
Condiciones críticas en Camp East Montana: testimonios revelan sufrimiento en el mayor centro de detención de ICE
Llamadas al 911 y testimonios revelan condiciones precarias, hacinamiento y falta de atención médica en Camp East Montana, el centro de detención migratoria más grande del ICE en Texas.
En Camp East Montana, el mayor centro de detención del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en Texas, las condiciones de vida y atención médica han generado profundas preocupaciones tras la revisión de más de un centenar de llamadas al 911 realizadas por el personal del lugar en un periodo de cinco meses. Estas llamadas, que se producían casi diariamente, dan cuenta de un entorno marcado por el sufrimiento físico y emocional de los internos, así como de la precariedad en la gestión de la instalación.
Situado en la base militar Fort Bliss, en las afueras de El Paso, Camp East Montana alberga a miles de inmigrantes en una serie de módulos de carpas instaladas sobre el desierto de Chihuahua. Originalmente construido de manera apresurada para responder a la creciente demanda de espacio para detenidos, el centro reemplaza instalaciones tradicionales y ha sido criticado por defensores de derechos humanos y congresistas por sus condiciones consideradas inhumanas.
Testimonios que evidencian hacinamiento y negligencia
Los internos, en promedio 3,000 por día, viven en espacios ruidosos y poco higiénicos donde la propagación de enfermedades es constante y dormir es un lujo escaso. Las carpas, sin ventanas y con techos que gotean en temporadas de lluvia, limitan la exposición al aire libre a breves salidas semanales en patios reducidos. En medio de estas condiciones, los detenidos enfrentan dificultades para acceder a medicamentos y atención médica adecuada, lo que ha provocado desnutrición y un deterioro en la salud mental.
Owen Ramsingh, exadministrador de propiedades detenido en el campamento y deportado posteriormente a Holanda, calificó la experiencia en Camp East Montana como “1,000 % peor que una prisión”. Su relato incluye episodios de violencia entre internos, robos de alimentos debido a las insuficientes raciones, así como la presencia de insectos y suciedad en los dormitorios y áreas comunes.
Emergencias médicas y salud mental en crisis
Las llamadas al 911 detallan múltiples emergencias: convulsiones, problemas cardíacos, intentos de suicidio y agresiones entre detenidos. En varios casos, los internos manifestaron ideas suicidas y algunos intentaron autolesionarse, lo que llevó a intervenciones de emergencia. Un caso documentado es el de Geraldo Lunas Campos, cuyo fallecimiento fue declarado homicidio por asfixia tras un incidente dentro de la instalación.
Los testimonios apuntan a que la salud mental de los detenidos está severamente afectada. Ramsingh indicó además que escuchó a un guardia referirse a apuestas entre el personal sobre quién sería el próximo interno en suicidarse, lo que refleja una alarmante falta de sensibilidad hacia la situación de los detenidos. Estas afirmaciones han sido negadas por el Departamento de Seguridad Nacional (DHS),que asegura que se brinda tratamiento de salud mental y vigilancia continua a los internos en riesgo.
Atención médica deficiente y consecuencias para los detenidos
La atención médica dentro del campamento es objeto de críticas recurrentes. Un detenido cubano, bajo condición de anonimato, denunció la falta de suministro de sus medicamentos para la diabetes, hipertensión y otras condiciones crónicas durante seis semanas. La falta de respuesta adecuada lo llevó a aceptar una autodeportación a México, separándose de su familia residente en El Paso.
Otro caso relevante es el de un detenido ecuatoriano que sufrió la fractura de un brazo durante su detención y, semanas después, no había recibido tratamiento médico adecuado más allá de analgésicos básicos. La representante federal Veronica Escobar, quien ha visitado el centro en varias ocasiones, ha expresado su preocupación por las condiciones y la atención insuficiente que reciben los internos.
Impacto psicológico y duración de las detenciones
Si bien la estancia promedio en Camp East Montana es de nueve días, algunos detenidos permanecen durante meses debido a procesos judiciales o dificultades en la deportación. Durante ese tiempo, la incertidumbre y las condiciones adversas afectan profundamente el bienestar psicológico de los internos. Roland Kusi, detenido originario de Camerún, describió la experiencia como “mentalmente agotadora”, debido a la constante preocupación por su situación y el futuro.
Respuesta oficial y controversias sobre la gestión del centro
El DHS ha defendido la operación del campamento, afirmando que se proporciona comida, agua, atención médica y limpieza regular. Sin embargo, estas declaraciones contrastan con los testimonios de detenidos, defensores y funcionarios públicos que han denunciado violaciones a normas federales. Un informe de inspección realizado en septiembre detectó al menos 60 incumplimientos, aunque dicho documento no ha sido hecho público.
El contrato para la operación del campamento, valorado en hasta 1,300 millones de dólares, fue adjudicado a un contratista sin experiencia previa en instalaciones migratorias, lo que ha generado críticas sobre la calidad y supervisión del servicio. Entre los subcontratistas están empresas encargadas de la seguridad y la atención médica, cuyos rendimientos están siendo cuestionados por legisladores.
Petición de cierre y llamado a investigaciones
La representante Escobar ha solicitado el cierre del campamento y una investigación exhaustiva sobre los contratistas involucrados, calificando la situación como una “crueldad absoluta” y un posible caso de fraude y corrupción. Organizaciones defensoras de derechos humanos también han solicitado el cierre y mejoras inmediatas para garantizar condiciones dignas y seguras para los detenidos.
Contexto nacional e implicaciones
La expansión de los centros de detención migratoria en Estados Unidos forma parte de una política más amplia impulsada durante el gobierno anterior, que priorizó la deportación de personas indocumentadas con fondos millonarios destinados a la operación de estas instalaciones. En este contexto, la situación en Camp East Montana refleja los desafíos de equilibrar la seguridad fronteriza con la protección de los derechos humanos y la dignidad de los migrantes.
Para El Salvador, país con una considerable población migrante en Estados Unidos, estas noticias generan preocupación sobre el tratamiento que reciben los compatriotas en centros de detención y la necesidad de fortalecer la defensa consular y los mecanismos de protección internacional.
Conclusión
Las evidencias recopiladas a través de llamadas de emergencia, testimonios y documentos judiciales dibujan un panorama inquietante sobre las condiciones en Camp East Montana. El hacinamiento, la atención médica insuficiente, los problemas de salud mental y las denuncias de maltrato ponen en entredicho la operación y supervisión del mayor centro de detención del ICE. La situación ha motivado llamados a una revisión profunda de las políticas migratorias y a la implementación de medidas que garanticen el respeto a los derechos humanos de los detenidos.
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