Santiago de León, el piloto guatemalteco que convierte sus sueños en velocidad
Con esfuerzo, disciplina y el respaldo de su familia, Santiago de León ha convertido su pasión por la velocidad en una historia que lleva el nombre de Guatemala a las pistas internacionales.
Con su uniforme de piloto puesto y el casco que él mismo diseñó entre las manos, Santiago de León habla de Fórmula 1 con la seguridad de quien ya tiene trazado el camino que quiere recorrer. A sus 12 años, el pequeño piloto guatemalteco lleva consigo mucho más que un equipo de competencia: en su corazón y en su mente lleva a Guatemala, el país que sueña con representar algún día desde la pista más importante del automovilismo mundial.
Antes de llegar al automovilismo probó otros deportes, como futbol y natación, pero ninguno consiguió despertar en él la misma emoción. Todo cambió cuando, junto a su papá, vio una carrera de Fórmula 1.
“Yo estaba viendo junto a mi papá deportes, porque intentaba buscar alguno para hacer. Intenté varios, pero no me gustaron hasta que me salió uno de Fórmula 1 y poco a poco me obsesioné. Me encantó eso de la velocidad”, recuerda.
Fue entonces cuando preguntó cómo podía llegar a la máxima categoría. La respuesta lo llevó al kartismo y, desde el 2024, Santi se inició en el automovilismo. Su objetivo quedó definido: “Ser el primer guatemalteco en llegar a la Fórmula 1 y ser campeón”.
Sus primeros pasos los dio en Guatemala. Al llegar al equipo Camari Racing y subirse por primera vez a un kart, encontró una sensación que todavía lo acompaña.
“Cuando me subí tenía muchos pensamientos y después se desvaneció todo eso. En los primeros días de práctica se sentía la adrenalina y entonces me empezó a gustar más esto del automovilismo. Quería más, más y más”, cuenta.
Ese deseo lo llevó hasta Europa. Una oportunidad surgida en un campamento de verano en Italia le permitió mostrar sus condiciones y posteriormente integrarse al equipo Baby Race Driver Academy, con el que comenzó a competir en ese país.
Hoy, viajar entre Guatemala e Italia forma parte de su rutina, pero el objetivo permanece intacto. “Yo solo tengo una meta, y no solo es llegar a la Fórmula 1 y ser campeón, sino agarrar a Guatemala y llevarlo lo más alto posible para representar a mi país”, destaca.
Un casco que cuenta su historia
Santiago sabe que el camino hacia la cima exige sacrificio. Entrenamientos, disciplina, concentración y una preparación constante son parte de su día a día, mientras aprende a superar los obstáculos que aparecen en el camino.
“Este deporte te pone algunos desafíos, obstáculos, y aun así sigo adelante. Tienes que tener mucha concentración, esfuerzo, mucho trabajo y yo sé que se tiene que hacer eso para llegar lejos. Por eso nunca me rindo”, menciona.
Una parte especial de esa historia está en su casco, diseñado por él mismo. En sus colores y figuras quiso reunir sus principales inspiraciones: Guatemala, el quetzal, el jaguar, la neurodiversidad y sus pilotos favoritos.
Entre ellos destaca Ayrton Senna, su gran referente. El diseño también tiene detalles inspirados en el legendario piloto brasileño, mientras que Charles Leclerc aparece como otra de sus influencias.

Dentro del auto, Santiago encuentra además una manera particular de transformar los nervios en energía.
“Al principio siento miedo, porque no sabría si sería una buena carrera o una mala carrera, pero luego, cuando me subo en el auto y empiezo a manejar, el miedo se quita. Siento emoción, algo dentro de mi corazón que quiere decir que siga adelante, incluyendo si las cosas parecen imposibles”.
El apoyo que lo impulsa
Detrás de cada carrera existe también un esfuerzo familiar. Sus padres han sido fundamentales para que pueda continuar desarrollando su carrera internacional.
“Desde que ellos se dieron cuenta de que yo quería ser piloto de automovilismo, me empezaron a ayudar y yo les agradezco mucho. Ellos trabajan y se esfuerzan mucho para que pueda hacer las carreras y yo, mientras tanto, me esfuerzo para llegar lo más lejos posible”.
Santiago también ha encontrado una forma de convertir sus propios desafíos en motivación. Santi, un niño neurodivergente dentro del espectro del autismo, reconoce que en algunos momentos debe trabajar más para mantener la concentración y organizar sus pensamientos, pero no quiere que esa circunstancia defina sus límites.

“Me ha hecho que el reto sea más difícil, ya que tengo que trabajar el doble, esforzarme más y enfocarme en algunas cosas. Poco a poco lo he estado arreglando para que no vaya a fallar en algún momento y seguir adelante, dándolo todo por mi país, por mi familia y, sobre todo, por mí”.
Su deseo, además de representar a Guatemala, es que su historia pueda servir para otras personas que enfrentan sus propios desafíos.
“Los sueños sí son difíciles, pero no significa que sean imposibles, ya que con esfuerzo, dedicación y trabajo puedes lograrlos y nada se te podrá interponer”.
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