Por qué están cerrando miles de empresas en Argentina y qué dice de la economía en la era Milei
El fenómeno contrasta con el crecimiento económico de Argentina y plantea dudas sobre la solidez y alcance de esa expansión.
De visita en Nueva York hace unos días, el presidente de Argentina, Javier Milei, dijo que no ve “ningún problema” con el crecimiento económico del país.
Lo dijo en respuesta a los temores de que el país pueda encaminarse hacia una “recesión técnica”, un fenómeno que ocurre cuando hay dos trimestres seguidos de contracción económica.
Es que la primera mitad de este año estuvo marcada por alzas y bajas que aumentaron la sensación de fragilidad, aunque al comparar el primer semestre con el mismo período del año anterior, el Producto Interno Bruto siguió creciendo a un ritmo de 2,2%.
A pesar de la expansión económica y un drástico recorte de la inflación desde más de 211% -cuando inició su mandato- hasta 33,5%, el costo social de las políticas de shock aplicadas por el gobierno ha dejado cicatrices.
Uno de cada tres argentinos vive en la pobreza; el desempleo bordea el 8%, mientras los ingresos y el poder de compra real de la población siguen rezagados respecto a la inflación.
Una de las cosas que más les preocupa a los argentinos es la precarización del empleo, que ha llevado a muchas personas a trabajar de manera informal —sin ningún contrato, ni seguridad social— y a endeudarse mucho más allá de su capacidad de pago.
La morosidad afecta a cerca de un tercio de los que han pedido crédito, y muchos todavía no ven reflejada en sus bolsillos la reactivación económica que el Milei prometió.
Mientras tanto, los salarios caen en relación al costo de la vida, los servicios básicos cuestan más —tras el recorte de los subsidios— y gran parte de la manufactura local se ha visto afectada por la apertura de las importaciones, que puso fin a una larga historia de políticas de protección de la industria nacional.
En medio del debate sobre la fractura que existe entre las buenas cifras macroeconómicas y la vida diaria de la mayoría de la población, Milei calificó como una “estupidez” la afirmación de que el 80% de los argentinos no llega a fin de mes.
“¿De qué van a vivir, del aire? ¿Qué van a comer, aire? ¿Qué van a beber, aire?”, dijo a comienzos de septiembre en la Convención Anual del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas en Puerto Iguazú.
Y desestimó las críticas por el aumento de las deudas impagas.
“La realidad es que cuando el crédito privado pasa de ser prácticamente inexistente a expandirse al ritmo que se está expandiendo, es matemática de primer grado que la mora va a subir en la transición, es un resultado natural”, aseguró.
En el sector empresarial han surgido ganadores y perdedores.
El crecimiento ha sido liderado por sectores como la minería, la energía, el agro y las actividades bancarias (intermediación financiera), mientras que el comercio y la industria lo han estado pasando mal este año, según se desprende de los últimos informes del Banco Central de la República Argentina (BCRA).
Por eso se habla de una economía a dos velocidades o incluso de un país con dos economías paralelas.
Y entre las empresas que han enfrentado dificultades, son las pequeñas y medianas las que han sufrido los embates más duramente.
Según el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), con datos disponibles hasta junio, 31.342 compañías han cerrado desde que Milei llegó a la Casa Rosada en diciembre de 2023, equivalente a alrededor de un 6% del total.
Esa estimación, que la organización actualiza mensualmente, es elaborada con la información que entrega la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), utilizando datos provenientes del sistema de seguridad social, dado que no existe un cifra oficial que informe específicamente sobre la apertura y el cierre de empresas en el país.
“Tuve que cerrar”
Pequeños comerciantes como Alejandro Marchizotti han vivido la dura experiencia de tener que cerrar sus puertas.
Pese a todos los intentos que hizo para rescatar su negocio de hamburguesas Hupa San Andrés, la situación se volvió insostenible. “El negocio anduvo bien hasta que bajó muchísimo el consumo y tuve que cerrar”, le dice a BBC Mundo.

A comienzos de 2024 comenzó a tener los primeros problemas. Vendía poco, le costaba pagarles el sueldo a los empleados, tuvo que pedir un crédito, luego otro, pero no conseguía salir a flote.
“Llegué a tener cinco empleados y terminé con uno solo”, cuenta Marchizotti. La escasez de clientes llegó a un punto en que el proyecto se hizo inviable. A eso se sumó la subida del precio de tarifas como la luz y el gas y el costo de los alquileres”, cuenta.
La ausencia de empleos formales y la proliferación de trabajos precarios, dice, le jugaron en contra: “Echan a la gente y dejás de comprar porque no te alcanza, yo lo viví”.
Terminó cerrando la hamburguesería a fines de mayo y se plantea el futuro con incertidumbre. “Estoy angustiado porque ya tengo 63 años y se complica conseguir un trabajo en relación de dependencia, es muy difícil”, apunta.
Por ahora, se dedica a llevar pasajeros en una aplicación de transporte.

Aunque la experiencia de Marchizotti se repite entre los emprendedores de menor tamaño, hay otras grandes compañías más orientadas a la exportación que están en una buena posición, como lo dejan en evidencia el tipo de crecimiento económico y los datos del Banco Central.
“El problema es que le está yendo mal a los sectores que generan más empleo”, le explica a BBC Mundo Hernán Letcher, director del CEPA.
El cierre de empresas se debe, desde su perspectiva, a una combinación de varios factores, como la caída del consumo, la disminución de los salarios reales, el aumento de las tarifas básicas y, por cierto, el gran caudal de importaciones que ha ingresado al país.
“Se te achicó la torta. Y esa torta que ahora es más chica, se comparte con nuevos jugadores que importan”, argumenta.
Durante el actual gobierno, la industria manufacturera ha sido la más afectada en términos de pérdida de puestos de trabajo.
Las fábricas locales se quejan de dificultades para competir frente al masivo ingreso de productos extranjeros a menor costo, que —según argumentan— están “destruyendo” la industria nacional.
La Unión Industrial Argentina (UIA) ha planteado que, pese a los avances logrados por Milei en materia de estabilidad macroeconómica, el sector está pasando por una “crítica” situación con alta presión fiscal y dificultades para financiarse.
Asimismo advirtió que la transición hacia un nuevo esquema económico implica un proceso de adaptación profundo que “no es homogéneo ni inmediato”.

Frente a los cuestionamientos, Milei ha declarado que muchas de las empresas que cierran están conformadas por apenas una sola persona, desestimando el efecto en el empleo.
El ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, anunció hace algunas semanas que durante la actual gestión se crearon más de medio millón de puestos de trabajo, basándose en datos del Instituto Nacional de Estadística.
La afirmación impulsó el debate sobre el mercado laboral argentino y puso nuevamente sobre la mesa la pregunta sobre la calidad de los trabajos que se han creado.
Economistas han estado advirtiendo en los últimos meses que al escarbar los detalles de la creación de empleo, sale a la luz que en realidad el empleo formal ha caído y lo que ha aumentado son los trabajos informales (sin ningún contrato ni seguridad social) y el cuentapropismo, es decir, el autoempleo.
Cuando le preguntaron a Milei en Nueva York por el tema del trabajo, el presidente argentino reconoció que la creación de empleo ha dado un giro.
“Lo que sucede es que estos puestos de trabajo se están dando en el sector informal. Entonces, hay contracción en el sector formal y hay expansión en el sector informal. En el neto es expansivo”, dijo el mandatario.
El fenómeno, relacionado con el cierre de empresas y el crecimiento desigual entre los sectores productivos y las regiones del país, es un punto de gran controversia sobre el cual Milei ha sido bastante claro en su postura: “A los que les va peor, si no se adaptan, quiebran”.
Ganadores y perdedores
La minería, la energía y la agricultura, considerados el motor del crecimiento económico de Argentina, están ingresando un récord histórico de dólares al país, una pieza clave de la actual administración para cumplir con sus metas monetarias y fiscales, y mantener la estabilidad económica.
Milei ha defendido una transición hacia sectores capaces de generar divisas de manera masiva, apoyándose en un régimen de incentivos a las grandes inversiones en proyectos vinculados al gas, al petróleo, al litio y a los minerales críticos, con compromisos de inversión por miles de millones de dólares.

En ese contexto, el cierre de empresas consideradas no competitivas y la pérdida de empleos formales en el sector privado no parecen ser un dolor de cabeza para el gobierno, según algunos expertos.
“Este es un gobierno que está más preocupado por la estabilidad macroeconómica, y en la Argentina eso hay que leerlo como tener dólares suficientes y todo lo demás le preocupa poco”, asegura Letcher.
Guido Zack, director del área económica del centro de estudios Fundar y profesor de la Universidad Nacional de San Martín (Unsam), también argumenta que no es suficiente con acumular dólares, incentivando el desarrollo de solo una parte de la economía.
El economista está de acuerdo con la idea de la apertura comercial para que las empresas argentinas compitan con el resto del mundo en el mercado interno y externo, pero le preocupa la manera en que se está haciendo.
“Hay que abrir la economía, pero hay que abrirla en igualdad de condiciones”, le dice a BBC Mundo, y afirma que muchas empresas extranjeras pagan menos impuestos que las argentinas.
“El gobierno abre la economía con la cancha nivelada a favor de las empresas extranjeras y eso es una sentencia de muerte para muchas empresas nacionales”, argumenta Zack, señalando una de las razones que han contribuido al cierre de negocios.
Otras causas que han acelerado el cierre de empresas, agrega, son la apreciación del tipo de cambio, o el aumento en los costos logísticos y de financiamiento, en un entorno económico muy duro.
Con un dólar alto, impuestos elevados y financiamiento costoso, se les ha hecho muy difícil competir, dice el economista: “Solo crece la parte de la economía vinculada a las materias primas y estamos frente al mayor cierre de empresas en más de 20 años”.

No comparte esa visión el economista Miguel Boggiano, fundador y director de la firma CDI Capital. “Es inexacto decir que no están creciendo todos los sectores de la economía”, le comenta a BBC Mundo.
Si bien es cierto que la energía, la minería y el agro han tenido un mayor crecimiento, otros también lo han hecho, asegura citando los datos del Informe de Política Monetaria (IPOM) publicado trimestralmente por el Banco Central.
Sobre el cierre de más de 30.000 empresas durante el gobierno de Milei, el Boggiano afirma que ese número es “engañoso”.
“Si el crecimiento está en un máximo histórico, ¿cómo puede ser que se estén destruyendo tantas empresas?”, pregunta. “Parece un número gigantesco, pero en realidad las empresas que han cerrado son un montón de compañías que tienen uno o dos empleados”.
“Yo creería que es un número que se ha utilizado más que nada para atacar al gobierno, para mostrar que hay una enorme destrucción de empleo, pero eso no es así”, completa.

Lo importante, para el economista, es que el país está viviendo un enorme cambio estructural. Un cambio que apunta al crecimiento de industrias orientadas a la exportación siguiendo la tendencia del comercio internacional.
Las empresas que han cerrado, sostiene Boggiano, suelen ser negocios o sectores que en gobiernos anteriores se financiaban con emisión monetaria, es decir, imprimiendo billetes y aumentando la inflación. “Esos sectores que se financiaban con políticas populistas son ahora los más golpeados”, sentencia.
En el actual modelo, ya no hay espacio para asistir a las empresas a través de la emisión monetaria, afirma. “El gobierno se encarga de la macroeconomía, se encarga de nivelar la cancha, de ir bajando impuestos en la medida que puede, y para lograr eso tiene que bajar gastos”, añade.
Y, según él, las provincias también tienen que bajar la carga tributaria a las empresas, algo que depende de los gobiernos locales en cada región y no del gobierno central.
Mirando el futuro, su perspectiva es que muchas de las compañías que pertenecen a los sectores productivos, que ahora están pasando por momentos difíciles, se irán recuperando lentamente en la medida que los salarios le vayan ganando a la inflación.
“Por eso es clave que la inflación se siga manteniendo baja”, dice Boggiano.
El debate sobre el cierre de empresas, la pérdida de empleos formales, el endeudamiento y el costo de la vida seguirá abierto —especialmente a partir de octubre, cuando está previsto que entre en vigencia el aumento pendiente de impuestos a los combustibles.
Y es probable que se intensifique mucho más el próximo año, cuando los argentinos vayan a las urnas en las próximas elecciones presidenciales.
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