
Banca salvadoreña muestra solidez y crecimiento sostenible en 2025 y mantiene perspectivas positivas para 2026
La banca salvadoreña registró en 2025 un crecimiento sólido en créditos, depósitos y rentabilidad, respaldada por una gestión prudente del riesgo y un marco regulatorio fortalecido, con perspectivas estables para 2026.
El sistema bancario de El Salvador evidenció en 2025 un desempeño robusto, consolidándose como uno de los sectores económicos con mayor crecimiento durante el año pasado y proyectando una evolución similar para 2026. Los principales indicadores financieros reflejan una posición sólida, sustentada en una gestión prudente del riesgo y un entorno regulatorio en constante fortalecimiento.
Rendimiento financiero y expansión crediticia
De acuerdo con recientes análisis de calificadoras de riesgo, la banca salvadoreña presentó un crecimiento sostenido en su cartera de créditos neta, que alcanzó un ritmo moderado del 9.4%, impulsado principalmente por la demanda en los segmentos de consumo y empresarial. Este dinamismo crediticio estuvo acompañado por una expansión aún más significativa de los depósitos, que crecieron un 16.9%, mejorando notablemente la liquidez del sistema.
En términos de rentabilidad, el sector cerró 2025 con una utilidad neta que aumentó un 19.2% respecto a 2024, manteniendo una tendencia de crecimiento similar a la del ejercicio anterior. Este resultado fue posible gracias a un margen financiero mayor y a niveles de eficiencia controlados, que permitieron sostener indicadores adecuados de rentabilidad, con una utilidad antes de impuestos (ROA) sobre activos del 1.6%, cifra comparable a la registrada en 2024.
Indicadores clave y salud financiera
El sistema bancario salvadoreño terminó el año con activos totales por $28,371 millones y un patrimonio de $2,896 millones, mientras que la utilidad neta alcanzó los $387 millones. La cartera de préstamos vencidos se mantuvo en niveles bajos, representando apenas un 1.5% del total de préstamos, lo que refleja la calidad de los activos crediticios. Asimismo, los activos líquidos representaron el 21.4% de los depósitos totales, consolidando un entorno financiero saludable.
Este desempeño positivo es respaldado también por una cobertura de reservas sobre cartera vencida superior al 150%, una de las mejores ratios comparadas en la región centroamericana.
Contexto económico y sectores motores
El crecimiento crediticio estuvo estrechamente ligado a la evolución del producto interno bruto (PIB) nacional. Por segundo año consecutivo, sectores clave como la construcción, el consumo y el comercio impulsaron más del 60% del crecimiento del crédito. Este comportamiento refleja la importancia de estos rubros como motores de la economía salvadoreña y su relación directa con la dinamización del sistema financiero.
El sector construcción, en particular, continúa mostrando un auge que podría mantener la tendencia positiva en la demanda crediticia. Esto, sumado a la estabilidad en el rendimiento de los préstamos, contribuye a la consolidación de una banca con un perfil de riesgo controlado y una posición patrimonial favorable.
Dinámica de depósitos y ahorro público
En cuanto a los depósitos, el crecimiento interanual del 16.9% registrado en 2025 fue el más alto de los últimos cuatro años. Este aumento estuvo impulsado por un flujo persistente de remesas y por una gestión regulatoria que ha reforzado los requerimientos de liquidez. Sin embargo, para 2026 se anticipa una normalización en el ritmo de crecimiento de los depósitos, debido a la reducción en las tasas de interés y posibles moderaciones en el flujo de remesas.
El sistema bancario también ha consolidado su papel como principal receptor del ahorro público, especialmente después de episodios puntuales en algunas entidades cooperativas. Los depositantes, particularmente aquellos con saldos que superan el límite de cobertura del Instituto de Garantía de Depósitos (IGD),han priorizado la supervisión oficial y los marcos de gobernanza sólidos sobre las tasas de interés ofrecidas por entidades no bancarias.
La estructura de fondeo diversificada y la gestión prudente del descalce de plazos son consideradas fortalezas del sector, aunque persisten riesgos asociados a la concentración de depositantes en algunas instituciones.
Avances regulatorios y cumplimiento internacional
El buen desempeño del sistema bancario está estrechamente vinculado al cumplimiento de los compromisos adquiridos por El Salvador con organismos internacionales, en particular con el Fondo Monetario Internacional (FMI) a través del Acuerdo de Servicio Ampliado (Extended Fund Facility, EFF) firmado en febrero de 2025. Este acuerdo ha facilitado la alineación del sector financiero con estándares internacionales, reforzando la estabilidad y la confianza.
En materia de liquidez, se ha implementado un ajuste gradual del encaje legal, con el objetivo de alcanzar un 15% en 2026. Al cierre de 2025, los saldos mantenidos en el Banco Central de Reserva (BCR) superaron en promedio el 14%, mostrando una tendencia al alza que se mantendrá durante el año en curso.
Adicionalmente, se han incorporado regulaciones específicas relacionadas con el Coeficiente de Cobertura de Liquidez (CCL) y el Coeficiente de Fondeo Estable Neto (CFEN),con reportes obligatorios previstos para 2027. Estas medidas representan un avance significativo hacia estándares prudenciales más exigentes.
La aprobación de la Ley de Estabilidad Financiera y la actualización de la legislación contra el lavado de dinero y activos son muestras claras del compromiso del país con la implementación de mejores prácticas internacionales que fortalecen la supervisión bancaria, mitigan riesgos sistémicos y protegen los depósitos del público.
Perspectivas para 2026 y desafíos futuros
Para 2026, las proyecciones indican que la banca salvadoreña mantendrá un desempeño estable, apoyado en una buena liquidez y una sólida posición de capital. No obstante, su evolución estará condicionada por factores macroeconómicos, especialmente la dinámica del consumo —en gran medida influida por las remesas— y la inversión privada.
El desafío principal para el sector será sostener un crecimiento sostenible, con un enfoque en sectores menos sensibles a posibles desaceleraciones del ciclo económico. El fortalecimiento continuo del marco regulatorio, con una convergencia hacia estándares internacionales bajo los lineamientos de Basilea III, exigirá a las entidades financieras un proceso de adaptación frente a requerimientos prudenciales más estrictos.
En suma, la banca de El Salvador muestra una sólida base financiera que le permite enfrentar riesgos y continuar apoyando el desarrollo económico nacional, consolidándose como un pilar clave para la estabilidad y el crecimiento en el país.
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