El ciclo de la mutilación genital femenina en Colombia: un desafío para la comunidad emberá y el Estado

El ciclo de la mutilación genital femenina en Colombia: un desafío para la comunidad emberá y el Estado

La mutilación genital femenina continúa en comunidades emberá de Colombia, generando graves consecuencias para la salud. Mujeres indígenas y autoridades impulsan una ley para erradicar esta práctica.

16 abril 2026
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En Colombia, la mutilación genital femenina (MGF),también conocida como ablación, permanece como una práctica arraigada en ciertas comunidades indígenas y afrocolombianas, especialmente en la etnia emberá. A pesar de los esfuerzos por erradicarla, esta tradición continúa generando un ciclo de dolor y consecuencias médicas que afectan a niñas y mujeres desde temprana edad.

Carla Quiñonez*, una mujer emberá de 30 años, relata la experiencia traumática que vivió su hija cuando, a los seis meses de edad, fue sometida a la ablación por decisión de su propia abuela, sin su consentimiento ni conocimiento previo. Según cuenta, la niña presentó fiebre, hinchazón y sangrado, síntomas que alertaron a la madre, quien enfrentó la negación y justificaciones culturales de su familia. La situación derivó incluso en violencia doméstica y dificultades para acceder a atención médica adecuada debido al aislamiento geográfico y las condiciones climáticas adversas.

La realidad de la mutilación genital femenina en Colombia

Colombia es el único país en América Latina donde se ha confirmado la presencia de la MGF, concentrándose principalmente en comunidades emberá y afrocolombianas asentadas en zonas rurales y aisladas, como el departamento de Risaralda. La Organización Mundial de la Salud (OMS) describe la mutilación como la resección parcial o total de los genitales femeninos externos por motivos no médicos, una práctica que afecta a más de 300 millones de niñas y mujeres en el mundo, con mayor prevalencia en África, Medio Oriente y Asia.

En Colombia, hasta octubre de 2025, se registraron oficialmente 26 casos de MGF, cifra que ha ido en aumento con 54 casos reportados en 2024 y 91 en 2023. Expertos y autoridades indican que existe un subregistro significativo debido a la dificultad de acceso a servicios de salud y la normalización cultural que impide la denuncia y visibilización del problema.

Consecuencias médicas y sociales

La mutilación genital femenina puede provocar hemorragias, infecciones urinarias recurrentes, problemas menstruales, complicaciones en el parto, así como impactos psicológicos y sexuales de por vida. Carla Quiñonez señala que su hija presenta dolores e infecciones constantes, condiciones que se reflejan en muchas sobrevivientes de esta práctica.

La pediatra Diana Ramos Mosquera, quien atiende casos en el hospital San Jorge de Pereira, departamento con mayor incidencia, confirma que la mayoría de las mutilaciones observadas corresponden a los tipos 1 y 2 definidos por la OMS, que involucran la extracción parcial o total del clítoris y los labios menores. Asimismo, ha atendido casos severos que requieren reconstrucción vaginal para permitir funciones básicas como la menstruación y la actividad sexual futura.

Contexto cultural y resistencia a la erradicación

La ablación está asociada a creencias ancestrales dentro de la Gran Nación Emberá, que cuenta con aproximadamente 300,000 miembros en Colombia, Ecuador y Panamá. Entre las justificaciones tradicionales se encuentran mitos sobre la necesidad de "curar" a las niñas para evitar que desarrollen características masculinas o para evitar la promiscuidad, enmarcados en una estructura social patriarcal.

Sin embargo, líderes indígenas y activistas, como Juliana Domico, consejera de la Confederación Nacional de los Pueblos Emberá, rechazan que la mutilación sea parte integral de la cultura ancestral. Según Domico, la práctica es producto del desconocimiento anatómico y el machismo, y no debe confundirse con las expresiones culturales legítimas de la comunidad.

La transmisión de esta práctica ha sido fechada a través de diversas teorías sin evidencia concluyente, incluyendo la posible influencia de esclavos africanos traídos durante la época colonial, y relatos orales que atribuyen su origen a casos de intersexualidad en la región.

Desafíos para la prevención y atención

El aislamiento geográfico y lingüístico dificulta la comunicación entre comunidades indígenas y el sistema de salud, mientras que la estigmatización y discriminación social afectan a las sobrevivientes y a sus familias. Carla Quiñonez relata que, tras denunciar la ablación de su hija, enfrentó amenazas y rechazo tanto en su comunidad como en hospitales de Bogotá, donde recibió un trato discriminatorio que la llevó a evitar la atención médica formal.

La falta de formación especializada para los profesionales de la salud es otro obstáculo. La pediatra Ramos Mosquera enfatiza la necesidad de capacitación para identificar casos y brindar atención integral, así como sensibilizar a las comunidades sobre los riesgos y derechos de las niñas.

Avances legislativos y perspectivas futuras

La mutilación genital femenina en Colombia fue visibilizada a nivel nacional a partir de 2007, tras la muerte de una bebé a causa de esta práctica. Desde entonces, se han desarrollado campañas de sensibilización y un movimiento creciente dentro de las comunidades afectadas para erradicar la ablación.

En 2025, la Cámara de Representantes aprobó un proyecto de ley para prevenir, atender y erradicar la mutilación genital femenina, que actualmente se encuentra en trámite en el Senado. Esta legislación busca no solo sancionar la práctica, sino principalmente priorizar la prevención y protección de las niñas, evitando la criminalización de las abuelas y parteras que podrían impedir que las víctimas reciban atención médica oportuna.

Carolina Giraldo, congresista del departamento de Risaralda y promotora de la iniciativa, reconoce que el subregistro y la concentración de casos en ciertas regiones han dificultado una respuesta institucional unificada, pero destaca que el desplazamiento de comunidades emberá a zonas urbanas como Bogotá ha acelerado el debate público y político.

El camino hacia la erradicación

Para muchas mujeres emberá, la lucha contra la mutilación genital femenina representa un reto generacional. La normalización social, el miedo y la vergüenza dificultan la apertura al diálogo, aunque existen avances en la concientización y rechazo a la práctica.

La historia de Carla Quiñonez ilustra la complejidad de este fenómeno cultural y social. A pesar de las amenazas y dificultades, continúa su labor de sensibilización y defensa de los derechos de las niñas en su comunidad, convencida de que el cambio es posible. Reconoce que enfrentar la verdad con su hija será un momento difícil, pero necesario para romper el ciclo y garantizar que futuras generaciones puedan vivir sin esta forma de violencia.

*Nombre protegido para evitar revictimización.

La mutilación genital femenina en Colombia exige un enfoque integral que combine respeto cultural, educación, fortalecimiento institucional y garantía de derechos humanos para erradicar esta práctica y proteger la salud y dignidad de las niñas y mujeres afectadas.

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