
Sin vacunas y con posibles contagios no detectados, Guatemala enfrenta nuevo repunte de covid-19
Guatemala enfrenta un repunte de covid-19 en medio de la falta de vacunas en la red pública y de dudas sobre la magnitud real de los contagios.
Guatemala enfrenta un repunte de casos de covid-19 en medio de la falta de vacunas en la red pública y de dudas sobre el alcance real de los contagios. El epidemiólogo José Ortiz, administrador del Observatorio de SARS-CoV-2, advierte que las cifras oficiales podrían reflejar un subregistro y que la limitada vigilancia epidemiológica dificulta detectar brotes y nuevas variantes del virus.
La alerta surgió después de que el Hospital General San Juan de Dios reportara un incremento acelerado de casos entre pacientes y trabajadores de salud. El 16 de junio pasado registraba 66 contagios activos, pero para el 19 de junio la cifra había ascendido a 138, más del doble en apenas tres días.
Ante la situación, las autoridades hospitalarias declararon una alerta epidemiológica interna, reforzaron las medidas de bioseguridad, ordenaron el uso obligatorio de mascarillas KN95 y restringieron las visitas en algunos servicios para evitar nuevos contagios.
Los casos se concentran principalmente en las áreas de Hematooncología, Nefrología y Medicina Interna, donde permanecen pacientes con condiciones que los hacen especialmente vulnerables a complicaciones respiratorias.
El aumento de contagios coincide con la ausencia de vacunas en la red nacional de salud. El Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social confirmó a Prensa Libre y Noticiero Guatevisión que actualmente no dispone de dosis contra el covid-19 y que prevé el ingreso de nuevas vacunas durante el tercer trimestre del 2026.
La cartera informó, mediante el oficio BPVR/PDM/0164, que las nuevas dosis formarían parte de la planificación del Programa Nacional de Inmunizaciones, aunque no precisó una fecha para su llegada.
Riesgo moderado, pero persistente
Ortiz explicó que el riesgo global del covid-19 actualmente es considerado moderado debido a la inmunidad adquirida por vacunación e infecciones previas, así como a las mejoras en el manejo clínico de la enfermedad.
Sin embargo, advirtió que el virus continúa circulando y mantiene capacidad de provocar cuadros graves, especialmente en personas mayores, pacientes inmunocomprometidos y quienes padecen enfermedades crónicas.
“El riesgo global de covid-19 se considera moderado, pero el virus sigue circulando y puede generar enfermedad grave, hospitalización o muerte en personas vulnerables”, señaló.
Añadió que continúan apareciendo subvariantes derivadas de ómicron con capacidad de evadir parcialmente la inmunidad desarrollada por la población.
Además, recordó que una parte de los pacientes sigue presentando covid prolongado, una condición caracterizada por síntomas persistentes como fatiga, dificultad respiratoria y alteraciones cognitivas durante meses después de la infección.
Dudas sobre las cifras oficiales
Otro elemento que preocupa a los especialistas son las diferencias observadas entre los datos oficiales.
Mientras el tablero nacional de covid-19 reporta 354 casos acumulados durante el 2026 y apenas 12 casos activos al 14 de junio, el ministro de Salud, Joaquín Barnoya, indicó el 17 de junio que entre enero y junio se habían contabilizado alrededor de 450 contagios.
Para Ortiz, esta diferencia podría reflejar un problema de subregistro.
“Definitivamente que sí. La vigilancia epidemiológica es débil para todas las enfermedades y, en el caso de las respiratorias, la vigilancia laboratorial y del sistema de salud también es débil, lo que impide dar la voz de alarma y tomar medidas preventivas para contener los brotes”, afirmó.
Según el epidemiólogo, la experiencia acumulada durante la pandemia demuestra que los sistemas de vigilancia llegaron a detectar únicamente uno de cada 18 casos reales.
Con base en esa relación, considera que el número verdadero de contagios podría ser considerablemente superior al reportado oficialmente.
“Las estimaciones permiten pensar que los casos podrían superar los 8 mil, muchos de ellos asintomáticos o con síntomas leves que nunca ingresan al sistema de vigilancia”, explicó.
Vigilancia epidemiológica sigue siendo obligatoria
Ortiz también rechazó la idea de que el covid-19 haya dejado de requerir monitoreo específico por el fin de la emergencia sanitaria internacional.
A su criterio, el país mantiene obligaciones derivadas del Reglamento Sanitario Internacional que exigen continuar la vigilancia epidemiológica del virus debido a su capacidad de mutación.
“El Ministerio de Salud no puede dejar de realizar esta vigilancia. Existe una responsabilidad internacional y sanitaria porque el virus puede presentar nuevas mutaciones en el futuro”, indicó.
Agregó que la influenza continúa bajo vigilancia permanente en todos los países y que el covid-19 debería mantener un seguimiento similar.
Falta información sobre fallecimientos
La incertidumbre también alcanza los registros de mortalidad.
Los datos oficiales contabilizan 20 mil 323 fallecidos por covid-19 entre el 2020 y el 2024. Ese último año cerró con 51 muertes reportadas.
Sin embargo, desde el 2025 el Ministerio de Salud dejó de publicar de forma específica los fallecimientos asociados a la enfermedad, por lo que actualmente no existe un registro público actualizado que permita conocer cuántas personas han muerto por covid-19 durante el último año y medio.
Para Ortiz, esta ausencia de información limita la capacidad de evaluación del riesgo.
“Definitivamente dificulta conocer la magnitud real de la enfermedad, tanto para el personal de salud como para la población. No tener información sobre hospitalizaciones o fallecimientos aumenta la incertidumbre y dificulta la toma de decisiones”, afirmó.
Posibles brotes en distintas regiones
Aunque descarta que el país enfrente una ola de magnitud comparable a las registradas durante la pandemia, Ortiz considera posible la aparición de brotes regionales cuya dimensión real podría pasar inadvertida debido a las limitaciones actuales de vigilancia.
“Posiblemente estamos observando brotes de menor magnitud en distintas partes del país. El problema es no contar con información suficiente para la contención oportuna ni para detectar variantes más virulentas”, indicó.
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