
Bordadoras a domicilio en El Salvador demandan reconocimiento laboral y mejores ingresos
El Sindicato de Mujeres Bordadoras a Domicilio de El Salvador exige reconocimiento formal de su trabajo, mejores salarios y condiciones laborales dignas para más de 400 familias que dependen de esta actividad artesanal.
El Sindicato de Mujeres Bordadoras a Domicilio de El Salvador ha reiterado la necesidad urgente de que el bordado a domicilio sea reconocido como una actividad laboral formal y no como un simple pasatiempo, percepción que ha prevalecido históricamente en diversos sectores sociales. Esta demanda cobra relevancia debido a que cientos de familias salvadoreñas dependen económica y socialmente de este oficio desarrollado principalmente desde los hogares.
Durante un evento organizado en Palma, España, por la Unión General de Trabajadores (UGT),la secretaria general del sindicato expuso la realidad del gremio y los retos que enfrentan las trabajadoras. En sus declaraciones, destacó que por años muchas bordadoras no identificaron su labor como un trabajo remunerado, lo que ha contribuido al desconocimiento generalizado de sus derechos laborales y a la falta de protección social.
“Nos preguntaban si trabajábamos y decíamos que no, porque no sabíamos que lo que hacíamos era un trabajo”, compartió la dirigente, refiriéndose a la experiencia común entre las mujeres que realizan bordado desde sus hogares. Este desconocimiento ha sido un factor clave en la exclusión de estas trabajadoras de los sistemas formales de empleo y protección social.
Condiciones laborales y económicas del bordado a domicilio
Actualmente, el sindicato cuenta con 209 bordadoras afiliadas, aunque se estima que más de 400 familias dependen directamente de los ingresos generados por esta actividad. Esta cifra podría aumentar si se considera a los núcleos familiares vinculados indirectamente a la labor de bordado.
El bordado a domicilio consiste en la elaboración de piezas textiles que forman parte de prendas de vestir u otros productos, encargados principalmente por empresas intermediarias o talleres, con destino tanto al mercado local como internacional. Sin embargo, esta modalidad presenta desafíos significativos en cuanto a la estabilidad económica y la regulación laboral.
Según la dirigencia sindical, el ingreso promedio mensual de una bordadora ronda los 80 dólares, monto que está por debajo del costo de la canasta básica en El Salvador. Además, el pago se realiza por pieza terminada, lo que implica que las trabajadoras asumen costos adicionales como la energía eléctrica, materiales complementarios y herramientas propias.
Estas condiciones económicas limitadas se suman a la incertidumbre que enfrentan algunas bordadoras, quienes temen perder encargos si deciden afiliarse a la organización o participar en procesos de sindicalización. Esta situación ha impedido que el sindicato amplíe su base y fortalezca la representación colectiva.
Desafíos en la organización y visibilización del gremio
Históricamente, el bordado ha sido una actividad asociada principalmente a mujeres, aunque en algunos casos hombres también participan en esta labor, aunque sin visibilizarlo públicamente. La organización sindical sostiene que el reconocimiento y regulación del bordado debe ser inclusivo y considerar a todas las personas que desarrollan esta actividad artesanal.
En el marco del encuentro en España, se presentó la investigación "Hilos de resistencia: cuerpos y vidas de las bordadoras a domicilio", elaborada por Sindicalistas sin Fronteras ISCOD-UGT. Este estudio documenta las condiciones laborales, físicas y psicosociales de las trabajadoras salvadoreñas, aportando evidencia sobre el impacto del trabajo a domicilio en su salud y bienestar.
El informe señala que la ausencia de contratos formales es una característica recurrente en el sector, lo que dificulta la regulación de horarios, pagos y prestaciones sociales. Las bordadoras enfrentan jornadas prolongadas en espacios que también cumplen funciones domésticas, lo que influye negativamente en su salud física y emocional.
Demandas para la formalización y protección laboral
Las bordadoras agrupadas en el sindicato han solicitado que su labor sea reconocida en el marco legal laboral vigente, con el objetivo de establecer condiciones claras para empleadores y trabajadoras, así como garantizar el acceso a seguridad social y otros derechos básicos. La organización también promueve procesos de formación sobre derechos laborales y la importancia de la organización colectiva para fortalecer el gremio.
El reconocimiento del bordado a domicilio como trabajo formal representa un paso fundamental para que estas mujeres puedan acceder a mejores condiciones de empleo y a garantías laborales que actualmente les son negadas. Esta transformación también contribuiría a visibilizar una actividad que ha sostenido económicamente a centenares de familias salvadoreñas durante décadas.
Contexto nacional e implicaciones
El caso de las bordadoras a domicilio en El Salvador se enmarca en un contexto más amplio del trabajo informal y el empleo realizado desde el hogar, modalidades que predominan en diversos sectores productivos del país. Las organizaciones sindicales y de derechos laborales han reiterado la necesidad de mecanismos de protección específicos para quienes laboran bajo estas condiciones, que a menudo carecen de estabilidad y cobertura social.
El Sindicato de Mujeres Bordadoras a Domicilio continúa con su proceso de organización, difusión y capacitación, con la meta de ampliar su representación y fortalecer la defensa de los derechos de las trabajadoras del sector. Esta iniciativa es fundamental para avanzar hacia una mayor justicia laboral y económica en El Salvador.
En resumen, el bordado a domicilio no solo constituye una expresión cultural y artesanal relevante en el país, sino que también es una fuente de ingresos esencial para cientos de familias. Su reconocimiento formal y la mejora de las condiciones laborales representan un desafío pendiente para las autoridades y la sociedad salvadoreña.
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