¿Nueva política o reciclaje político? La multiplicación de partidos rumbo a 2027

¿Nueva política o reciclaje político? La multiplicación de partidos rumbo a 2027

Rumbo a las elecciones del 2027, Guatemala suma 45 organizaciones políticas inscritas, pero también recicla rostros y estructuras de ciclos electorales anteriores. La pregunta es si crece la oferta política o solo cambian los logos.

24 agosto 2026
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Guatemala
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Guatemala llegará al 2027 con una oferta electoral amplia. Se encamina a la próxima contienda con 25 partidos vigentes y más de 20 comités que buscan convertirse en nuevas organizaciones políticas. La proliferación abre una pregunta: ¿nueva política o reciclaje de viejos actores?

La reciente asamblea de la agrupación política Firmes es un ejemplo de que la migración de cuadros sigue marcando las propuestas. En ella reaparecieron figuras conocidas, entre ellas el expresidente Alfonso Portillo (2000-2004) y su exesposa Evelyn Morataya, además de diputados que llegaron al Congreso con otras agrupaciones y posteriormente se separaron o fueron apartados de ellas.

Entre los integrantes de esta nueva fuerza figuran al menos ocho diputados a quienes sus votantes los eligieron por otras organizaciones en las elecciones pasadas. Algunos por Visión con Valores (Viva); otros por el partido Cabal; uno proveniente de Voluntad Oportunidad y Solidaridad (VOS), y otros que formaron parte de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE). Todas en común con un desgaste por divisiones internas, en algunos casos, desde comienzos de esta décima legislatura.

El caso resume una dinámica que los analistas consultados identifican como una de las características del sistema político guatemalteco: la aparición de nuevos partidos no necesariamente implica la llegada de nuevos actores.

Partidos como vehículos personales

“Son puros vehículos para llevar a determinados personajes a un cargo público”, apunta Jahir Dabroy, analista de la Asociación de Investigación y Estudios Sociales (Asíes), quien observa que el problema radica en la falta de institucionalización del sistema de partidos.

En un sistema institucionalizado, explica, las organizaciones deberían representar distintas corrientes y propuestas de país. En Guatemala, en cambio, considera que predominan intereses particulares y proyectos alrededor de individuos o pequeños grupos.

El politólogo Renzo Rosal coincide en que el discurso de renovación no corresponderá con lo que observa rumbo a las elecciones del 2027. En las supuestas nuevas agrupaciones reaparecen políticos que incluso parecían estar fuera de la competencia.

“Yo diría que estamos ante un reciclaje profundo. Para 2027 vemos partidos como Elefante que están atrayendo a políticos que vienen desde el Partido Patriota y Líder, estamos hablando de clase política que figura desde hace unos 10 años. Con partidos desinstitucionalizados, no hay apuesta por renovar cuadros ni por incluir personas diferentes”, afirmó.

La experiencia en el ruedo político, sin importar cómo se comportaron en el poder, dice, sigue teniendo un peso preferencial frente a la incorporación de personas nuevas a la militancia.

La migración de cuadros

En Comunidad Elefante, por ejemplo, convergen redes políticas y familiares vinculadas con operadores de administraciones anteriores. Se observó en el proceso anterior y también a inicios de este 2026 durante su asamblea, con presencia de allegados al extinto PP, a FCN-Nación y a la UNE. También se les asocia a los hermanos García Gudiel, uno de ellos abogado del expresidente Otto Pérez Molina y otros exfuncionarios; así como con congresistas de gobiernos anteriores.

La agrupación funciona así como otro ejemplo de cómo capitales políticos acumulados en etapas anteriores pueden reorganizarse bajo una nueva estructura electoral.

Para Rosal, este proceso responde al debilitamiento de los partidos como instituciones. La organización política deja de ser una estructura destinada a formar cuadros, desarrollar propuestas y construir una base permanente y pasa a cumplir principalmente los requisitos formales para competir.

“Se le encontró el ‘truco helado’ y se pensó: bueno, ¿por qué crear partidos políticos tan desarrollados y organizados, cuando podemos tener partidos de menor calado y de organización más fácil? Partidos que cumplan formalmente con lo que establece la Ley Electoral, pero solo para efectos formales, no reales, y que permitan manipular la fragmentación de los resultados”, explicó.

Más allá del número

Para Rosal, el aumento en el número de partidos no constituye por sí mismo el principal problema. La fragmentación, sostiene, puede convertirse en un mecanismo para reproducir el sistema.

En su lectura, tener una “ficha” partidaria puede resultar atractivo para distintos actores porque permite mantener vigente una estructura electoral que puede ser utilizada en diferentes ciclos y por diferentes grupos.

Es el llamado “mercado de partidos” o de “maquinarias” para vender candidaturas, que, según los politólogos, legalmente no se “venden”, sino que se habla de un “cambio de autoridades y denominación”.

El punto, según el análisis de Rosal, no es únicamente cuántos partidos existen, sino la facilidad con la que las estructuras pueden mutar y volver a utilizarse.

Radiografía de la reconfiguración política

Tipo de organización Ejemplos
Continuidad de actores políticos Raíces, Chapín, Dignidad, Partido Liberal Guatemalteco
Políticos que migran hacia otra organización Nuevos Tiempos, Firmes, Partido Azul, Transformación Nacional, y Partido Verde —ahora Calidad—.
Excandidatos que reaparecen en nuevas estructuras Servir, Fuerza por Guatemala, XGuate
Posibles nuevos actores Revolución

Primeros movimientos detectados de cara a 2027. El mapa aún está en construcción y no incluye a todos los grupos ni cambios de diputados.

Una larga cadena de fragmentaciones

La dinámica no es reciente. En el sistema partidario guatemalteco se han producido durante décadas procesos de división, desaparición y creación de nuevas organizaciones. Un análisis de Prensa Libre reconstruyó los vínculos entre partidos que han competido en el país y encontró conexiones entre buena parte de las organizaciones que llegaron a las elecciones del 2023.

La UNE es uno de los ejemplos más visibles de esta dinámica. De sus divisiones y rupturas surgieron o se relacionaron posteriormente distintas organizaciones políticas.

Para Rosal, la fragmentación que se observa actualmente es precisamente el resultado de ese proceso acumulado de debilitamiento partidario.

El problema, por tanto, no consiste solamente en que existan muchos partidos, sino en que las organizaciones dejan de diferenciarse entre sí y pierden capacidad para representar proyectos políticos claramente identificables.

Cuando las ideologías dejan de distinguir

Dabroy considera que otra característica del sistema es la ausencia de identidades ideológicas claras.

El analista sostiene que la ideología no debe confundirse con polarización: se trata de las ideas desde las cuales una organización concibe el Estado, la economía y la sociedad. En un sistema institucionalizado, esas diferencias deberían permitir que ciudadanos con posiciones similares se agrupen y desarrollen propuestas comunes.

Pero, según Dabroy, incluso algunos candidatos que han buscado la Presidencia o Vicepresidencia no logran identificar claramente la corriente ideológica de sus proyectos.

Rosal coincide en que existe una pérdida de diferenciadores, aunque prefiere no reducir el problema únicamente a la ideología o a los programas. Su planteamiento es que los partidos han dejado de presentar planteamientos políticos claramente diferenciados.

Así, un elector puede encontrarse frente a numerosas opciones en la papeleta, pero con dificultades para identificar diferencias sustanciales entre ellas.

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El ciudadano frente a la fragmentación

Para Dabroy, la debilidad de la oferta programática también tiene relación con la demanda electoral.

Sostiene que los partidos “no tienen suficientes incentivos para desarrollar propuestas de largo plazo porque una parte del electorado prioriza la personalidad del candidato, el espectáculo político o beneficios inmediatos sobre proyectos de Estado”.

Esto alimenta el círculo: los políticos tienen pocos incentivos para construir partidos institucionalizados y los ciudadanos terminan recibiendo una oferta basada más en personas que en organizaciones con identidad propia.

Rosal añade otra paradoja, que es que aunque el sistema político guatemalteco suele describirse como débil, fragmentado e inoperante, tiene una importante capacidad de reproducción. El sistema cambia de nombres, partidos y alianzas, pero consigue mantenerse y reproducirse.

Un pincelazo sobre las redes de financiamiento

Dabroy también advierte sobre la existencia de redes económicas y de poder detrás de algunos proyectos políticos y señala el riesgo de que estructuras vinculadas con actividades ilícitas busquen influir en la política.

En la historia reciente existen antecedentes que alimentan esa preocupación, como el caso de Mario Estrada y la UCN, cuyo excandidato presidencial fue condenado en Estados Unidos por conspiración para importar cocaína y buscar apoyo de narcotraficantes para su campaña.

Ese antecedente no permite afirmar que las nuevas organizaciones tengan vínculos similares, pero sí muestra por qué el financiamiento y las redes detrás de los partidos constituyen un elemento que debe ser observado en cada proceso electoral. Otros partidos o figuras políticas han sido señalados y procesados, pero sin que existan sentencias judiciales de peso dictadas propiamente en Guatemala.

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¿Nueva política o reciclaje político?

La oferta que se construye para el 2027 combina nuevos nombres con dirigentes que ya tienen experiencia en elecciones, partidos, Congreso o gobiernos anteriores.

Eso no significa que toda organización nueva sea necesariamente una repetición de otra. Tampoco que la experiencia política sea negativa por sí misma. El punto que plantean los analistas es distinto: qué tan capaces son los partidos de renovar sus cuadros, construir proyectos colectivos y ofrecer diferencias políticas reconocibles.

Rumbo al 2027, la pregunta no será únicamente cuántos partidos llegarán finalmente a la papeleta, sino quiénes están detrás de ellos, de dónde vienen, qué proponen y qué tan diferentes son realmente de las organizaciones que los precedieron.

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Fuente original: Prensa Libre

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