Ricardo Hernández convirtió a Pepito en una herramienta social

Ricardo Hernández convirtió a Pepito en una herramienta social

Pepito nació como una forma de acercarse a jóvenes y terminó acompañando durante casi dos décadas a niños, adolescentes y familias.

20 septiembre 2026
0

Ricardo Adalberto Hernández Oajaca convirtió a “Pepito” en una herramienta para trabajar con niños, adolescentes y familias. Una de las historias que más lo marcó fue la de Junior, un niño a quien esperaba ver graduarse y que años después fue asesinado.

En el 2012, frente a una cámara de Prensa Libre TV, Ricardo Adalberto Hernández Oajaca habló de Junior.

Lo había conocido cuando tenía seis años. Otros lo consideraban conflictivo y malcriado. Hernández trató de verlo de otra manera: detrás de su carácter fuerte, dice ahora, había un niño que pedía ayuda sin saber cómo hacerlo.

En aquella entrevista expresó un deseo sencillo: esperaba verlo graduarse.

No ocurrió.

Junior creció y, después de dejar atrás la adolescencia, fue asesinado en la zona 21. Según Hernández, otros jóvenes lo confundieron.

Catorce años después de aquel video, su muerte continúa entre las experiencias que más han marcado al politólogo y reforzó una convicción que lleva a su trabajo con la niñez: antes de señalar a un niño por su comportamiento, hay que mirar lo que ocurre alrededor de él.

La familia, la pobreza, la violencia y las carencias, sostiene, también forman parte de la historia.

Junior le enseñó que el regaño y la confrontación no siempre son la respuesta. Durante el tiempo que lo acompañó procuró darle atención, protagonismo y afecto.

Esa idea también está detrás de un personaje que nació mucho antes de aquella pérdida. Se llama Pepito.

Ricardo Hernández ofrece apoyo a niños, adolescentes y adultos en situaciones vulnerables. (Foto Prensa Libre: Cortesía Ricardo Hernández).

Un lápiz labial y una forma de acercarse

El origen fue improvisado.

Hernández trabajaba con jóvenes que vivían en la calle y no conseguía que le prestaran atención. Preguntándose qué podía hacer para acercarse a ellos, pidió prestado un lápiz labial a una amiga y se pintó el rostro.

Funcionó.

De aquel intento comenzó a tomar forma Pepito, nombre inspirado en el personaje travieso de los chistes: el niño que responde, contradice y se atreve a decir aquello que otros callan.

Lo que empezó como una estrategia para romper la distancia se transformó con los años en una herramienta para hablar de derechos, participación ciudadana, convivencia y problemas familiares.

Actualmente, Hernández aparece en el Registro Nacional de Artistas bajo el nombre artístico Movimiento RIHEPEPITO “pepito”.

El personaje está cerca de cumplir dos décadas.

Pepito, interpretado por el politólogo Ricardo Hernández, comparte con niños guatemaltecos desde hace más de 20 años.

Del trabajo social a las políticas públicas

Ricardo Adalberto Hernández Oajaca nació el 24 de febrero de 1980 en Chiquimula y actualmente vive en la Ciudad de Guatemala.

Estudió Ciencia Política y posteriormente amplió su formación con una especialización en elaboración de políticas públicas, cursada con una fundación de Santiago de Chile; otra sobre empoderamiento económico de las mujeres en Corea del Sur, y una más relacionada con las heridas de la niñez y sus repercusiones en la edad adulta.

Actualmente comienza estudios de maestría en Derecho Constitucional.

En el ámbito profesional presta servicios técnico-profesionales a entidades gubernamentales y trabaja con funcionarios vinculados con temas de niñez, adolescencia, juventudes y mujeres. Recientemente comenzó a asesorar a la diputada Ivana Bonilla, representante por Chiquimula.

También continúa vinculado con la Organización para el Desarrollo Integral y Sostenible de Oriente Guatemala, donde trabaja en planes, programas y proyectos.

Pero en sus días libres vuelve a los niños. Y muchas veces vuelve convertido en Pepito.

Los niños crecieron

El paso del tiempo produjo algo que Hernández no imaginaba cuando comenzó.

Algunos de aquellos niños y adolescentes con quienes trabajaba hace más de una década hoy son padres, madres, tíos o tías.

Ahora conoce a sus hijos.

Es una segunda generación de familias vinculadas con programas de acompañamiento social.

Uno de esos niños, identificado como Juan Pablo para proteger su identidad, tiene 12 años y participa en Mis primeros pasos de gigante, un programa de reforzamiento escolar que actualmente funciona en espacios facilitados por la iglesia de Santo Domingo.

Tiene un promedio de 82 puntos en una escuela pública.

Hernández considera que historias como la suya muestran qué puede ocurrir cuando el acompañamiento no termina después de una actividad o una entrega de ayuda.

El contraste con Junior resulta inevitable.

Uno murió antes de alcanzar aquello que Ricardo había imaginado para él.

El otro crece mientras recibe acompañamiento educativo.

Pepito, interpretado por Ricardo Hernández, también ofrece actividades para mujeres en situaciones vulnerables. Foto Prensa Libre: Cortesía Ricardo Hernández.

Pepito también comenzó a trabajar con los adultos

Con los años, Hernández llegó a otra conclusión: muchas de las dificultades que encontraba en los niños no podían comprenderse sin mirar a los adultos.

Pepito dejó entonces de dirigirse únicamente a los menores.

En sus actividades utiliza juegos y canciones que padres y madres escucharon durante su infancia, entre ellas piezas asociadas con Cri-Cri o Enrique y Ana. La intención es que recuerden cómo se sentían cuando eran niños y, desde esa experiencia, reflexionen sobre la relación que mantienen con sus propios hijos.

Desde hace más de siete años, al final de cada año participa también en una gira junto con un personaje de Santa Claus.

Pero las cartas que escriben los niños no se concentran únicamente en regalos.

Las dirigen a sus padres.

En ellas cuentan lo que vivieron durante el año, expresan lo que sienten y, según Hernández, en algunos casos han relatado situaciones de violencia dentro del hogar.

El juego termina entonces convertido en una vía para escuchar aquello que un niño quizá no había podido decir de otra manera.

El año en que pensó abandonar

En el 2020, Hernández estuvo cerca de dejar la labor social.

La pandemia lo encontró sin empleo y con la misma incertidumbre que enfrentaban miles de familias.

Mientras tanto, las restricciones colocaron en una situación aún más difícil a personas que vivían en la calle. Hernández y otros líderes sociales comenzaron a gestionar apoyo y espacios temporales para atenderlas.

En medio de esa etapa, una mujer de la línea del tren notó un día su preocupación mientras repartían comida.

“Mire, papadito, no se preocupe. Yo voy a ir a ver cómo consigo el dinero y vamos a comerlo todos juntos”, le dijo.

Horas después volvió con alimentos.

El gesto modificó algo.

Hernández pensaba que estaba allí para ayudar, pero aquella mujer terminó ayudándolo a él.

Decidió continuar.

La pandemia también amplió su mirada hacia otra población: las mujeres en situación de calle. En el 2026, la organización con la que trabaja se involucró en un estudio sobre derechos sexuales y reproductivos de estas mujeres, con la intención de visibilizar una realidad sobre la cual, sostiene, todavía existen pocos datos oficiales en Guatemala.

En el 2020, Hernández estuvo cerca de dejar la labor social. Foto Prensa Libre: Cortesía Ricardo Hernández.

Un Ricardo distinto

El hombre que hoy mira aquel video del 2012 reconoce cambios. Dice haberse vuelto más directo frente a quienes toman decisiones.

Su experiencia en espacios relacionados con niñez y adolescencia y el trabajo con instituciones públicas lo llevó a cuestionar respuestas que, según considera, se quedan en documentos mientras las necesidades continúan en las comunidades.

Su argumento es sencillo: los niños necesitan más que planes escritos. Necesitan agua, alimentación, ropa, educación, acompañamiento y oportunidades.

Pepito, en cambio, conserva algo de aquel primer día. Todavía aparece cuando una comunidad lo llama.

Todavía utiliza el juego para conseguir atención. Y todavía carga con historias como la de Junior.

Aquel niño al que Ricardo Hernández esperaba ver graduarse ya no está. Pero su recuerdo permanece detrás de una pregunta que, casi dos décadas después de crear a Pepito, sigue orientando su trabajo: qué está intentando decir un niño cuando los adultos solo ven en él un problema.

Fuente original: Prensa Libre

Comentarios (0)

Sé el primero en comentar este artículo.

Debes iniciar sesión para poder comentar.

Iniciar sesión