Alberto Carrillo: El triatleta no vidente que desafía límites en el Ironman 70.3 El Salvador

Alberto Carrillo: El triatleta no vidente que desafía límites en el Ironman 70.3 El Salvador

Alberto Carrillo, psicólogo y triatleta no vidente, será el único atleta con discapacidad visual en el Ironman 70.3 San Salvador, demostrando una transformación personal y física gracias a su disciplina y motivación.

21 febrero 2026
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Este domingo, el Ironman 70.3 San Salvador reunirá a más de 1,200 atletas en una de las competencias más exigentes del país, con recorridos que incluyen la natación en el Lago de Ilopango, ciclismo por la Carretera Panamericana y una carrera pedestre en el Centro Histórico de San Salvador. En esta edición, destaca la participación de Alberto Carrillo, un psicólogo y triatleta no vidente, quien desafía los límites y se presenta como el único competidor con discapacidad visual en el evento.

De la adversidad a la inspiración

La historia de Alberto Carrillo es un testimonio de resiliencia y transformación. Tras sufrir un accidente automovilístico que le causó una triple fractura de cráneo y daño en el quiasma óptico, perdió la vista y enfrentó momentos de profunda dificultad emocional. En un punto crítico llegó a contemplar el suicidio, pero encontró en esa adversidad un propósito para seguir adelante.

“El reto más grande de mi vida fue que, a pesar de que me quería quitar la vida, entendí que todo pasa por un porqué”, reflexiona Carrillo. Para él, vivir sin la vista no solo es un desafío, sino una experiencia reveladora que le ha permitido entender que su propósito es inspirar a otros a correr tras sus sueños, sin importar las circunstancias.

Una transformación integral

La pandemia marcó un punto de inflexión para Alberto. Decidió dejar de postergar y actuar para cambiar radicalmente su vida. En ese proceso, su peso pasó de 100 kilogramos a mantener entre 69 y 70, pero la modificación más significativa fue interna. Aprendió a establecer límites claros, a decir no a situaciones y personas que no contribuían a su crecimiento y a priorizar su bienestar físico y emocional.

“Antes de comenzar este reto, pesaba 100 kilos. Cambié el ‘deberías’ por el ‘tengo que cambiar’”, comenta. Reconoce que fue necesario alejarse de hábitos y amistades que, aun sin mala intención, no estaban alineados con sus objetivos. Su filosofía de vida se resume en una frase contundente: “Todos quieren ser leyenda hasta que se dan cuenta que tienen que trabajar como una”.

Disciplina y preparación rigurosa

Actualmente, Alberto entrena entre 10 y 18 horas semanales, sumando cerca de 200 kilómetros por semana en disciplinas combinadas: atletismo, ciclismo y natación. Su rutina incluye dos a tres sesiones de natación, cuatro de ciclismo y dos a tres de atletismo, ajustando las cargas para mantenerse en óptimas condiciones durante todo el año.

Su preparación apunta a completar con éxito el Ironman 70.3, que implica nadar 1,900 metros, pedalear 90 kilómetros y correr 21 kilómetros, todo en un tiempo máximo aproximado de 8 horas y media. Este desafío representa un paso más en una carrera deportiva ya destacada, que incluye cinco Ironman 70.3, la distancia completa del Ironman (3,800 m de natación, 180 km de ciclismo y 42 km de carrera),donde logró el tercer mejor tiempo mundial en su categoría, y siete maratones.

La importancia del equipo y la guía

En El Salvador, Alberto competirá acompañado de un nuevo guía, Juan José, con quien estableció una conexión rápida y efectiva durante sus entrenamientos previos. La relación entre atleta y guía es fundamental, pues va más allá de una simple coordinación: es una conexión profunda que acompaña cada paso del recorrido.

Además, su equipo está integrado por su esposa y Rafa, quienes han sido esenciales en la logística y apoyo constante durante su preparación y traslado. El respaldo institucional también ha sido clave: Cementos Progreso y La Cascada han proporcionado apoyo logístico y recursos, mientras que la organización del Ironman le otorgó la inscripción y lo nombró embajador de la carrera, reconocimiento que Alberto asume con responsabilidad y compromiso para inspirar a otros.

En sus palabras, “en El Salvador solamente voy a ser yo esta vez, pero hay muchos atletas con discapacidad que hacen este deporte. Somos pocos porque ya es difícil para alguien con los cinco sentidos; imagínate para alguien que no ve. Hay que conseguir guía, y económicamente es costoso. Una bicicleta no baja de $2,000”.

Más allá de la competencia: un mensaje de vida

Cuando se le pregunta por su mayor desafío, Alberto sorprende al declarar que la paternidad es su competencia más grande y permanente, un rol que valora por encima de todos sus logros deportivos. Sin embargo, este domingo enfrentará con valentía el Ironman 70.3, lanzándose al agua del Lago de Ilopango con la convicción que lo ha guiado durante toda su vida: avanzar sin miedo, incluso cuando la meta no es visible.

Su mensaje final trasciende el ámbito deportivo: “Que se lancen. Que vivan la vida con el ‘bien’ en el refrigerador. Que pidan perdón, que siempre digan gracias. Te vas a arrepentir más de lo que no hiciste que de lo que hiciste. La vida es una sola y hay que vivirla al 100%. Todos se pueden convertir en un Ironman”.

Alberto Carrillo no solo representa un ejemplo de superación personal y deportiva, sino que también se convierte en una inspiración para la sociedad salvadoreña y para todas las personas que enfrentan adversidades, demostrando que los límites se pueden desafiar con disciplina, apoyo y una visión clara de lo que se quiere alcanzar.

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