Costa Rica: el tercer país latinoamericano con mayor deuda ante el FMI y su estrategia financiera

Costa Rica: el tercer país latinoamericano con mayor deuda ante el FMI y su estrategia financiera

Costa Rica se ubica como el tercer país de América Latina con mayor deuda con el FMI, detrás de Argentina y Ecuador. Su enfoque financiero y reformas marcan una diferencia significativa.

16 abril 2026
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En el contexto latinoamericano, Costa Rica ocupa el tercer lugar en cuanto a la deuda contraída con el Fondo Monetario Internacional (FMI),situándose detrás de Argentina y Ecuador. Aunque esta posición podría resultar inquietante para los costarricenses, la naturaleza y el manejo de esa deuda presentan características particulares que la diferencian notablemente de sus vecinos sudamericanos.

Contexto de la deuda en América Latina

Argentina encabeza la lista con un saldo aproximado de US$56.944 millones, lo que representa el 8,3% de su Producto Interno Bruto (PIB). Ecuador ocupa el segundo lugar con US$8.850 millones, equivalentes al 6,8% de su PIB. En tercer lugar está Costa Rica, con una deuda cercana a los US$2.441 millones, que representan el 2,4% de su PIB.

Sin embargo, la historia detrás de la deuda costarricense difiere considerablemente de la de Argentina y Ecuador, países que han atravesado crisis fiscales profundas, renegociaciones complejas y convulsiones sociales vinculadas a sus acuerdos con el FMI. Al analizar la proporción de deuda respecto al PIB, la carga financiera de Costa Rica es notablemente menor y su contexto macroeconómico más estable, según expertos en economía regional.

El origen y evolución de la deuda costarricense

Entre 2000 y 2020, Costa Rica enfrentó déficits fiscales persistentes, donde el gasto público superaba consistentemente los ingresos del Estado. Esta situación se agravó durante la crisis financiera mundial de 2009, cuando el gobierno implementó el denominado "Plan Escudo" para mitigar los efectos adversos, y nuevamente al inicio de la pandemia de COVID-19, que impactó una economía aún vulnerable por debilidades estructurales y problemas en la gestión de la deuda.

Ante esta realidad, en 2018 se aprobó una reforma fiscal de gran envergadura conocida como la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas. Esta ley transformó el impuesto sobre ventas en un impuesto al valor agregado (IVA),ampliando su aplicación a servicios, e introdujo la factura digital, entre otras medidas. Este paquete de reformas logró incrementar la recaudación tributaria en casi dos puntos porcentuales del PIB y estableció una regla fiscal para limitar el crecimiento del gasto público.

Estos ajustes permitieron al país mejorar su acceso a organismos internacionales como el FMI, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID),aunque la llegada de la pandemia de COVID-19 revirtió parte de estos avances, elevando la deuda pública del 60% al 68% del PIB en 2020 y afectando las calificaciones crediticias.

Relación reciente con el FMI y características del financiamiento

En abril de 2020, Costa Rica activó un préstamo de emergencia con el FMI por US$506 millones bajo el Instrumento de Financiamiento Rápido (IFR),diseñado para atender crisis urgentes como desastres naturales o pandemias. Posteriormente, en marzo de 2021, se aprobó un acuerdo ampliado a 36 meses por un monto de US$1.778 millones, con condiciones que incluían reformas fiscales, fortalecimiento de la independencia del Banco Central y reformas estructurales.

Actualmente, Costa Rica mantiene una Línea de Crédito Flexible (LCF) con el FMI por US$1.500 millones, otorgada en 2025. Esta línea, de carácter precautorio, se basa en la solidez de los fundamentos económicos y el marco institucional del país, y está destinada a brindar un respaldo ante escenarios de incertidumbre económica global.

Esta modalidad de financiamiento difiere de las líneas activas de crédito que suelen tener países con crisis financieras más agudas, y refleja una estrategia preventiva y de gestión responsable de la deuda.

Créditos verdes y apuesta por la sostenibilidad

Entre las facilidades crediticias disponibles para Costa Rica se incluyen varias líneas denominadas "créditos verdes", destinadas a financiar reformas vinculadas con la sostenibilidad ambiental y la mitigación del cambio climático. Esta tendencia es relativamente nueva dentro del FMI y representa una apuesta estratégica para que el país avance en políticas económicas compatibles con la protección del medio ambiente.

El país ha experimentado un crecimiento en sus exportaciones, alcanzando un récord de US$23.000 millones en bienes en el último año, y ha recibido inversiones extranjeras significativas, gracias en parte a sus zonas francas y la presencia de multinacionales reconocidas. Esto contribuye a mejorar la confianza de los inversores internacionales y a fortalecer la economía nacional.

Perspectivas y desafíos económicos

Aunque Costa Rica evitó caer en una crisis de liquidez a corto plazo, enfrenta desafíos estructurales importantes. Se prevé la posible implementación de una reforma tributaria que podría aumentar el impuesto sobre la renta, con el fin de consolidar la disciplina fiscal establecida por la regla fiscal vigente.

Expertos coinciden en que la Línea de Crédito Flexible con el FMI funciona como un mecanismo de seguro a largo plazo, que prepara al país para enfrentar eventos externos adversos, como las tensiones internacionales que afectan los precios del petróleo.

Las reformas implementadas y el acceso a financiamiento precautorio fortalecen la posición económica de Costa Rica, a pesar de las dificultades inherentes a la coyuntura global.

Conclusión

La inclusión de Costa Rica entre los países latinoamericanos con mayor deuda ante el FMI no debe interpretarse únicamente como un signo de vulnerabilidad. La estrategia seguida por el país, basada en reformas fiscales, acceso a líneas de crédito precautorias y financiamiento orientado a la sostenibilidad, ha permitido mejorar su perfil económico y mantener la confianza de organismos internacionales y mercados.

En comparación, Argentina y Ecuador presentan escenarios de deuda con mayor presión fiscal y problemas estructurales más profundos. Costa Rica, por su parte, se posiciona como un caso de manejo prudente y proactivo, que busca garantizar estabilidad económica y desarrollo sostenible frente a un contexto global incierto.

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