está preparada.

“No sé qué nivel de compromiso espera la gente de una amiga y de una pareja”, dice Renee.
“Ella es esa pareja para mí”, precisa.
Ese compromiso va mucho más allá de compartir un techo. Renee y April se consideran socias financieras.
“Todo va al mismo fondo común”, explica April.
Durante una etapa de transición profesional, April había acumulado una deuda en su tarjeta de crédito cuando Renee recibió una bonificación en el trabajo.
Lo primero que hizo su amiga fue liquidar la deuda por completo, sin hacer alarde de ello.
“Me dijo: ‘así esto deja de estar sobre nuestras cabezas'”.
Para ambas, es este tipo de colaboración y trabajo en equipo lo que define una unión, más que la atracción o el contacto físico.
Sin celibato
Renee y April no son célibes ni descartan el amor romántico. Están abiertas a salir con otras personas en el futuro, aunque actualmente no están buscándolo activamente y prefieren seguir solteras por ahora.
La diferencia, dicen, es que la base afectiva que han construido ha elevado mucho su nivel de exigencia.
“No estamos intentando llenar un vacío. No estamos solas”, afirma Renee.
Según ella, los años de convivencia ayudaron a ambas a desarrollar patrones que suelen aparecer en las relaciones amorosas, como estilos de apego y formas saludables de comunicación.
“Si ya tienes una comida de cinco estrellas en casa…”, bromea, antes de aclarar que no quiere menospreciar el amor romántico.
“Pero prefiero pasar el tiempo hablando con ella por teléfono y divirtiéndome más que ir a una cita que será simplemente regular”.
Para ellas, las parejas románticas no competirían con su matrimonio, sino que lo enriquecerían.
Así ocurrió cuando April tuvo una relación en el pasado: la experiencia ayudó a ambas a depender menos la una de la otra.
“Creemos que tener una relación romántica dentro de nuestra pareja platónica de vida solo suma”, anota Renee.
“Hay más amor para dar, no menos. No hay competencia”, señala.
Lo que dice la psicología
La configuración de Renee y April tiene nombre, aunque sea reciente y todavía difuso: pareja platónica de vida. Sin embargo, es un territorio que la ciencia apenas ha comenzado a explorar.
“Es un tema del que todavía se habla poco”, afirma la psicóloga Maria Cristina Antunes, doctora en Psicología Social y miembro de la Asociación Brasileña de Psicología.
Existen algunos estudios cualitativos sobre el tema, a menudo más filosóficos o jurídicos que psicológicos, pero nada comparable a grandes investigaciones poblacionales.
“Todavía no existe un límite muy claro” sobre lo que constituye exactamente este tipo de unión.
La psicóloga explica que la expresión “amor platónico” proviene de las ideas del filósofo griego Platón, especialmente de “El banquete”, donde describe el amor como un camino de desarrollo espiritual e intelectual.
Durante mucho tiempo, el término se asoció a un amor imposible o no correspondido, un afecto que trascendía lo físico y se vinculaba con la virtud, la sabiduría y el crecimiento moral.
La “pareja platónica” actual es una reinterpretación de esa idea: una relación que no se basa en la atracción sexual o romántica y que, muchas veces, también ofrece comodidad práctica y seguridad jurídica a quienes la establecen.

Más aún, lo que Renee y April construyeron deliberadamente es, según la psicóloga, el punto de llegada de muchos matrimonios convencionales.
“Vemos muchas parejas de larga duración que, con el tiempo, terminan migrando hacia algo parecido al amor platónico, una relación de amistad y compañerismo, a veces casi sin relaciones sexuales. Es muy común observar este fenómeno en consulta”.
La cultura, la familia y la extrañeza
Crecer en Singapur, una sociedad conservadora, hizo que su decisión fuera aún más improbable.
“Ni siquiera pensarías en el matrimonio entre personas del mismo sexo, mucho menos en uno que además es platónico”, dice Renee.
Sus familias quedaron sorprendidas al principio. Pero, con el tiempo, la idea empezó a tener sentido. Después de todo, se conocían desde los 12 años y las propias familias ya se trataban como parientes.
“Sabían del vínculo que teníamos. Entendían que éramos como hermanas”.

Hijos, gatos y el futuro
Tener hijos forma parte del horizonte de ambas, aunque sin prisas. Por ahora tienen dos gatas.
Las dos se muestran abiertas a adoptar o a apoyar a un niño de otras maneras, incluso como madrinas o mentoras.
“Está claro que ninguna de las dos va a dejar embarazada a la otra”, bromea Renee.
“Lo que más me entusiasma de ser madre con ella en el futuro es vernos como madres”, señala.
Su boda en 2024 fue pequeña. Las familias no pudieron asistir, pero sí sus amigos, que celebraron con ellas en la casa de una de las dos.

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