El lado incómodo de los \"likes\" que ven tus amigos

El lado incómodo de los "likes" que ven tus amigos

Instagram quiso recuperar la conversación entre amigos y abrió una ventana hacia sus hábitos digitales ¿Qué dicen investigaciones universitarias al respecto?

1 septiembre 2026
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Un hombre descubre que su pareja consume determinado contenido erótico, mientras una amiga advierte que alguien cercano reacciona con frecuencia a publicaciones políticas que jamás comenta en persona. Otro usuario comienza a preguntarse por las creencias, intereses o vida privada de alguien después de ver los Reels asociados a su fotografía.

No hacía falta entrar en su perfil y revisar publicación por publicación. Instagram había comenzado a reunir parte de esas interacciones en un mismo espacio y a mostrarlas directamente a las personas con las que existía seguimiento mutuo.

La función comenzó a probarse a principios de 2025 dentro de Reels. En agosto de ese año, META anunció su lanzamiento global bajo una pestaña denominada “Friends” o “Amigos”, destinada a mostrar contenido público con el que las amistades habían interactuado.

El objetivo declarado era recuperar parte del componente social de Instagram y evitar que la aplicación se limitara a una sucesión infinita de videos recomendados por algoritmos. Sin embargo, la plataforma modificó algo importante en la forma en que esas pequeñas acciones podían ser observadas.

Un “Me gusta” podía haber sido técnicamente visible antes, pero encontrarlo exigía coincidir con la publicación, abrir sus interacciones o buscar de manera deliberada. Instagram comenzó a seleccionar esas huellas, reunirlas y llevarlas directamente delante de los amigos.

Instagram ya había descubierto en 2019 lo peligroso que era mostrar demasiado

La idea ni siquiera era completamente nueva. Desde 2011, Instagram tuvo una pestaña denominada “Following”, que permitía observar actividades de las personas seguidas, como publicaciones marcadas con “me gusta”, comentarios realizados y nuevas cuentas seguidas.

Con el tiempo, aquella herramienta adquirió una reputación incómoda. Algunas personas la utilizaban para vigilar parejas, comprobar interacciones con exparejas, observar qué modelos seguía alguien o incluso saber si una persona que decía estar ocupada continuaba activa dentro de Instagram.

La plataforma terminó eliminándola en octubre de 2019. La explicación ofrecida entonces resulta particularmente significativa vista desde la actualidad, porque responsables de Instagram reconocieron que muchos usuarios no eran plenamente conscientes de que su actividad estaba siendo expuesta de aquella manera.

Seis años después, una idea similar regresó dentro de Reels. No obstante, existen diferencias importantes, porque la actual pestaña no constituye un historial cronológico completo de todo cuanto hace una persona dentro de Instagram.

Meta confirmó que la función trabaja de manera algorítmica, se limita a contactos que se siguen mutuamente y utiliza Reels públicos aptos para ser recomendados. Esto significa que observar cinco videos asociados a una amistad no equivale necesariamente a descubrir sus últimos cinco “me gusta”.

Tampoco garantiza que esos videos sean representativos de aquello que más consume o de sus intereses más profundos. El algoritmo decide cuáles de esas señales llevar delante de otra persona y en qué momento hacerlo.

Esa precisión desmonta una de las primeras exageraciones que acompañaron la polémica. Instagram no entregó a cada usuario un expediente completo con todos los corazones de sus amistades, pero sí convirtió señales pequeñas y dispersas en una narración aparentemente coherente.

La prensa italiana advirtió tempranamente este problema. Wired Italia señaló que la verdadera novedad no consistía tanto en hacer público algo absolutamente secreto, sino en volver fácilmente rastreable y centralizada una actividad que antes exigía una búsqueda mucho más deliberada.

Medios franceses plantearon una inquietud parecida al señalar que conocer aquello que los amigos estaban viendo podía favorecer conversaciones, pero también hacer que los usuarios pensaran dos veces antes de reaccionar con un corazón a determinado contenido.

En Alemania, BR24 describió la función como una herramienta capaz de revelar inesperadamente aspectos íntimos. Entre sus ejemplos aparecían compañeros de trabajo descubriendo comentarios comprometedores o conocidos encontrando afinidades políticas que jamás habían sido expresadas cara a cara.

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Foto: Escom

Una psicóloga estudió el fenómeno de cerca y advirtió sobre las conclusiones precipitadas

Nicole O'Donnell, especialista en psicología de los medios de Washington State University, dedicó en junio de 2025 un análisis específicamente a esta nueva función. No se trató de un estudio experimental ni de un artículo científico revisado por pares, pero sí de una lectura profesional basada en su trabajo académico.

O'Donnell relató observaciones realizadas mientras acompañaba a 25 estudiantes universitarios durante un programa en el extranjero. Allí comprobó hasta qué punto algunos jóvenes investigaban previamente las huellas digitales de quienes iban a compartir habitación con ellos.

Según explicó, incluso llegaron a producirse cambios de compañeros porque los estudiantes estaban deduciendo identidades, valores y compatibilidades a partir de información encontrada en internet antes de desarrollar una relación presencial con esas personas.

Una estudiante le contó que había descubierto que un amigo tenía preferencias cuestionables a partir de información aparecida en su experiencia digital. Para O'Donnell, el problema reside en transformar comportamientos incidentales, como mirar, reaccionar o pulsar un corazón, en fragmentos de una supuesta narrativa completa sobre la identidad de otra persona.

La psicóloga relacionó el fenómeno con el control que normalmente ejercemos sobre nuestra presentación pública. Una fotografía subida al perfil puede ser escogida durante minutos, mientras que un corazón puede haber sido pulsado en una fracción de segundo.

La pestaña “Friends” mezcla ambas clases de información y deja que quien observa atribuya significado a las dos. Ahí aparecen los riesgos de interpretar atracción, ideología, infidelidad potencial, estado emocional o preferencias personales a partir de acciones digitales breves y descontextualizadas.

Una interacción puede responder a humor, curiosidad, ironía, identificación momentánea, apoyo al creador, interés informativo, atracción, hábito o incluso una pulsación accidental. El observador, sin embargo, solo ve el corazón y completa por su cuenta el resto de la historia.

Ese mecanismo fue estudiado mucho antes de que Instagram desarrollara esta función. Investigadores de la Università della Svizzera italiana, la Universidad de Lucerna y Harvard realizaron nueve estudios sobre cómo juzgamos las revelaciones de otras personas en entornos digitales.

Los trabajos encontraron una asimetría clara: quien comparte determinada información suele pensar que los demás comprenderán el contexto en el que lo hizo, mientras quien la recibe tiende a juzgar más directamente a la persona por aquello que observa y a conceder menos peso a las circunstancias.

El efecto persistía incluso entre amigos. Trasladado a Instagram, ayuda a explicar por qué un Reel puede provocar una discusión desproporcionada, porque quien dio el “me gusta” conoce el contexto que lo llevó a hacerlo y quien lo observa después solo dispone del contenido y del corazón.

Cambridge demostró que los likes sí revelan secretos, pero no funciona como muchos creen

Aquí aparece la parte que puede parecer contradictoria. ¿Es incorrecto intentar conocer a alguien por sus likes? La respuesta es más compleja, porque las investigaciones sí han demostrado que esas pequeñas interacciones contienen información personal cuando se analizan en grandes cantidades.

En 2013, investigadores del Psychometrics Centre de la Universidad de Cambridge y Microsoft Research estudiaron los “me gusta” de más de 58,000 usuarios de Facebook junto con información demográfica y pruebas psicométricas.

Los resultados fueron sorprendentes. Utilizando grandes cantidades de likes y modelos matemáticos, los investigadores pudieron realizar inferencias sobre origen étnico, opiniones políticas y religiosas, personalidad, inteligencia, consumo de sustancias, edad y otros atributos.

En un estudio con 86,220 participantes, un sistema informático utilizó los likes de Facebook para estimar rasgos de personalidad y comparó sus resultados con evaluaciones realizadas por personas que conocían a cada participante.

Con aproximadamente diez likes, el algoritmo podía superar la evaluación de un compañero de trabajo. Con 70, superaba a un amigo o compañero de vivienda; con 150, a un familiar, y con alrededor de 300 podía superar la valoración realizada por la pareja.

Estos datos suelen ser malinterpretados. El estudio no descubrió que diez corazones permitan a cualquier persona conocer todos los secretos de otra, sino que modelos entrenados con información de miles de usuarios pueden detectar correlaciones que un observador humano no percibe fácilmente.

Ahí está la diferencia entre Cambridge y una discusión provocada por Instagram. El algoritmo busca patrones estadísticos entre miles de conductas, mientras una persona puede ver dos o tres Reels y construir al toque una explicación sobre la vida privada de alguien.

Por eso los estudios de Cambridge respaldan dos afirmaciones simultáneas. Nuestras huellas digitales pueden revelar características muy íntimas cuando se acumulan, pero unas cuantas señales aisladas no justifican por sí solas conclusiones definitivas sobre personalidad, orientación, ideología o intenciones.

Prejuicios, vigilancia entre amigos y la ilusión de conocer mejor a los demás

Desde las ciencias sociales existe un concepto especialmente útil para comprender este problema: el llamado “colapso de contexto”. En redes sociales, personas pertenecientes a mundos muy diferentes terminan observando una misma acción y atribuyéndole significados distintos.

Una broma que tendría un significado concreto entre dos amigos puede ser vista por una pareja, un compañero de trabajo, un familiar, un antiguo compañero de colegio o un conocido que interpreta aquello desde normas sociales completamente diferentes.

Investigadores de la Universidad de Tilburg han analizado este fenómeno y advierten contra interpretaciones excesivamente automáticas. Juntar audiencias distintas puede generar confusión y ansiedad, pero las personas continúan utilizando reglas sociales para reconstruir contextos y explicar lo que observan.

La pestaña de Instagram introduce además un problema adicional. El usuario ni siquiera eligió originalmente presentar aquel “me gusta” ante todas esas audiencias, porque fue la propia plataforma la que lo redistribuyó y lo convirtió en parte de una recomendación social.

Una investigación publicada en 2025 por el Information Sciences Institute de la University of Southern California ofrece otra pieza relevante. El equipo estudió a 541 usuarios de Facebook, Instagram, X, LinkedIn, TikTok y Snapchat para conocer qué sabían realmente sobre los controles de privacidad disponibles.

El 92% quería que por lo menos una configuración fuese más privada que el ajuste predeterminado. Además, el 80% nunca había visto al menos uno de los controles analizados y el 79% consideró que como mínimo uno de ellos era difícil de encontrar.

El hallazgo cuestiona la idea de que colocar una opción dentro del menú basta para garantizar consentimiento informado. META permite impedir que los propios likes y comentarios aparezcan en “Friends”, pero que el control exista no significa necesariamente que todos los usuarios sepan que deben buscarlo.

La propia historia de Instagram demuestra por qué esto importa. En 2019 eliminó una herramienta después de descubrir que algunas personas ignoraban que sus interacciones estaban siendo reunidas y mostradas; en 2025 regresó con una versión técnicamente más limitada y configurable.

Expertos españoles de la Universitat Oberta de Catalunya también han descrito otro cambio social relevante: las redes convierten una enorme cantidad de conocidos en aparentes “amigos”, aunque la profundidad real de esas relaciones pueda ser mucho menor.

La exposición repetida a otra persona puede generar sensación emocional de cercanía sin que exista realmente intimidad. Sabemos dónde viaja alguien, qué come, qué publicaciones comparte y ahora quizá qué Reels le gustan, pero podemos desconocer sus preocupaciones o intenciones reales.

Ahí reside probablemente el riesgo social más interesante de “Friends”. No necesariamente que Instagram revele la verdad secreta de nuestros amigos, sino que nos haga creer que ya la reveló con suficiente claridad como para juzgarlos.

Ver repetidamente likes relacionados con sexo, política, religión, cuerpos, enfermedades o relaciones puede producir una hipótesis razonable. Convertir inmediatamente esa hipótesis en una acusación implica, sin embargo, un salto que las investigaciones disponibles no justifican.

La pestaña puede revelar patrones, pero también puede fabricar narrativas. Puede descubrir una afinidad que alguien mantenía en privado y, al mismo tiempo, presentar una curiosidad fugaz como una fijación o un chiste como una declaración ideológica.

También puede hacer que una búsqueda de ayuda sea interpretada como confesión, una atracción momentánea como intención de infidelidad o un contenido polémico como una adhesión completa a las ideas que aparecen en pantalla.

META presentó “Friends” como una manera de recuperar la dimensión social de Instagram. Paradójicamente, para hacerlo transformó comportamientos pequeños que antes permanecían dispersos en señales mucho más fáciles de observar y de interpretar.

Un año después de su despliegue global, todavía no existe un estudio universitario publicado que haya medido específicamente cuántas relaciones dañó, cuántas discusiones provocó o cuánto modificó la conducta de los usuarios.

Tampoco puede afirmarse científicamente que la función haya destapado masivamente las “verdaderas personalidades” de quienes utilizan Instagram. Lo que sí sabemos por investigaciones anteriores es mucho más complejo.

Los rastros digitales pueden revelar bastante de nosotros cuando se acumulan, mientras los seres humanos tendemos a juzgar a otros utilizando información incompleta. Las plataformas, además, pueden modificar el significado social de una acción simplemente cambiando quién puede verla y con qué facilidad.

Tal vez el corazón que aparece junto a un Reel diga algo sobre quien lo pulsó. El problema comienza cuando creemos que, por sí solo, dice todo.

Fuente original: elsalvador.com

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