De migrante indocumentado a obispo: la trayectoria del salvadoreño Evelio Menjívar en EE. UU.

De migrante indocumentado a obispo: la trayectoria del salvadoreño Evelio Menjívar en EE. UU.

Evelio Menjívar, migrante salvadoreño que huyó de la guerra civil, supera obstáculos para ser nombrado obispo en Virginia Occidental, EE. UU., donde defiende la dignidad humana.

9 mayo 2026
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La historia de Evelio Menjívar es un relato de superación y esperanza que refleja la compleja realidad de miles de migrantes salvadoreños. A sus 56 años, Menjívar, quien salió de El Salvador huyendo del conflicto armado, ha sido nombrado obispo de la diócesis de Wheeling-Charleston, en Virginia Occidental, Estados Unidos, convirtiéndose en el primer salvadoreño en ocupar este importante cargo en dicho estado.

Una huida marcada por el miedo y la supervivencia

Menjívar recuerda que su salida de El Salvador no estuvo motivada por ambición o aventura, sino por el miedo que dominó a toda una generación durante la guerra civil que azotó el país centroamericano. Con apenas 20 años, enfrentó una realidad en la que las opciones parecían reducirse a enlistarse en el ejército, ser reclutado por la guerrilla o escapar para salvar la vida. Eligió la última.

Su travesía migratoria estuvo llena de desafíos y riesgos. En su primer intento para cruzar hacia Estados Unidos llegó hasta Tijuana, México, donde pudo ver la bandera estadounidense ondeando al otro lado de la frontera. Sin embargo, fue detenido, encarcelado y deportado, una experiencia que no solo representó una derrota física sino también emocional.

Sin rendirse, después de varios intentos logró ingresar a Estados Unidos oculto en el maletero de un automóvil, acompañado de su hermano y dos primos. Su destino fue Los Ángeles, California, donde comenzó una nueva batalla: adaptarse a una ciudad multicultural y a una cultura muy diferente a la de su pequeño pueblo natal.

Del estigma migratorio a la ciudadanía y el sacerdocio

La vida en Estados Unidos no fue sencilla para Menjívar. Durante años vivió con la incertidumbre del estatus migratorio indocumentado, enfrentando el temor constante de ser descubierto y deportado, así como el estigma social asociado a esa condición. Sin embargo, la fe se convirtió en su refugio y guía. A lo largo del tiempo obtuvo protección humanitaria, una visa como trabajador religioso y finalmente la ciudadanía estadounidense en 2006.

Su vocación sacerdotal lo llevó a dedicar su vida al servicio de comunidades migrantes, especialmente latinas, quienes a menudo enfrentan rechazo y discriminación. En ese contexto, su nombramiento como obispo en Virginia Occidental representa un hecho histórico y simbólico, pues se convierte en el primer salvadoreño en ocupar ese rol en un estado caracterizado por una población conservadora y un fuerte respaldo al Partido Republicano.

Un liderazgo pastoral en un contexto político complejo

El nombramiento de Menjívar llega en un momento en que Estados Unidos vive una polarización creciente en torno al tema migratorio, especialmente tras las políticas antimigratorias implementadas durante la administración de Donald Trump. Virginia Occidental, uno de los estados más conservadores del país, ha sido un bastión de ese discurso.

A pesar de ello, Menjívar ha expresado que su designación no debe interpretarse como un mensaje político o una provocación. En declaraciones a medios internacionales, señaló que la decisión responde a una visión pastoral de la Iglesia, que busca acercarse a las comunidades incluso en contextos donde los migrantes son vistos con desconfianza.

El obispo destacó la confianza que el papa León XIV ha depositado en él, recordando que el pontífice también ha sido misionero en países con realidades culturales diversas, lo que refuerza su esperanza de abrir corazones y tender puentes en su nueva diócesis.

Defensor de la dignidad humana más allá de la política

Menjívar prefiere definirse no como un crítico político, sino como un defensor de la dignidad humana. Para él, el debate migratorio debe trascender las ideologías y las fronteras, enfocándose en el valor intrínseco de cada persona que migra. Asegura que cuestionará cualquier política que atente contra ese valor, independientemente del liderazgo político en Estados Unidos.

Su postura está profundamente influenciada por el mensaje del papa León XIV, quien ha insistido en que la Iglesia debe "dar la bienvenida, acoger, proteger y promover" a los migrantes. Estos principios son especialmente significativos para Menjívar, quien lamenta no haberlos experimentado plenamente durante su llegada a Estados Unidos como joven indocumentado.

Una historia que humaniza el fenómeno migratorio

La reflexión más poderosa de Menjívar surge de su experiencia personal. Durante años sintió el peso del juicio social por la forma en que ingresó al país, pero hoy insiste en que ninguna persona debe ser definida únicamente por cómo cruzó una frontera.

“No importa si uno llegó escondido en un maletero, con visa o en avión. Eso es solo una parte de tu historia, no toda”, ha afirmado. En un contexto donde el discurso migratorio suele reducir a las personas a cifras o estatus legales, la trayectoria de Menjívar subraya que detrás de cada migrante hay un ser humano con miedos, sueños, heridas y esperanzas.

Su historia, que comenzó huyendo de la guerra civil salvadoreña, culmina hoy con un puesto de gran relevancia en la Iglesia católica de Estados Unidos, simbolizando un camino de resiliencia y compromiso con la dignidad humana.

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