FMI proyecta crecimiento económico del 3.3% para El Salvador en 2026

FMI proyecta crecimiento económico del 3.3% para El Salvador en 2026

El Fondo Monetario Internacional proyecta un crecimiento económico del 3.3% para El Salvador en 2026, con ajustes regionales y globales debido a tensiones internacionales.

14 abril 2026
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El Fondo Monetario Internacional (FMI) actualizó recientemente sus proyecciones económicas para El Salvador, anticipando que la economía nacional crecerá un 3.3% durante el año 2026. Esta estimación se presenta en el contexto de un panorama global marcado por incertidumbres derivadas del conflicto en Medio Oriente, que involucra a Estados Unidos, Israel e Irán, y que podría afectar las dinámicas económicas mundiales.

En su informe más reciente, divulgado el martes, el FMI revisó a la baja la expectativa de crecimiento para El Salvador con respecto a sus proyecciones del año anterior. Mientras que en 2023 el organismo estimaba un crecimiento del 4%, la cifra actual se ajusta a un 3.7%. Esta revisión refleja un análisis más conservador ante los riesgos internacionales y las condiciones económicas internas.

Contexto económico nacional y proyecciones a mediano plazo

Los datos preliminares del Banco Central de Reserva de El Salvador (BCR) indican que el crecimiento económico durante 2025 fue del 3.9%, una cifra que se sitúa ligeramente por encima de la previsión del FMI para 2026. Para el próximo año, la inflación también se anticipa en aumento, con una tasa proyectada del 2.5%, en comparación con el 0.26% registrado al cierre de 2024. Durante los primeros meses del año, específicamente en marzo, la inflación alcanzó un 1.47%, lo que evidencia una tendencia al alza en los precios.

El Banco Mundial, por su parte, mantiene una previsión cercana para El Salvador, estimando un crecimiento del 3.2% en 2026. El BCR también anticipa un rango de expansión del producto interno bruto (PIB) entre el 3% y el 3.5%, cifras que coinciden con las perspectivas globales ajustadas por el FMI.

En cuanto a la evolución económica a mediano plazo, el FMI proyecta que el crecimiento anual del PIB salvadoreño se estabilizará alrededor del 3% para los años 2027, 2028, 2029, 2030 y 2031. Esta moderación responde a un escenario de normalización tras el desempeño observado en los últimos años y a la expectativa de un entorno internacional con mayores desafíos.

Perspectivas regionales: América Latina y el Caribe

El informe del FMI también ofrece un panorama para América Latina y el Caribe, donde se prevé un crecimiento del 2.3% durante 2026. Esta cifra representa una ligera mejora de una décima con respecto a la proyección de enero, aunque es una décima inferior al crecimiento registrado en 2025, que fue del 2.4%. La región enfrentará un crecimiento moderado, influenciado por la volatilidad global y los efectos del conflicto en Medio Oriente.

Para 2027, el FMI mantiene un pronóstico de crecimiento regional del 2.7%, sosteniendo la expectativa de una recuperación gradual. En particular, Centroamérica, impulsada por factores como el consumo interno y el flujo de remesas, se proyecta con un crecimiento del 3.7% en 2026, igual que en 2025, y un aumento al 4% en 2027.

El Caribe destaca por un desempeño más vigoroso, con una proyección de crecimiento del 5.7% para 2026 y un significativo aumento al 8.6% en 2027, frente al 6.2% registrado en 2025. Este dinamismo se atribuye principalmente a la recuperación del sector turístico, a pesar de la vulnerabilidad a factores externos como fenómenos climáticos y fluctuaciones económicas internacionales.

Factores externos e impacto en la región

La economía regional sigue condicionada por factores globales como el aumento en los precios de las materias primas, el endurecimiento de las condiciones financieras internacionales y una desaceleración general de la demanda mundial. Estos elementos afectan a los países de manera diferenciada, dependiendo de su perfil económico.

El FMI destaca que las economías que dependen de la importación de energía son las más vulnerables a estos choques externos, mientras que los países exportadores de materias primas pueden experimentar beneficios parciales en este contexto. Esta dinámica es especialmente relevante para la planificación económica de los países de la región, incluido El Salvador.

Estados Unidos y el escenario global

En cuanto a la economía de Estados Unidos, el FMI estima un crecimiento del 2.3% para 2026, ligeramente inferior a la proyección de enero, pero manteniendo una expansión sólida. Este comportamiento se explica por el repunte económico observado a inicios de año y la condición del país como exportador neto de energía, lo que mitiga el impacto económico del conflicto con Irán.

Para 2027, se espera que la economía estadounidense continúe su expansión con una tasa del 2.1%, superando ligeramente las expectativas previas. Estas proyecciones consideran que el conflicto en Medio Oriente llegará a su fin hacia mediados de 2026, un factor determinante para la estabilidad económica global.

El organismo internacional también reconoce el respaldo que la economía de Estados Unidos ha recibido por la legislación de recortes fiscales implementada en el pasado reciente, que ha impulsado la actividad económica y la inversión.

Conclusiones y desafíos para El Salvador

El escenario proyectado por el FMI para El Salvador en 2026 y los años siguientes refleja un crecimiento económico moderado pero estable, en un contexto regional y global marcado por incertidumbres y riesgos geopolíticos. La inflación, aunque proyectada al alza, se mantiene en niveles manejables, lo que es un indicio de estabilidad macroeconómica.

La economía salvadoreña deberá enfrentar los retos derivados de la volatilidad internacional y aprovechar las oportunidades internas, como el fortalecimiento del consumo y el flujo de remesas, para mantener un crecimiento sostenible. La coordinación de políticas económicas eficaz, junto con un monitoreo constante de las condiciones globales, será fundamental para alcanzar las metas planteadas.

En resumen, El Salvador se encuentra en una senda de crecimiento moderado, con perspectivas positivas en un entorno regional que también muestra señales de recuperación, aunque con desafíos evidentes. El seguimiento de las variables macroeconómicas y la adaptación a un contexto internacional cambiante serán aspectos clave para el desempeño económico del país en los próximos años.

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