Partido Republicano busca alejarse de Donald Trump tras derrota electoral, pero enfrenta obstáculos
Tras la derrota electoral en Estados Unidos, sectores republicanos plantean un cambio de rumbo, mientras Donald Trump conserva poder sobre las bases y las primarias.
Durante los últimos 11 años, los dirigentes republicanos han hablado, unas veces abiertamente y otras en privado, sobre la posibilidad de distanciarse de Donald Trump y apartar al partido de su influencia.
Algunos instaron públicamente a los votantes a no apoyar al candidato republicano en el 2016. Otros votaron a favor de someterlo a juicio político después de que sus afirmaciones falsas sobre un supuesto fraude electoral alentaran a una multitud a atacar el Capitolio de Estados Unidos el 6 de enero del 2021.
También hubo quienes intentaron disputarle la candidatura presidencial republicana en las primarias del 2024. Sin embargo, durante todos esos episodios, el control de Trump sobre el partido y la identificación de la organización con su figura no hicieron más que fortalecerse.
Ahora, mientras los republicanos asimilan la histórica derrota en las elecciones de medio mandato del martes, las voces que piden apartar a Trump de la política conservadora resuenan con más fuerza que en cualquier otro momento desde su primera candidatura presidencial.
Pero el Partido Republicano se ha transformado durante la última década a imagen del presidente hasta un punto antes inimaginable. Sus dirigentes y activistas descubren que construir un partido para la era posterior a Trump resulta mucho más complicado de lo que parece.
“Es como el horizonte de sucesos de un agujero negro”, dijo un estratega republicano que solicitó el anonimato para hablar con franqueza sobre los resultados electorales y el futuro del partido.
“Trump ejerce una enorme influencia. Y más allá de eso, sabes que las cosas van a ser diferentes, pero no sabes cómo serán”.
El estratega, partidario de la agenda de Trump y del movimiento MAGA, afirmó que los republicanos deberán encontrar la manera de reducir la influencia del presidente sobre el partido. Sin embargo, reconoció que ese proceso planteará desafíos filosóficos, políticos e incluso logísticos.
Entre ellos mencionó la organización de la Convención Nacional Republicana, prevista dentro de dos años.
“¿Tolerará Trump no ser el último orador en la Convención Nacional Republicana? Creo que es una incógnita”.
Una derrota que reabre el debate
Las elecciones de esta semana pusieron de manifiesto que Trump y su programa para el segundo mandato representan ahora una importante desventaja electoral para los republicanos.
El partido perdió cargos estatales que antes se consideraban prácticamente inexpugnables en bastiones conservadores como Texas, Iowa y Kansas.
Incluso podría perder en Mississippi, donde un candidato demócrata al Senado mantenía una estrecha ventaja el jueves por la noche, mientras continuaba el recuento de votos.
Las derrotas republicanas, las peores sufridas por un partido en unas elecciones de medio mandato desde los comicios posteriores al escándalo Watergate de 1974, se atribuyen en gran medida al descontento de los votantes con la gestión de Trump.
Entre los motivos figuran la invasión de Irán, la incapacidad para controlar la inflación y las dudas sobre el enriquecimiento de familiares y allegados del presidente.
“Podemos decir, sin hipérbole ni regodeo: este es el fin de la era Trump”, declaró el miércoles Tucker Carlson, presentador de pódcast y antiguo aliado y adversario de Trump.
Carlson afirmó que “no habrá vuelta atrás en una generación” respecto del daño que, a su juicio, el presidente ha causado al Partido Republicano.
Sin embargo, los mecanismos de poder que Trump ha construido a su alrededor, y que han preservado su posición pese a una serie de escándalos y fracasos de gestión que muchos consideraban capaces de poner fin a su carrera, no han cambiado.
Trump encabeza una poderosa estructura de financiamiento electoral, MAGA Inc., que ha recaudado casi US$450 millones durante este ciclo y que, a mediados de octubre, disponía de más de US$164 millones.
Pese a algunas voces críticas, como la de Carlson, conserva el respaldo de la mayoría de los medios de comunicación conservadores.
Importantes instituciones de derecha también se han alineado explícitamente con su movimiento, al igual que una nueva generación de asesores y activistas republicanos.
Para estos últimos, la combinación de nativismo, populismo y peculiares memes de internet que caracteriza la política de Trump se ha convertido en la expresión habitual de la centroderecha estadounidense.
El control de Trump sobre el partido
Quizás lo más importante sea que, pese a sus bajos índices de aprobación, Trump ha conservado hasta ahora su capacidad para conectar con las bases republicanas e influir en los resultados de las elecciones primarias.
Esa influencia tuvo consecuencias para el partido el martes, cuando candidatos seleccionados por Trump sufrieron derrotas en las elecciones generales de Carolina del Sur, Carolina del Norte y Texas.
A principios de este año, Trump también respaldó con éxito a rivales de legisladores estatales de Indiana que se oponían a su propuesta de rediseñar los distritos electorales del estado para favorecer a los republicanos. Esos rivales ganaron las primarias.
Estos episodios forman parte de un proceso gradual mediante el cual Trump ha reducido la resistencia significativa a sus prioridades dentro del Partido Republicano.
Como consecuencia, quedan pocas figuras con suficiente credibilidad política para defender una agenda distinta de la suya.
Ese grupo se reducirá todavía más cuando el nuevo Congreso asuma sus funciones en enero.
De los siete senadores republicanos que votaron a favor de condenar a Trump durante su segundo juicio político en el 2021, únicamente Lisa Murkowski, de Alaska, continuará en el cargo.
“Nunca habíamos visto a una figura política dominar un partido hasta el punto en que lo ha hecho Trump en los últimos 10 años, y mucho menos en la época moderna”, declaró Bob Good, excongresista republicano de Virginia.
Good respaldó al gobernador de Florida, Ron DeSantis, en las primarias presidenciales del 2024. Como consecuencia, fue apartado políticamente dentro del partido, y Trump respaldó a un rival que lo derrotó en las primarias.
“Trump es el partido. El partido es Trump. Trump es la agenda. La agenda es Trump”.
Por esa razón, Good considera difícil imaginar cómo sería la política republicana sin el actual presidente.
“Creo que hoy en día es muy difícil decir qué representa el partido”.
Dos visiones sobre el futuro republicano
Don Bacon, congresista republicano moderado de Nebraska que dejará su escaño después de la victoria de un demócrata esta semana, considera que el partido necesita recuperar parte del consenso ideológico que Trump intentó alterar.
Esto incluye una postura firme frente a los adversarios internacionales y “los principios de libre mercado de Reagan”.
Bacon ha criticado los aranceles impuestos por el Gobierno de Trump.
A su juicio, figuras como la exgobernadora de Carolina del Sur Nikki Haley, quien compitió sin éxito contra Trump en el 2024; el gobernador de Georgia, Brian Kemp, y el exgobernador de Virginia Glenn Youngkin podrían representar esa tradición republicana en las elecciones presidenciales del 2028.
Sin embargo, otros dirigentes y activistas, más cercanos a la corriente populista que domina actualmente la derecha estadounidense, dudan de que el futuro del partido esté en un conservadurismo más moderado, cercano al sector empresarial y dispuesto a recuperar las formas tradicionales de la política republicana.
“Lo que esa facción del partido está proponiendo no tiene apoyo popular”, declaró un exfuncionario del primer Gobierno de Trump, quien solicitó el anonimato para hablar con franqueza sobre la gestión del presidente.
Según el exfuncionario, sería un error interpretar los resultados de las elecciones legislativas como un rechazo a los principales componentes de la agenda populista de Trump, entre ellos las restricciones migratorias y el proteccionismo económico.
En su opinión, los votantes expresaron su descontento porque el presidente se apartó de esas prioridades.
“Creo que la reprimenda aquí es que pedimos ‘Estados Unidos Primero’, y nos dieron esta tontería de ‘los oligarcas primero’, de filigrana de oro en la Oficina Oval”, afirmó.
La posición de J.D. Vance
El vicepresidente J.D. Vance, a quien muchos consideran un posible sucesor de Trump al frente del Partido Republicano, parece haber optado por reafirmar la agenda declarada del presidente mientras cuestiona de manera indirecta algunas de sus decisiones.
En una extensa publicación en X, un día después de las elecciones, Vance atribuyó los resultados republicanos a la guerra con Irán, aunque mantuvo una actitud de deferencia hacia el mandatario que decidió iniciarla.
“La razón por la que perdimos es la guerra. El propio presidente lo dijo anoche”, escribió J.D. Vance.
“
Curt Mills, aliado de Vance y director ejecutivo de la revista The American Conservative, considera que los conservadores interesados en definir el futuro del partido podrían adoptar alguna variante de ese equilibrio durante los próximos dos años.
Lo describió como “mantener los principios, oponerse a la guerra y apoyar tácitamente a Trump”.
“No creo que vayan a destituir a Trump”, dijo Mills.
Pese a los resultados electorales de esta semana, añadió: “Trump es la chica con la que fuimos al baile”.
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