Opinión: La IA requiere una estrategia en la empresa para generar valor
Incorporar herramientas no garantiza la transformación. Las organizaciones deberán alinear la tecnología con sus objetivos, fortalecer la gestión de datos y desarrollar nuevas capacidades.
Mientras muchas empresas se preguntan qué herramienta de inteligencia artificial implementar, la pregunta realmente importante sigue siendo otra: ¿qué desafío estratégico buscan resolver? La inteligencia artificial ya transforma la forma en que las organizaciones operan, toman decisiones y compiten. Para Guatemala, el mayor reto no es tecnológico, sino estratégico.
Durante los últimos dos años, hemos visto un crecimiento acelerado en el uso de herramientas de inteligencia artificial en las organizaciones. Desde asistentes para redactar documentos hasta soluciones para automatizar procesos, analizar información o desarrollar software, esta tecnología ya forma parte del día a día de miles de profesionales.
Pero existe una diferencia importante entre utilizar inteligencia artificial y transformarse por medio de ella.
La primera ocurre cuando una organización incorpora herramientas para aumentar la productividad individual. La segunda implica repensar procesos completos, redefinir modelos operativos, fortalecer la gestión de datos y desarrollar nuevas capacidades para competir en un entorno cada vez más digital.
La mayoría de las empresas guatemaltecas todavía se encuentra en la primera etapa. Esto no significa necesariamente que estén rezagadas. Muchas organizaciones están en un proceso de exploración y aprendizaje, algo habitual en la adopción de nuevas tecnologías. El desafío es que esa incorporación suele ocurrir de forma aislada, sin una estrategia integral ni una visión clara de cómo la inteligencia artificial transformará el negocio en los próximos años.
Es precisamente ahí donde aparece uno de los principales riesgos. Durante décadas, el temor empresarial fue quedarse atrás frente a los cambios tecnológicos. Hoy, el riesgo comienza a ser otro: avanzar demasiado rápido sin una dirección clara.
Observamos organizaciones que incorporan inteligencia artificial porque sienten presión del mercado, porque sus competidores lo hacen o porque existe una percepción de urgencia. Sin embargo, pocas han definido con claridad qué problema buscan resolver, cómo medirán el valor generado o qué capacidades necesitarán desarrollar para sostener esa transformación.
Uno de los errores más comunes consiste en comenzar por la tecnología, en lugar del negocio. La pregunta no debería ser qué herramienta de inteligencia artificial comprar, sino qué desafío estratégico se desea resolver. Las organizaciones deberían preguntarse si buscan aumentar las ventas, mejorar la experiencia del cliente, reducir costos operativos, optimizar la gestión de riesgos o desarrollar nuevos productos y servicios. A partir de esas respuestas, será posible identificar las soluciones tecnológicas más adecuadas.
Las organizaciones que parten de estas preguntas suelen encontrar oportunidades mucho más relevantes que aquellas que simplemente incorporan tecnología por tendencia.
El reto de la gobernanza
A esto se suma un desafío igualmente relevante: la gobernanza. Muchas empresas ya utilizan inteligencia artificial sin haber definido políticas claras sobre el uso de datos, la privacidad, la seguridad de la información, la validación de resultados o la supervisión humana. Esto es relevante porque la inteligencia artificial no solo amplifica capacidades; también puede amplificar riesgos.
La confianza de clientes, inversionistas y reguladores dependerá de la capacidad de las organizaciones para utilizar estas herramientas de forma transparente, responsable y con mecanismos adecuados de supervisión. Por ello, la conversación ya no debe centrarse únicamente en lo que la inteligencia artificial puede hacer, sino también en cómo se gobierna, quién supervisa sus resultados y qué mecanismos existen para gestionar los riesgos asociados.
También es importante superar la percepción equivocada de que la inteligencia artificial es, principalmente, un proyecto tecnológico. En realidad, es un proceso de transformación organizacional.
Las organizaciones más exitosas no serán necesariamente aquellas que tengan acceso a los algoritmos más avanzados. Serán aquellas que logren desarrollar las capacidades, la cultura y el liderazgo necesarios para integrar estas herramientas en la toma de decisiones cotidianas.
Esto implica invertir en capacitación continua, fortalecer las habilidades digitales, promover la adaptación al cambio y preparar a los equipos para colaborar con sistemas cada vez más inteligentes. En otras palabras, la verdadera ventaja competitiva no estará en la tecnología, sino en las personas.
Los frentes en el negocio
Por eso, las empresas que quieran generar valor real mediante la inteligencia artificial deberían avanzar simultáneamente en varios frentes: comprender mejor la tecnología y sus implicaciones, definir una visión estratégica de largo plazo, priorizar casos de uso con impacto medible, fortalecer la gobernanza de los datos, invertir en talento e implementar principios claros de inteligencia artificial responsable.
La oportunidad para Guatemala es enorme, especialmente en sectores clave de la economía, como la manufactura, la agroindustria, el comercio, la banca, la logística, los servicios profesionales y los centros de servicios compartidos. La inteligencia artificial puede convertirse en un acelerador de la productividad, fortalecer la competitividad de las empresas en mercados locales e internacionales y permitir que organizaciones medianas y pequeñas compitan en igualdad de condiciones con compañías de mayor tamaño. Sin embargo, esta oportunidad no se materializará automáticamente.
La historia demuestra que las tecnologías transforman los mercados, pero son las decisiones empresariales las que determinan quiénes capturan el valor.
La inteligencia artificial dejará de ser una ventaja competitiva para convertirse en un requisito básico para participar en los mercados. Cuando ese momento llegue, la diferencia no estará en quién haya adquirido más tecnología, sino en quién haya desarrollado antes la estrategia, el talento y el liderazgo necesarios para aprovecharla de forma responsable y generar valor sostenible.
La mejor inversión que una empresa guatemalteca puede hacer hoy en inteligencia artificial no es comprar una herramienta; es prepararse para transformar su negocio.
Daniel Quezada Cujcuy, director ejecutivo de Technology Consulting, EY
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