Vida nocturna en Guatemala: entre el auge de bares y discotecas, persisten los riesgos que enfrentan los jóvenes al salir de fiesta

Vida nocturna en Guatemala: entre el auge de bares y discotecas, persisten los riesgos que enfrentan los jóvenes al salir de fiesta

Los jóvenes se ven atraídos por las diferentes propuestas de música y distracción que ofrecen las discotecas, ante la ausencia de alternativas culturales y de recreación.

5 julio 2026
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Es jueves por la noche, el último jueves de junio, la temperatura ha disminuido en comparación con las semanas anteriores, en las que ni el viento se abría paso con los 20°C que registraron las noches calurosas en la capital. Pero ni el frío ni el calor han hecho que los locales ubicados en la 9a. calle de la zona 1 carezcan de grupos de personas animadas a pasar unas horas entre bebidas, música y baile en las improvisadas pistas de los establecimientos.

Dos mujeres jóvenes conversan en la puerta de un local a la entrada del Pasaje Aycinena, pero sin quitar la vista atentas a personas que recorren esa calle para “jalarlas” con las promociones que ofrecen en el establecimiento. “Los viernes hay más gente”, dice una de ellas, y cuenta que los viernes y sábado todos los lugares del sector se ven muy concurridos: “Vienen personas de todas las edades, no son menores de edad, vienen de 19 o veintitantos años, y también de 40 —años— o más”.

“Venimos seguido a pasar un rato después de la oficina”, dicen mientras beben cervezas en uno de los establecimientos un grupo de cinco hombres que conversa animadamente, mientras uno que otro se contonea siguiendo el ritmo de la música, en las otras mesas platican alegremente más personas.

La escena nocturna en la ciudad es muy activa; según la Policía Nacional Civil (PNC) hay una tendencia de recuperación sostenida desde el año pasado en la afluencia a los establecimientos como bares y discotecas, entre el 15% y 20% de aumento comparado con el 2023, cantidad que converge con el nivel de visitantes en años previos a la pandemia de covid-19.

Este comportamiento las autoridades lo atribuyen a la reactivación económica, la oferta de eventos y a la mayor percepción de seguridad.

La PNC contabiliza más de mil 200 establecimientos clasificados como discotecas, bares nocturnos y centros de diversión a nivel nacional, pero explica que solo entre el 60% y 70% operan con todos los permisos vigentes. El departamento de Guatemala concentra parte de esa oferta de ocio nocturno en las zonas 10, 9, 4, 1, 11, 14, 17 y 18 de la capital, y en los municipios de Mixco, Villa Nueva, San Miguel Petapa y Santa Catarina Pinula.

Ambiente para todo

Jairo Zepeda, empresario de tecnología y creador de contenido señala que el área hotelera sigue contribuyendo con atractivo en la Zona Viva, como se le llama a la zona 10 capitalina por su amplia oferta de ocio nocturno; sin embargo, emergen sitios con diferentes propuestas de entretenimiento para nuevas audiencias y otros que se renuevan para continuar con presencia dentro del público.

La zona 10, concentra cerca de la mitad del total de los establecimientos identificados por la PNC en el departamento de Guatemala. Hay lugares que han permanecido varios años y que cuentan con nichos de público que busca, por ejemplo, un ambiente con música electrónica, pero también surgen otras propuestas en las terrazas de los nuevos centros comerciales, dice Zepeda.

El gasto en consumo para ir de fiesta en este sector oscila entre Q300 y Q500 por persona, explica.

Por las noches a pocos metros de la Avenida de La Reforma, en calles aledañas a los grandes hoteles, se ven despliegues de hombres y mujeres vestidos de negro, provistos de auriculares y comandas en mano, prestos a recibir los pedidos para ingresar a las discotecas.

En una disco del lugar, se pueden reunir unas 150 personas en una noche, dice el encargado del ingreso mientras fuma un cigarro y atento observa lo que sucede en la cuadra llena de restaurantes y vehículos que pasan.

La oferta de entretenimiento nocturno se diversifica entre espacios exclusivos, propuestas culturales y sitios tradicionales que buscan atraer nuevas generaciones. (Foto Prensa Libre: Shutterstock)

Es noche de viernes, poco a poco van llegando pequeños grupos de clientes, que después de solicitar una tanda de cervezas por Q200, presentan su documento de identificación personal (DPI) y pasan una revisión en la puerta de la discoteca —para evitar que ingresen con armas o bebidas, entre otros objetos—, cruzan por el umbral del recinto lleno de luces y sonido de reguetón que traspasa los muros.

Son en su mayoría jóvenes entre 21 y 30 años los que acuden a los establecimientos de moda en el sector. Mientras baja las gradas por las que se accede a otra de las discotecas, la encargada de seguridad sonríe y de lejos ve a sus compañeros que se ocupan de tomar los pedidos y asegurarse que nadie ingrese sin haber solicitado un cubetazo —de cervezas— o una botella de licor.

En otra parte de la ciudad, en el área del bulevar Austríaco y Cayalá —zona 16— se encuentran los sitios más exclusivos para estar de fiesta, a tal punto que hay sitios  que aceptan reservación e ingreso solamente si son personas conocidas por los anfitriones del lugar o que han sido invitados por esos conocidos, además la entrada requiere adquirir una botella de licor que puede tener un costo entre Q800 y Q1 mil. “Son lugares para personas de alto nivel adquisitivo y no es raro encontrar guardaespaldas afuera del establecimiento”, dice Zepeda.

Si el ambiente que se busca es más bohemio o de estilo rockero, la zona 1, 4 y 11 son las más buscadas y que han renovado su oferta. “En el Centro hay lugares que continúan, ya sin el auge de hace algunos años, y 4 Grados Norte —zona 4— que está resurgiendo con propuestas de música en vivo”.

La zona 1 también ofrece lugares para bailar con música variada o presenciar shows que atraen a un público anuente a corear las canciones de estilos desde rock nacional, cumbias y boleros o rancheros.

Más allá de la capital, Antigua Guatemala y El Paredón, Escuintla, son los destinos más usuales para ir de “parranda” los fines de semana.

El crecimiento de la vida nocturna plantea el reto de fortalecer la supervisión sin limitar el acceso al entretenimiento y la recreación. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

Mitigación de riesgos

Quien no está el viernes a las 11 de la noche en algún sitio, ya se perdió toda la diversión, dice Zepeda, al asegurar que es el momento cúspide de la noche en las discotecas.

Las opciones después de esa hora son irse a casa o buscar los after en sitios que permanecen “abiertos a puertas cerradas” a partir de la 1 de la mañana, cuando se inicia el horario de la ley seca.

Las discotecas revisan los documentos de identificación para evitar el ingreso de menores de edad. En la mayoría de los casos, principalmente los clientes más jóvenes, de entre 21 y 23 años, se retiran alrededor de la medianoche porque sus presupuestos los limitan y deben incluir el costo del servicio de Uber para llegar a sus casas, dice el encargado de ingreso de un establecimiento de la Zona Viva.

Zepeda reconoce que la vida nocturna no escapa a la exposición del consumo de ilícitos: “No es que en los lugares vendan drogas, pero quienes consumen las llevan para ellos y los que buscan saben dónde encuentran”, indica. La PNC incluye dentro de las causas de clausura de establecimientos la “presencia de armas y drogas”.

Más de 80 locales han sido clausurados en conjunto con las municipalidades en los últimos 12 meses, debido a la falta de licencia para funcionar; venta de bebidas alcohólicas a menores de edad; ruidos excesivos en el vecindario; incumplimiento del horario legal, y falta de medidas de seguridad y salidas de emergencia, según reporta la autoridad policial.

La falta de espacios públicos de recreación hace que muchos jóvenes concentren sus opciones de ocio en bares y discotecas. (Foto Prensa Libre: Héctor Archila)

Al respecto, la PNC informa que en el 22% de locales inspeccionados se encontraron hallazgos de sustancias ilícitas y el 18% con irregularidades como puntos intermedios de estructuras delictivas. Estos casos se remiten a las autoridades competentes, pero algunos resultados incluyen la detención de 126 personas, el decomiso de bienes por Q7.2 millones y la desarticulación de 14 redes de tráfico de sustancias ilícitas.

“Hay más control de la Policía, especialmente en el tema del ingreso de menores de edad, lo que no es suficiente para prevenir que manejen bajo efectos del alcohol”, refiere Zepeda. El problema es que todos salen a la una de la mañana, si aún tienen bebidas se las llevan en vasos plásticos y así van manejando sus vehículos, agrega.

Dentro de las discotecas hay responsables de la seguridad que responden ante conatos de riñas o cualquier otra situación que afecte a la clientela, “su presencia hace que las personas se calmen”, indica el encargado del ingreso. Esto no implica dejar de lado medidas básicas para reducir riesgos, entre ellas, designar a un piloto responsable; no aceptar bebidas de otras personas y observar cuando se preparen las bebidas; ir con compañía al baño, y evitar las discusiones que pueden desencadenar en violencia.

El pasado fin de semana, un hombre fue asesinado en la discoteca Duke, de Ciudad Quetzal, en San Juan Sacatepéquez, en un ataque armado que tuvo como saldo otras ocho personas con heridas graves. El hecho, investigado por la PNC y el Ministerio Público (MP),evidencia la necesidad de mejora en el control de estos establecimientos, principalmente en la periferia de la ciudad capital, que vulneran la seguridad ciudadana.

La mayor presencia policial ha permitido disminuir 18%, en el periodo de 2025 a la fecha, los incidentes armados, según información de la PNC.

El desafío no es frenar la vida nocturna, sino construir espacios donde la recreación pueda desarrollarse con mayor seguridad para todos los asistentes. (Foto Prensa Libre: Shutterstock)

Escasas alternativas de diversión

Aimee Rodríguez, coordinadora del Programa de Educación, Niñez, Adolescencia y Juventud de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso),explica que en los sitios nocturnos convergen aspectos como el consumo de drogas, alcohol y bebidas adulteradas que perjudican y exponen a hechos violentos a los jóvenes.

En el país no se cuenta con lugares para esparcimiento y recreación como ocurre en otras naciones en las que existen actividades culturales y recreativas impulsadas por el Estado, dice al tiempo de sugerir la creación de espacios para programas musicales, danza, teatro, fotografía, lectura y cine, entre otras expresiones.

Los espacios que se tienen son lugares excluyentes por factores como la capacidad económica, identidad étnica y distancia de las cabeceras departamentales, agrega Rodríguez, que suma la presión de grupo en la decisión de los jóvenes de ir a los centros nocturnos por estar “a la moda”, por el contrario de otras actividades que son consideradas anticuadas o de personas mayores.

Desde la PNC se plantean reformas para mejorar los controles como la licencia única —municipalidad, Ministerio de Salud, bomberos y Ministerio de Gobernación—; uso obligatorio de cámaras con grabación de 30 días; personal de seguridad certificado; el registro en una base de datos digital a nivel nacional de los locales y antecedentes de los propietarios; inspección anual para renovar los permisos; la responsabilidad solidaria del dueño ante los ilícitos por falta de controles, y cumplimiento estricto de horarios de atención.

El historial de hechos delictivos en bares, discotecas y los incidentes viales asociados al consumo de alcohol requieren impulsar cambios para propiciar espacios más seguros y controles estrictos con el fin de garantizar el derecho a la recreación del que debe gozar toda la sociedad.

Fuente original:Prensa Libre

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