“Bølgen” inventó la catástrofe, no la amenaza: la montaña noruega que puede levantar una ola

“Bølgen” inventó la catástrofe, no la amenaza: la montaña noruega que puede levantar una ola

La destrucción de Geiranger que muestra la película noruega Bølgen es ficción, pero la montaña, las grietas y el peligro que la inspiraron son reales

16 agosto 2026
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Una montaña se desprende, millones de toneladas de roca se precipitan sobre un fiordo y el desplazamiento repentino del agua genera una ola capaz de arrasar comunidades enteras.

Eso no es una invención de Hollywood. Ya ocurrió en Noruega.

El 7 de abril de 1934, una enorme masa rocosa se desprendió en Tafjord, en Møre og Romsdal. La ola resultante golpeó las localidades de Tafjord y Fjøra y 40 personas murieron. El desastre es uno de los antecedentes históricos empleados por los creadores de Bølgen, estrenada en 2015.

Pero la película de Roar Uthaug no reconstruye la tragedia de 1934.

Su protagonista, el geólogo Kristian Eikjord, su familia y la catástrofe contemporánea que destruye Geiranger son ficticios. Lo que hicieron los guionistas fue preguntarse qué pasaría si un fenómeno semejante ocurriera actualmente en Åknes, una montaña real e inestable situada sobre el Sunnylvsfjord.

La posibilidad es suficientemente seria para que las autoridades noruegas mantengan el lugar bajo vigilancia continua mediante GPS, láseres, instrumentos instalados en perforaciones, radares terrestres y satelitales, estaciones meteorológicas y otros sistemas.

Los realizadores tampoco imaginaron por su cuenta el comportamiento de la ola. Especialistas del Norwegian Geotechnical Institute (NGI) asesoraron la producción sobre el desarrollo de grandes deslizamientos y sobre cómo se comportaría una ola dentro de un fiordo estrecho.

El experto Carl B. Harbitz explicó que, en lugar de avanzar necesariamente como una pared vertical de agua, una ola de este tipo puede desplazarse inicialmente de forma más alargada y aumentar de altura al penetrar en sectores donde el fiordo se estrecha y pierde profundidad.

Y, más de una década después del estreno, el riesgo sigue vigente.

En 2026, la Norwegian Water Resources and Energy Directorate (NVE) actualizó sus modelos para Åknes. El organismo contempla cuatro escenarios, desde desprendimientos relativamente pequeños hasta el colapso del conjunto de la zona inestable.

El escenario máximo estudiado alcanza unos 31 millones de metros cúbicos de roca, aunque NVE le atribuye una probabilidad anual muy baja, cercana a 1 entre 12,000. Al sumar los distintos escenarios de deslizamiento, incluidos los mucho menores y más probables, NVE calcula aproximadamente una posibilidad entre 60 por año de algún desprendimiento dentro de la zona analizada.

Eso también obliga a matizar una de las licencias de Bølgen: la película convierte la emergencia en una frenética carrera de apenas minutos.

Uthaug reconoció que los geólogos esperaban que un colapso grande mostrara señales precursoras con mucha mayor anticipación, posiblemente durante semanas, meses o incluso años. El sistema noruego de prevención se basa precisamente en detectar cómo las lentas deformaciones de una montaña comienzan a acelerarse antes de una gran ruptura.

La ola puede llegar rápidamente una vez que la roca cae. Lo dramatizado para aumentar el suspenso es, sobre todo, que nadie perciba a tiempo el deterioro previo de la montaña.

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Foto: IMDB

Lejos del Cinturón de Fuego no significa libre de terremotos

Aquí aparece otra particularidad de Noruega.

El país está muy lejos del Cinturón de Fuego del Pacífico, donde la interacción de placas tectónicas produce gran parte de los terremotos y volcanes más poderosos del planeta. El territorio continental noruego tampoco se encuentra directamente sobre una gran frontera de placas.

Y, sin embargo, tiembla.

NORSAR, una de las principales instituciones sismológicas noruegas, señala que Noruega es el país situado al norte de los Alpes donde más terremotos ocurren. En promedio se registran entre 10 y 15 sismos al año suficientemente fuertes para ser sentidos por personas, aunque la mayoría son pequeños y muchos ocurren mar adentro.

En 1819, la zona de Lurøy sufrió uno estimado en magnitud 5.9; en 1904, Oslo fue afectada por un terremoto calculado en 5.4. En enero de 2025, por ejemplo, un sismo de magnitud 4.3 volvió a sentirse en el oeste del país.

¿Cómo es posible?

Porque las placas tectónicas no son bloques perfectamente rígidos cuyos interiores permanecen eternamente inmóviles.

Noruega está dentro de la placa Euroasiática, pero las fuerzas generadas en sus bordes se transmiten cientos o miles de kilómetros hacia el interior. Una de ellas procede de la Dorsal Mesoatlántica, donde las placas norteamericana y euroasiática se separan. Ese empuje contribuye a acumular tensiones en antiguas fallas y zonas débiles de la corteza escandinava. La institución geológica danesa GEUS identifica precisamente la presión procedente de la dorsal y el levantamiento posglacial de Escandinavia como mecanismos capaces de generar tensiones sísmicas en la región.

Existe además una peculiar herencia de la última Edad de Hielo.

Durante miles de años, una gigantesca capa de hielo presionó Escandinavia hacia abajo. Al derretirse, la corteza comenzó a recuperar lentamente su posición en un proceso conocido como rebote o ajuste isostático posglacial. Esa deformación continúa produciendo tensiones.

NGU añade otros factores: la erosión producida durante sucesivas glaciaciones removió enormes cantidades de roca y sedimentos; parte de ese material terminó depositado frente a la costa. Al cambiar la distribución del peso sobre la corteza, esta se flexiona y determinadas fallas pueden reactivarse. En Nordland incluso se han estudiado variaciones de actividad sísmica vinculadas a cargas de nieve y cambios de agua subterránea.

Es lo que los sismólogos denominan terremotos intraplaca.

Una explicación científica francesa publicada por Futura recuerda que algunos terremotos importantes ocurren precisamente lejos de los bordes tectónicos, cuando antiguas fallas que parecían inactivas vuelven a deslizarse bajo las tensiones actuales de la corteza.

Por eso otro terremoto en Noruega no es solamente posible: pequeños terremotos continuarán ocurriendo.

Otra cuestión muy diferente es esperar un gran sismo destructivo. Ese riesgo es bajo, aunque no inexistente. NGU cita un escenario oficial de un terremoto de magnitud 6.5 frente a Bergen cuya probabilidad fue estimada en alrededor de 3% durante un periodo de 100 años. Sería un acontecimiento poco frecuente, pero potencialmente grave por sus efectos sobre edificios, carreteras, puentes, presas y deslizamientos.

Y aquí conviene evitar una confusión con Bølgen: la película no muestra un tsunami generado por un terremoto.

Su ola nace directamente del desplazamiento de agua provocado por la caída de la montaña. Un terremoto fuerte podría teóricamente desencadenar un deslizamiento en Noruega, pero NVE afirma que ninguna de las grandes tragedias históricas noruegas por desprendimientos puede vincularse con certeza a un terremoto y considera muy baja la probabilidad de un colapso repentino de una montaña causado de esa manera.

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Foto: IMDB

Tres razones poderosas para verla aunque no importe su puntuación

La primera es posiblemente la más inquietante: uno termina viendo un filme de catástrofes sabiendo que el monstruo existe.

Åknes no es un volcán ficticio ni un asteroide inventado para el guion. Es una montaña real que continúa siendo medida por científicos. Los escenarios de NVE fueron revisados nuevamente en 2026 porque existen décadas de datos sobre sus movimientos. Esa proximidad entre entretenimiento y geología transforma escenas que en otra producción serían puro espectáculo en una pregunta incómoda: ¿qué haríamos si la montaña finalmente comenzara a acelerar?

La segunda razón es su forma de filmar la catástrofe físicamente.

Uthaug utilizó efectos digitales para el enorme desprendimiento y la ola exterior, pero muchas de las escenas con agua fueron reales. Para la secuencia del hotel se construyó un decorado dentro de un tanque en Bucarest y se descargaron unos 40,000 litros de agua sobre el escenario y los actores. En otra toma, alrededor de 4,000 litros golpearon el vehículo donde se encontraban los personajes. Ane Dahl Torp y Kristoffer Joner realizaron entrenamiento específico para trabajar sumergidos.

Además, varias secuencias fueron rodadas en el auténtico Geiranger, con habitantes del lugar actuando como extras y corriendo por las mismas carreteras que, en un escenario real, formarían parte de la emergencia.

La tercera es que la película entiende que una ola gigante sólo impresiona durante unos minutos; una familia en peligro puede sostener toda una historia.

En lugar de poblarla de decenas de personajes o convertir la destrucción en una competición de efectos visuales, Bølgen mantiene el desastre pegado a Kristian, Idun y sus hijos. Time destacó precisamente cómo Uthaug consigue que el espectador se interese por esa familia y convierte el poder de la naturaleza en algo más humilde y perturbador que una simple exhibición de destrucción.

Esa escala humana también distingue a la cinta dentro de su género. Bølgen fue presentada como la primera gran película de catástrofes de Noruega y de Escandinavia, y terminó siendo la candidata noruega a los Óscar de 2015. La información francesa de AlloCiné coincide en señalar su carácter pionero dentro del cine escandinavo.

Quizá esa sea la razón definitiva para verla: Bølgen utiliza todas las reglas reconocibles del cine de desastres —el científico que detecta algo extraño, la advertencia tardía, la familia separada y la carrera contrarreloj—, pero coloca debajo de esos lugares comunes una amenaza que los geólogos noruegos todavía observan todos los días.

La destrucción de Geiranger que vemos en pantalla nunca sucedió.

La montaña que podría provocarla sigue allí.

Fuente original: elsalvador.com

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