El lazo con los padres y la infancia despertó en una nueva generación el amor por Soda Stereo

El lazo con los padres y la infancia despertó en una nueva generación el amor por Soda Stereo

«Soda Stereo Ecos» es para repetirse; en Colombia y ahora en El Salvador, afirma con total convicción Kevin Espinoza, un joven de 25 años que lleva en sus venas la mística de una banda que se separó formalmente cuando su generación apenas daba sus prim...

7 noviembre 2026
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«Soda Stereo Ecos» es para repetirse; en Colombia y ahora en El Salvador, afirma con total convicción Kevin Espinoza, un joven de 25 años que lleva en sus venas la mística de una banda que se separó formalmente cuando su generación apenas daba sus primeros pasos en el mundo.

Nacido en 2001, Kevin ya sabe lo que es pararse frente a ese umbral donde la tecnología y la memoria se abrazan. Tras haber viajado a Colombia para presenciar la gira, no dudó un segundo en buscar la forma de reencontrarse con el espectáculo cuando confirmó su parada en suelo salvadoreño.

Para él, y para una marea de jóvenes salvadoreños, el dilema entorno a si van a ver solo una proyección en pantalla desaparece por completo en cuanto el show empieza y se apagan las luces.

La magia en el escenario y la reconexión con el origen

Kevin conoce de primera mano la catarsis que produce esta experiencia y defiende a capa y espada lo que se vive dentro del público frente a las opiniones puristas que critican la propuesta.

«Muchos no tuvimos el privilegio de recibir a Gustavo en vida; ni siquiera habíamos nacido. Me parece injusto cuando dicen que se le falta el respeto a su memoria, cuando su misma familia ha respaldado esto. Es una oportunidad para traer nuevos fans a una de las bandas más emblemáticas de Latinoamérica», expresa Kevin.

Para él, la verdadera razón de ir radica en la atmósfera inmersiva que se crea en el escenario, un espacio donde el tiempo parece detenerse y la mente se desconecta por completo.

Ticket y lentes 3D del concierto 'Soda Stereo Ecos' en Colombia. Fotografía/ Kevin Espinoza

«En el ambiente sentís a Gustavo. Por momentos te desconectás y llegás a creer al 100% que él está ahí. Perdés por completo el pensamiento de que él ya no está; sentís la interacción entre los músicos y se vuelve pura magia. El inicio te vuela la cabeza, te pone los pelos de punta. Es lo más cercano que nuestra generación va a tener de ver a tres Soda juntos en un solo lugar».

Aunque a Kevin le pesa en el alma no poder compartir esta segunda fecha con su padre —su fiel compañero de viaje en Colombia—, esa misma música heredada en la niñez se convierte en el cordón umbilical que conecta su historia con la de otros jóvenes de su edad.

Kevin Espinoza (25), junto a su padre Nelson Espinoza (52), fuera del Movistar Arena, Bogotá.

Una curita en el alma y el recuerdo del hogar

En esa misma sintonía de nostalgia, infancia y herencia familiar se encuentra Valeria Bolaños, también de 25 años, para quien el viaje con Soda Stereo comenzó literalmente antes de nacer.

«La música de Soda llega a mi vida a través de acordes por medio del estómago de mi mamá», cuenta Valeria con la emoción a flor de piel.

«Cuando ella estaba embarazada y yo me ponía inquieta, mi papá le ponía los audífonos en la pancita con el álbum Doble Vida. De forma inconsciente fui creciendo y reconociendo su música. Ya más grande, encontré un CD guardado sin portada; la primera canción que sonó fue La ciudad de la furia. Mi mamá me dijo: ‘¿De dónde sacaste ese CD? Es Soda Stereo, ¿te acordás?’.

A pocas horas del show, Valeria comparte el mismo revoloteo en el estómago que Kevin. Para ella, asistir a este concierto es una forma de honrar el recuerdo de su infancia y de conectar con su padre, quien emigró a Estados Unidos cuando ella era pequeña y con quien descubrió a fondo la banda a través de llamadas por Skype.

A sus 25 años, jóvenes que no vieron la época dorada de Soda Stereo asisten al show para reencontrarse con las canciones que escucharon desde la infancia. Fotografía/ Soda Stereo Facebook

«Creo que uno de los principales comentarios que recibí al contar que iba a ver a Soda fue: ‘Vas a ir a ver un holograma’. Pero más allá de eso, es el sentir. Yo sé que tanto Zeta como Charly van a hacer que Soda se sienta como si estuvieran los tres ahí. Para mí, ir al concierto significa poner una curita en ese sentimiento de no haber podido presenciar un show en vida de Gustavo. La música de Soda es mi lugar seguro, es ese confort que necesito para decir que todo va a estar bien; me da ese abrazo en momentos de tempestad».

Aunque sus padres tampoco podrán acompañarla físicamente esa noche, Valeria los llevará presentes en cada estrofa. «Si pudiera dedicarles una canción a ellos es Puente de Cerati y Te llevo para que me lleves. Y bueno, Té para tres siempre toca una fibra muy sensible en mí, porque me recuerda mucho a mi papá. Voy a tomar muchos videos para mandárselos y que sintamos esa conexión que siempre hemos tenido los tres».

El broche de oro: la trascendencia del arte y el amor del presente

A la vibrante historia de Kevin y Valeria se suma la voz de Gerardo Cortéz, quien también a sus 25 años comprende que el fervor por Soda Stereo no entiende de calendarios.

Para él, el encuentro con la banda ocurrió «casi por inercia», buscando rock en español junto a su padre hasta dar con De música ligera, un himno que pronto compartió con sus compañeros de bachillerato y que convirtió a Canción Animal en el disco de su adolescencia.

Aunque reconoce haber sido parte del debate sobre la ausencia física de Gustavo Cerati considera que es una oportunidad que no se debe discutir porque el arte es trascendental; no está sujeto a tiempo ni a espacio, reflexiona Gerardo.

«No sé si me voy a salir de mis cabales, solo sé que voy a gritar, voy a saltar de la emoción y voy a empezar a cantar como como un completo desquiciado», concluye con ilusión a pocas horas del show.

Fuente original: elsalvador.com

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