
Trabajadores migrantes sostienen a Dubái en medio de ataques y sin posibilidad de huir
En medio del conflicto bélico en la región del golfo Pérsico, trabajadores migrantes en Dubái continúan laborando bajo riesgo y sin poder abandonar la ciudad, evidenciando su papel crucial y la vulnerabilidad que enfrentan.
La ciudad de Dubái, uno de los principales centros económicos y de negocios en el golfo Pérsico, enfrenta una crisis silenciosa que pone en evidencia la vulnerabilidad y el papel fundamental de sus trabajadores migrantes. En medio de una escalada bélica iniciada a finales de febrero de 2026, estos trabajadores continúan desempeñando sus labores cotidianas sin la posibilidad de abandonar la ciudad, afectada por ataques con misiles y drones provenientes de Irán.
Desde que Estados Unidos e Israel comenzaron bombardeos contra Irán y este país respondió atacando a las naciones del golfo, Dubái ha vivido un ambiente de tensión y peligro constante. Según reportes oficiales, más de una docena de civiles han perdido la vida, la mayoría de ellos trabajadores migrantes que sostienen la infraestructura y los servicios indispensables para el funcionamiento de una ciudad de más de cuatro millones de habitantes.
El rostro humano detrás de la crisis
Casos como el de Muzaffar Ali Ghulam, un joven conductor originario de Pakistán que residía en Dubái desde hace cuatro años, ilustran la compleja realidad que enfrentan estos trabajadores. Ghulam, quien enviaba gran parte de su salario a su familia, falleció el 7 de marzo tras un ataque con metralla en su vehículo provocado por los ataques iraníes. Su muerte refleja la exposición directa al conflicto que sufren quienes no tienen opción de abandonar la ciudad.
Su primo, Masood, relató que ni siquiera se plantearon huir porque no podían permitirse el lujo económico ni el riesgo que implicaría la huida. La precariedad económica y la responsabilidad familiar pesan sobre ellos, a pesar del peligro.
Trabajadores que sostienen la ciudad y a sus familias
En barrios como Al Lisaili y Al Quoz, donde residen muchos migrantes, la vida continúa entre la incertidumbre y el temor. Jibril Mukalaz, un limpiador de origen ugandés, y Frank Ankomah, un electricista de Ghana, comparten jornadas laborales de hasta 12 horas por salarios modestos que les permiten enviar remesas a sus familias en África y Asia. Ambos expresan miedo ante las alertas de misiles, pero también la imposibilidad de abandonar Dubái.
El impacto económico de la guerra también se refleja en el comercio local. Mohammed Shahbaz, comerciante de pescado pakistaní, señaló la escasez de productos y el aumento de precios, resultado directo del bloqueo y la interrupción del comercio con Irán, uno de los principales proveedores en la región. El encarecimiento de alimentos y bienes básicos afecta no solo a los migrantes sino a la economía en general.
Desigualdad en la capacidad de evacuar
Mientras algunos residentes adinerados han optado por huir de la ciudad durante las semanas de ataques, los trabajadores migrantes permanecen, obligados por contratos de trabajo, deudas y la necesidad de sostener a sus familias desde la distancia. Esta desigualdad pone en evidencia la estructura social y económica que sustenta a Dubái, donde la estabilidad y el lujo conviven con la precariedad y el riesgo de quienes hacen posible la vida cotidiana.
En sectores exclusivos como African Queen, un club playero en Jumeirah Beach, el director de operaciones confirmó que decidieron mantener a todo el personal pese a la crisis, aunque muchos otros negocios optaron por despedir empleados. Ahmad Mustafa, camarero egipcio con más de una década en Dubái, manifestó su preocupación por el futuro de la ciudad y aseguró que para muchos migrantes esta es la única casa que conocen.
El crisol cultural bajo amenaza
En los mercados tradicionales, como el cercano a Dubai Creek, comerciantes de especias provenientes de Afganistán, Pakistán, India e Irán mantienen sus negocios con la esperanza de que la guerra cese pronto. Mohammad Anwar, comerciante afgano, destacó que Dubái ha sido un ejemplo de convivencia multicultural y éxito empresarial, pero que ahora el conflicto amenaza esa estabilidad.
La mayoría confía en que las autoridades emiratíes protegerán a la población, aunque reconocen que la principal preocupación es la recuperación del turismo y la normalización económica, esenciales para la subsistencia de sus actividades.
Una ciudad en pausa con vidas en riesgo
Las calles de Dubái, usualmente bulliciosas y llenas de actividad, han estado inusualmente desiertas durante el conflicto. La presencia de drones y la activación de alertas de misiles se han convertido en parte de la rutina diaria, generando ansiedad constante entre los trabajadores migrantes. La imposibilidad de abandonar la ciudad se debe a múltiples factores, desde las limitaciones económicas, la duración y condiciones de los contratos laborales, hasta el temor a perder el sustento.
Este escenario plantea un desafío humanitario y social para Dubái, cuyo modelo de desarrollo depende en gran medida de estos trabajadores que, en medio de una crisis regional, mantienen la ciudad en funcionamiento y sostienen a sus familias a miles de kilómetros.
Perspectivas y desafíos futuros
La prolongación del conflicto en el golfo Pérsico podría agravar las condiciones de vulnerabilidad de los migrantes y afectar la economía local. El aumento del costo de vida, la interrupción del comercio y la incertidumbre sobre la seguridad generan un ambiente complejo para el futuro inmediato.
Para los trabajadores migrantes, el deseo de regresar a sus hogares se ve opacado por la imposibilidad económica y contractual. La necesidad de enviar remesas y cumplir con compromisos financieros los mantiene atados a una ciudad que, pese a su prosperidad, ahora los expone a riesgos directos y una profunda precariedad.
En conclusión, la situación en Dubái destaca la interconexión entre la estabilidad regional y las condiciones de vida de millones de personas que, desde la periferia, sostienen uno de los principales motores económicos del mundo árabe. La atención a sus derechos y seguridad es fundamental para garantizar un desarrollo sostenible y equitativo en medio de las tensiones geopolíticas actuales.
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