“Si no lo puedo vivir, pues lo puedo escribir”: Ricardo Sumalavia en Guatemala
Experto en microrrelato y escritura creativa, el escritor peruano Ricardo Sumalavia visitó Guatemala y reveló a Prensa Libre qué lo llevó a cambiar la ingeniería por las letras.
Ricardo Sumalavia comenzó a estudiar Ingeniería Mecánica, pero luego descubrió que lo suyo era la literatura.
Encontró su pasión por la escritura en los sonetos del poeta peruano Martín Adán, que no comprendía, así como en la biblioteca del suegro de su hermana, donde pasaba horas cuando era niño. Pero, especialmente, en las historias que le contaba su padre. Al pensar que nunca podría vivir algo similar a él, se dijo: “Si no lo puedo vivir, pues lo puedo escribir”.
Entre cuentos y poemas surgieron sus primeros textos, que en 1993 motivaron la publicación de su primer libro, Habitaciones, al que le siguió una decena más.
Con más de tres décadas escribiendo, ha destacado, especialmente, en géneros de novelas, cuentos y microrrelatos que nacieron en su natal Perú, pero también en Corea del Sur y en Francia, donde vivió y se inspiró.
Experto en contar historias, fue invitado a Guatemala para compartir con jóvenes aprendices el arte de la escritura creativa y el microrrelato. En esta entrevista relata a Prensa Libre parte de su vida, obra y trayectoria.
¿En qué momento descubre su pasión por las letras?
Yo creo que fueron varios inicios. Cuando yo estaba en secundaria, murió un poeta peruano muy famoso, Martín Adán, y en un periódico de izquierda empiezan a publicar sus poemas. Mi padre compraba el diario y yo leía esos poemas pero no entendía nada, sin embargo, había algo que dejaba en mí que me llamó la atención: como estoy leyendo palabras que sé sus significados pero no entiendo qué están significando en el poema completo. Entonces, creo que intuitivamente me di cuenta del valor de la palabra, que la palabra puede decir más de lo que aparentemente dice.
También, cuando era niño, el suegro de una de mis hermanas mayores tenía una biblioteca muy amplia, rica en literatura, y cuando me quedaba algunos días, me gustaba tomar la enciclopedia y otros libros.
Además, mi padre fue una persona que era de izquierda y tuvo una vida muy intensa, muy compleja y yo admiraba todo lo que él había vivido, y yo decía: “yo nunca voy a tener la capacidad vital para hacer todo lo que él ha hecho”. Entonces dije, “Si no lo puedo vivir, pues lo puedo escribir.” Y es allí donde también me motivó a de alguna manera a través de la literatura satisfacer fantasías que en la vida diaria no iba a poder realizar.
Su gusto por la escritura lo hizo cambiar de carrera, ¿qué pasó?
Yo ingresé a la universidad para estudiar Ingeniería Mecánica. Hice dos años, y en el año 1987 me enviaron a hacer unas prácticas a una hidroeléctrica al norte del Perú. Estábamos en un campamento y en lugar de escribir los informes semanales que me pedían, empecé a escribir cuentos. Y claro, cuando llegó la hora de rendir cuentas y me pidieron los informes, que no los tenía, me dijo el Ingeniero, “mira lo tuyo no es la ingeniería, lo tuyo es la literatura”, (ríe). Eso me animó y cambié de carrera.
¿Fue una decisión difícil?
Fue muy difícil porque estábamos en plena crisis económica. En mi familia no había nadie vinculado a las letras, mis padres con mucho esfuerzo me estaban pagando los estudios para ser ingeniero, no para ser un escritor, para vivir de qué, y me decían en broma: “vas a tomar sopa de letras”. Era una situación incierta, y yo que era bastante tímido de joven que no se me hubiera ocurrido desobedecer una indicación materna o paterna, pero en ese momento sí fui firme. Creo que fue una de las decisiones más categóricas que tuve en mi vida y fue para bien.

¿De qué fueron sus primeros escritos?
Sobre todo, eran recreaciones de historias que me había contado mi padre. Básicamente, anécdotas que él había escuchado a su vez a mi abuelo, que no conocí, entonces me interesaba mucho: situaciones, historias muy reales y sociales.
¿Y cómo llegaron las primeras publicaciones?
Estaba en los primeros años de la universidad y tuve una novia que luego fue la madre de mis hijos y nos dijimos, ¿por qué no estudiamos algo juntos? Fuimos al Musuarte de Lima, ella escogió artes plásticas y yo escogí escritura creativa. En este lugar había una asociación literaria, Libro Abierto, que tenía una revista literaria. Me involucre con ellos, me pidieron que colabore con la revista y ahí publico mi primer cuento que era de corte fantástico. Eran sueños repetitivos, constantes. Al ver mi cuento publicado en 1990, ya me sentí escritor: dije “ya publiqué un cuento”. Continué escribiendo y luego publiqué mi primer libro en 1993.
Desde su primer libro, Habitaciones; hasta el más reciente, Antología de Carnaval; ¿qué ha buscado dejar en sus lectores?
Te confieso que no es que me haga la pregunta de qué les voy a dejar, porque suena un poco a “se los entrego y yo quedo fuera”. En cambio, me gusta la idea de seguir compartiendo, yo comparto con ellos y ellos comparten conmigo como lectores, como amigos, como gente cercana y lo que propicia un libro. Luego, ante todo, yo no me preocupo mucho en el texto, sino en lo que yo quiero expresar: desde algo alegre, algo que me seduzca, que me apasione o hasta el duelo.

Vivió en Corea del Sur y en Francia, ¿qué lo llevó a esos lugares?
Primero viví dos años en Corea del Sur. En ese momento tenía un hijo, nada más; ahora tengo dos y ambos son adultos. Con el mayor estuvimos en Corea del Sur y al volver a Lima, él iba al colegio y estaba en sus años adolescentes, y yo dije “no me conviene salir del Perú porque en la adolescencia, sacarlo de su espacio es un poco complicado.” Pero él un día me dice, “Papá, ¿y a dónde nos vamos ahora?” Dije, “Ah, caramba, o sea, tiene ganas de viajar.” Y en esos días, caminando por la universidad, una responsable de la oficina de relaciones internacionales me pregunta, “Ricardo, ¿tú conoces a alguien que quiera hacer su doctorado en Francia?” Y yo le pregunto: “¿Es obligatorio saber francés?” Me dice, “No, no es obligatorio”. “Entonces yo”, le dije. Me pudo haber dicho Alemania o cualquier país, y yo hubiera dicho “yo”.
Voy a Francia, hago mi doctorado, pero también había una motivación literaria, obviamente. Entonces, yo estaba entre la escritura de mi tesis doctoral y la escritura de mis novelas, escribí allí como tres libros de ficción. Me demoré mucho para escribir la tesis doctoral por estar escribiendo mi ficción, pero mi director de tesis me perdonó. Estuve allá 10 años.
Este año se publicó su más reciente libro, Enciclopedia de Carnaval. ¿Qué encontramos en él?
Parte de mi vida, para empezar, porque son libros que he escrito durante un periodo de veinte años. El primero se publicó en el 2004 y el último en el 2024: veinte años exactos de escritura y publicación. Además, los tres libros tienen un espíritu en común: hay mucha ironía, humor, juego de seducción, de deseo, de lujuria, también un poco de horror, de fantasía y de fantasmas. Hay un poco de todo desde mi perspectiva que siempre quise contar historias que puedan combinar lo cotidiano con lo terrorífico, que está allí, pero no le hacemos mucho caso, no queremos verlo, pero está allí a nuestro lado. Me gusta jugar con los límites de la naturaleza humana.
¿En qué proyectos está trabajando actualmente?
Tengo dos proyectos que me gustaría llevar adelante. Uno es un libro de cuentos, pues durante una estancia en Barcelona escribí unos cuentos que he retomado y me han gustado, pero están como borradores; entonces quiero reescribirlos y ver si armo un libro. Y lo otro, es una novela que quizá mezcle situaciones y experiencias coreanas, francesas y peruanas. Quiero que sea una novela que combine esos tres mundos que he vivido.

Además de escribir, también se ha dedicado a enseñar. ¿Cómo ha sido esa experiencia?
Doy talleres de escritura creativa desde 1990, entonces tengo 36 años enseñando. Incluso, yo daba talleres virtuales desde el 2005; antes de la pandemia, yo ya utilizaba la tecnología de la época. Luego también fui profesor de universidad. Comencé bastante joven, primero enseñando matemáticas porque iba a ser ingeniero; entonces preparaba a alumnos que querían ingresar a la universidad y, desde allí, la vena docente ha sido parte de mi vida hasta ahora.
¿Qué espera dejar a los jóvenes que están participando en su taller de Escritura Creativa?
Me gustaría que conozcan un poco más de la literatura peruana y de mi propia literatura. Por eso me permití leer un texto mío al final: para que no solo conozcan a alguien que pasó y dio una teoría, sino también mi sensibilidad, lo que siento y lo que pienso a través de mi propia escritura. Es mi carta de presentación. Y, sobre todo, el hecho de compartir, de seguir aprendiendo, como docente cuando uno enseña siempre aprende, y eso me gusta, seguir aprendiendo, seguir comunicándome, porque la escritura es un trabajo bastante solitario. Uno siempre está escribiendo solo y son esas oportunidades en las que salimos un poco de la burbuja y tenemos contacto con las personas.
¿Qué consejo daría a quienes comienzan a escribir?
Les diría que lean todo lo que puedan. Que vean mucho cine, que se alimenten de muchas cosas, del cine, de la música, de las telenovelas, todo que la vida misma los alimente; y que escriban, que no paren de escribir. Si alguien quiere ser escritor, tiene que escribir.

Libros publicados
- Habitaciones (1993)
- Retratos familiares (2001)
- Enciclopedia mínima (2004)
- Que la tierra te sea leve (2008)
- Mientras huya el cuerpo (2012)
- Enciclopedia plástica (2016)
- No somos nosotros (2017)
- Historia de un brazo (2019)
- Croac y el nuevo fin del mundo (2022)
- Enciclopedia vacía. El gran sueño (2024)
- Enciclopedia de Carnaval (2026)

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