De una champita a un negocio exitoso: la historia de la pupusería Lo Nuestro en El Salvador

De una champita a un negocio exitoso: la historia de la pupusería Lo Nuestro en El Salvador

Marisela Ovando convirtió un humilde inicio en Olocuilta en una pupusería con dos sucursales, tecnología, empleo para 18 personas y compromiso social en El Salvador.

20 mayo 2026
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El crecimiento de la pupusería Lo Nuestro, un referente en Olocuilta

La pupusería Lo Nuestro se ha consolidado como un punto de referencia gastronómico en El Salvador, ubicada estratégicamente al lado de la carretera a Comalapa, en la entrada de Olocuilta, rumbo al Aeropuerto Internacional Monseñor Óscar Arnulfo Romero. Este establecimiento destaca por ofrecer un ambiente amplio y cómodo bajo la sombra de árboles, donde los comensales pueden disfrutar de un variado menú que incluye cinco sabores tradicionales de pupusas y trece especialidades adicionales.

Con una producción diaria que oscila entre 500 y 700 pupusas, Lo Nuestro atiende también desayunos, almuerzos, cenas y postres, consolidando su presencia en la gastronomía local y regional. La pupusería, que opera desde hace más de una década en su actual local, ha incorporado en los últimos años tecnologías que optimizan la atención, como el uso de tabletas para tomar órdenes, opciones de pago electrónico y en efectivo, facturación digital, cámaras de seguridad y una activa gestión en redes sociales.

Un emprendimiento que generó empleo y desarrollo

Actualmente, Lo Nuestro es fuente de empleo formal para 18 personas distribuidas en dos sucursales: la principal en Olocuilta, departamento de La Paz, y otra en la colonia La Cima, en San Salvador. Además, ofrece servicios de entrega a domicilio y atención en eventos sociales, extendiendo su alcance a diferentes espacios y celebraciones.

El negocio también ha creado una línea de productos promocionales, que incluye tazas, bolsas reutilizables y camisetas con el logo de la pupusería, contribuyendo a la fidelización de clientes y al fortalecimiento de su marca.

Los inicios: de una champita a un sueño emprendedor

La historia de Lo Nuestro comenzó hace 18 años con Marisela Ovando de Valle, quien decidió emprender en el sector gastronómico luego de estudiar Contabilidad. Aunque su formación académica estaba orientada a la oficina, su vocación era otra. De acuerdo con sus propias reflexiones, siempre tuvo claro que quería ser empresaria y no pasar sus días encerrada en un escritorio.

En 2008, en su natal Olocuilta, un pueblo reconocido por sus pupusas, abrió su negocio en una pequeña champita con un toldo y unas pocas mesas que ofrecían escasa protección en invierno. Durante sus primeros días enfrentó dificultades significativas; en ocasiones, los clientes simplemente utilizaban el parqueo sin consumir, y hubo jornadas donde las ventas fueron mínimas, como un día en el que sólo vendió una bolsa de agua.

Estrategias para atraer clientes y crecer

Ante la baja afluencia de clientes, Marisela buscó inspiración en relatos de emprendedores, encontrando la idea de regalar muestras para darse a conocer. Así, comenzó a obsequiar pupusas de prueba a quienes pasaban por su local, lo que marcó un punto de inflexión al atraer a los primeros clientes recurrentes.

Durante siete años, trabajó incansablemente para consolidar el negocio, ganándose la lealtad de los clientes y transformando la champita en un local acogedor que fue creciendo en tamaño y reconocimiento. El nombre “Lo Nuestro” fue una sugerencia familiar que terminó por definir la identidad del establecimiento.

Cuando la propiedad donde funcionaba el negocio fue vendida y recibió la orden de desalojo, enfrentó un momento difícil, temiendo perder a sus clientes acostumbrados a la ubicación. Sin embargo, esta situación la llevó a trasladarse a un local más amplio, donde comenzó con solo cuatro mesas y una visión clara de expansión.

Apoyo financiero y administrativo para la expansión

El crecimiento del negocio llevó a Marisela a buscar financiamiento para abrir una segunda sucursal. Durante un tiempo, enfrentó obstáculos relacionados con los requisitos bancarios, hasta que hace aproximadamente seis años estableció una relación con Banco Integral, que le ha brindado apoyo financiero y asesoría.

Este acompañamiento no solo facilitó la apertura de la sucursal en la colonia La Cima, San Salvador, sino que también permitió planificar la apertura de una nueva pupusería en Olocuilta. Con la guía de sus asesores, Marisela aprendió a delegar responsabilidades, enfocándose en la administración y el crecimiento estratégico de su negocio.

Además, ha recibido apoyo de la Comisión Nacional de la Micro y Pequeña Empresa (CONAMYPE) y obtuvo becas para capacitación, fortaleciendo sus capacidades como empresaria.

Compromiso social y retorno a la comunidad

Más allá del éxito comercial, Marisela destaca la importancia de la gratitud y el compromiso con la comunidad. Como muestra de agradecimiento, ha implementado acciones solidarias, como llevar desayunos de pupusas a una fundación local que atiende a niños y niñas en situación de vulnerabilidad.

Esta fundación acoge a menores retirados de entornos de riesgo y les brinda apoyo integral, incluyendo educación y acompañamiento en la transición a la vida adulta. El gesto de compartir alimentos se ha convertido en una tradición que fortalece el vínculo con la comunidad y refleja valores de responsabilidad social.

Una colaboradora de la institución señaló que la llegada de las pupusas genera entusiasmo y alegría entre los niños, quienes participan activamente en la preparación y disfrute del desayuno, destacando el valor de acciones solidarias en el entorno local.

Conclusiones

La trayectoria de Lo Nuestro y su fundadora ejemplifican el esfuerzo, la resiliencia y la innovación que caracterizan a los emprendedores salvadoreños. Partiendo de condiciones precarias, este negocio ha evolucionado hasta convertirse en un referente de la gastronomía tradicional, generador de empleo formal y promotor de la inclusión social.

La combinación de trabajo constante, aprendizaje continuo y apoyo institucional ha sido clave para su desarrollo, demostrando que la perseverancia y la visión empresarial pueden transformar realidades y contribuir al progreso económico y social de El Salvador.

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