De El Salvador a Irlanda, Pedro Molina abre camino en el cine

De El Salvador a Irlanda, Pedro Molina abre camino en el cine

Pedro Francisco Molina Ramos, conocido creativamente como Pedro Molina, es un joven cineasta salvadoreño criado en Santa Ana que está abriéndose camino en el cine desde Irlanda. A los 19 años dejó El Salvador para estudiar Producción de cine, televisió...

29 julio 2026
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Pedro Francisco Molina Ramos, conocido creativamente como Pedro Molina, es un joven cineasta salvadoreño criado en Santa Ana que está abriéndose camino en el cine desde Irlanda. A los 19 años dejó El Salvador para estudiar Producción de cine, televisión y medios audiovisuales en Griffith College, donde se formó como guionista, productor y director.

Tres años después, Pedro Molina recibió el premio Outstanding Creative Vision 2026 durante la gala Griffith Creative 2026 Film & TV Production Screening, realizada el 28 de mayo de 2026 en Lighthouse Cinema, en Irlanda. Sin embargo, su historia va más allá de un logro académico: quiere que el cine también sea una forma de poner a El Salvador en el mapa creativo internacional.

En entrevista exclusiva con elsalvador.com, el joven habla de su vida antes de partir, de las películas de terror que veía con su papá, de la nostalgia por el país y de su deseo de llevar personajes como la Siguanaba, la carreta chillona o el padre sin cabeza a la pantalla grande.

Un salvadoreño entre Santa Ana e Irlanda

Antes de mudarse a Europa, Pedro describe su vida en El Salvador como “bastante cómoda”. Nació en San Salvador, pero creció en Santa Ana. La mayoría de su familia sigue en el país y sus recuerdos están marcados por el clima, el lago, la playa y esa cercanía humana que, según él, distingue a los salvadoreños.

Lo que más lo transporta de inmediato a El Salvador no es solo un paisaje, sino la gente. “La gente es cálida y todos se tienen un respeto y cariño aunque no se conozcan”, cuenta. Desde Irlanda, esa imagen se volvió todavía más fuerte.

Polo Molina es un cineasta con raíces salvadoreñas en Irlanda, conoce su visión y trabajo. Vídeo: cortesía / elsalvador.com - Steven Anzora.

La distancia también le cambió la forma de mirar su país. Pedro reconoce que, cuando uno crece en El Salvador, a veces piensa en irse, especialmente al recordar los años de inseguridad que marcaron su niñez. Pero vivir lejos le permitió valorar lo cotidiano: comer mango con limón y sal en la playa, saltar del muelle en el Lago de Coatepeque o ir por pupusas a la vuelta de la esquina.

Hoy, cuando piensa en El Salvador, lo ve como “un país bello lleno de gente amable que encuentra la felicidad en los momentos más sencillos”. Esa nostalgia no aparece en su historia como tristeza, sino como una fuerza que alimenta su mirada creativa.

El cine empezó en casa

Aunque ahora habla de cine con claridad, Pedro no siempre imaginó que ese sería su camino. De niño escribía cuentos cortos y dibujaba cómics en el colegio. Más adelante, en la Escuela Interamericana, comenzó a escribir guiones para obras de teatro. La buena recepción de esos textos le abrió una posibilidad nueva: quizá podía escribir películas.

Desde Santa Ana hasta Irlanda, Pedro Molina abre camino para nuevos talentos creativos salvadoreños.
Desde Santa Ana hasta Irlanda, Pedro Molina abre camino para nuevos talentos creativos salvadoreños.

Pero hubo otra escuela más íntima: la sala de su casa. Pedro recuerda que su papá tenía el hábito de comprar películas de terror después del trabajo. Luego las veían juntos antes de que llegara su mamá. Así conoció los clásicos del género y, sin saberlo, empezó a entender sus reglas.

“De tanto verlas, aprendí las bases y las reglas del género”, recuerda. Fue entonces cuando pensó: “Ey, yo también puedo escribir algo así”.

La historia familiar tiene otro giro importante. Pedro estaba listo para estudiar medicina, como sus papás. Sin embargo, fue su padre quien, al leer sus guiones, le planteó la posibilidad de estudiar cine. “Le doy todo el crédito por descubrir ese don en mí antes que yo lo hiciera”, afirma. Incluso su seudónimo artístico, Polo Molina, nace del segundo nombre de su papá, Leopoldo.

Cuando la distancia también inspira

Irse a Irlanda a los 19 años fue, en sus palabras, una “prueba de fuego”. Lo resume como una experiencia de “volar o estrellarte” y de aprender a sostenerse solo en otro continente. Aun así, asegura que ha sido la mejor experiencia de su vida.

El clima y la distancia fueron los retos más fuertes. Pedro prefiere “mil veces” el sol y el calor salvadoreño al frío y la lluvia irlandesa. También reconoce que extrañar la casa pesa más cuando uno sabe que está lejos. Pero esa misma lejanía, dice, forja carácter y resiliencia.

El cineasta salvadoreño se formó en Griffith College como guionista, productor y director.
El cineasta salvadoreño se formó en Griffith College como guionista, productor y director. / Foto cortesía

Eligió Griffith College después de considerar también estudiar en San Francisco. Se inclinó por Irlanda porque quería conocer Europa y porque veía oportunidades en una industria audiovisual activa. Además de su formación universitaria, trabajó como extra en proyectos como La Momia y Merlina, experiencias que le permitieron observar de cerca cómo funciona un set internacional.

“Ver a Tim Burton dirigir a veinte pies de mí fue increíble”, recuerda.

Una gala, tres cortometrajes y un premio

Durante la gala en Lighthouse Cinema se proyectaron nueve cortometrajes de la generación. Pedro colaboró en tres: The Carving, Full House y Ride or Die. Para él, ver esos trabajos en pantalla grande fue un sueño cumplido.

“No hay mejor sentimiento que sentarte en una sala llena de personas reaccionando a tu trabajo y luego ver tu nombre en los créditos”, cuenta. Después de años de escribir, producir, dirigir y resolver problemas de rodaje, ese momento hizo que todo valiera la pena.

Los cortometrajes Full House y Ride or Die formaron parte de la muestra audiovisual de Griffith College en Irlanda.
Los cortometrajes Full House y Ride or Die formaron parte de la muestra audiovisual de Griffith College en Irlanda.

En The Carving, un cortometraje de terror, trabajó como productor. La historia sigue a Alice, una joven que visita una cosecha de calabazas con sus amigas para distraerse del aniversario de la muerte de su madre, sin saber que la dueña del lugar tiene otros planes. Pedro se encargó del presupuesto, casting, papeleo, locaciones, días de grabación, comida y equipo.

Una de sus partes favoritas fue encontrar la casa para el corto. En su visión, en las películas de terror la casa puede funcionar como otro personaje. Junto a su supervisor llegó a Malahide, una zona de Irlanda donde encontró una vivienda escondida tras un muro, un jardín y una fila de arbustos. Las ventanas parecían espejos y el jardín trasero se transformaba lentamente en bosque. Ahí supo que tenía el lugar perfecto.

Comedia, ansiedad y el peso de crecer

Full House fue una comedia familiar navideña que Pedro produjo y coescribió. La intención era hacer una sátira sobre las cenas de familias disfuncionales, sin perder el drama ni la incomodidad que puede surgir cuando los secretos salen a la luz.

Ride or Die, en cambio, fue escrita y dirigida por él. El corto sigue a Connall, un joven irlandés que trabaja como asistente de un jefe tirano y tiene menos de una hora para cumplir un recado imposible. Para Pedro, la historia habla de una presión que no pertenece solo a su generación, aunque la atraviesa con fuerza.

El joven cineasta quiere llevar leyendas salvadoreñas como la Siguanaba a la pantalla grande.
El joven cineasta quiere llevar leyendas salvadoreñas como la Siguanaba a la pantalla grande. / Foto cortesía

El cineasta salvadoreño considera que vivimos en una época de incertidumbre, donde ya no parece tan alcanzable comprar una casa o avanzar en una carrera al mismo ritmo que antes. Por eso, la historia también deja una reflexión: “es importante desacelerar de vez en cuando y no ser tan duros con nosotros mismos”.

Ese mensaje conecta con una parte importante de su forma de crear: Pedro no quiere hacer historias vacías. Le interesa que el público se ría, se asuste o se entretenga, pero también que encuentre algo humano detrás de cada personaje.

Terror con raíces salvadoreñas

Aunque ha trabajado comedia, Pedro reconoce que su mayor conexión creativa está en el terror. Le interesa especialmente el folk horror latinoamericano, un género que puede dialogar con mitos, memorias, miedos colectivos y relatos heredados.

“Venimos de una tierra con una gran historia indígena, y con eso vienen temas espirituales y fantásticos”, explica. Desde pequeño sintió curiosidad por leyendas como el padre sin cabeza, el gritón de medianoche, la carreta chillona, la descarnada y, por supuesto, la Siguanaba.

Pedro Molina encontró en el cine una forma de contar sus raíces salvadoreñas desde Irlanda.
Pedro Molina encontró en el cine una forma de contar sus raíces salvadoreñas desde Irlanda. / Foto cortesía

Su interés no está solo en provocar miedo. Pedro cree que las mejores historias de terror usan el género como un canal para decir algo más profundo. Por eso sueña con llevar leyendas salvadoreñas a la pantalla grande de una manera que conecte con la historia, la identidad y las emociones del país.

También admira La Sigua, de Iván Mayer, a quien conoció en persona. Le interesa cómo esa obra utiliza a la Siguanaba como representación de la violencia vivida en El Salvador durante el conflicto armado. A Pedro le gustaría adaptar esa historia a un guión de película.

Cuando el cine también abre caminos

Para Pedro, recibir el premio Outstanding Creative Vision 2026 de parte de la facultad de Creative Arts fue más que un reconocimiento universitario. El galardón destacó al cineasta con mejor desempeño en áreas creativas como escritura, producción y dirección.

Pero, en su lectura personal, el premio también tiene un valor simbólico. “No es un país muy conocido, pero por eso es importante ser embajadores de nuestro Pulgarcito”, afirma. Para él, representar a El Salvador desde una sala de cine en Irlanda es un honor.

Su siguiente paso es lanzar Blood Sun Films, una compañía de producción que desarrolla junto a su colega James Ryan. El proyecto estará enfocado en cortometrajes y películas de terror. Su primer guión se llama False Prophets, o Falsos Profetas, y esperan producirlo próximamente.

Pedro terminó sus estudios y está a la espera de su diploma. Mientras tanto, su historia ya deja una imagen poderosa: la de un joven que salió de Santa Ana, cruzó el océano y encontró en el cine una forma de narrar sus miedos, su generación y sus raíces. “Ganar ese premio para mí no fue solo poner a El Salvador en alto”, dice, “sino también demostrarle a aquel niño o niña que vive allí y le gustan las artes, ya sea cine, literatura, lo que sea, que si yo lo hice, carajo, cualquiera puede”.

Fuente original: elsalvador.com

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