José Hernández: “Cuando te dicen 3, 2, 1 y te escuchan millones de personas, no cualquiera lo puede hacer”
ENTREVISTA. El relator salvadoreño José Hernández convirtió una afición de niño en una carrera detrás del micrófono, él nos dice cómo ser un buen relator
El relator salvadoreño José Hernández charló con elsalvador.com y explicó cómo convirtió una afición que comenzó desde niño en una carrera profesional detrás del micrófono.
Experimentado, enérgico, carismático, Hernández recuerda al primer portal de noticias web en El Salvador que nunca imaginó que podría vivir de narrar fútbol, pero durante sus años universitarios comenzó a descubrir una facilidad que terminaría convirtiéndose en profesión.
En este mano a mano "Don Gol" habla de sus primeros ensayos con partidos grabados en VHS, la influencia del argentino Marcelo Araujo, la importancia de la voz, la preparación y la correcta pronunciación de los futbolistas.
También explica por qué relatar desde un estadio sigue siendo diferente a hacerlo frente a un monitor y deja un consejo para quienes quieren seguir ese camino: estudiar, acumular experiencia y no intentar saltarse el proceso.
—¿Cómo descubrió que tenía talento para relatar fútbol?
—De chiquito, en El Salvador, yo me relataba los partidos, pero nunca pensé que de esto iba a vivir.
El Pepino de Oro, el trofeo más peculiar que nació de una broma y se volvió tradición
En la universidad, estando con los amigos, me fui dando cuenta de que me gustaba la comunicación. Bromeando, relataba pedacitos de partidos.
Creo que hasta la universidad me di cuenta de que podía hacerlo. Pero tenía otros objetivos en mente y pensaba regresar a El Salvador.
Además, estamos hablando de 1994. Apenas había pasado aquel Mundial y el fútbol era prácticamente inexistente en Estados Unidos.

—¿Qué partidos utilizaba para practicar?
—Cuando estaba en El Salvador, obviamente eran partidos de los equipos salvadoreños.
Ya en la universidad había posibilidad de grabar partidos de la Serie A. Te daban un VHS, grababas unos diez minutos y yo me ponía a practicar solo.
Ahora es diferente. Incluso existen clases específicas para aprender a relatar.
Yo recibí cursos de comunicación, de cómo hablar en público y clases de discurso. Todo eso te va ayudando y vas tomando un poquito de cada cosa.
—¿Qué cualidades debe tener un buen relator de fútbol?
—Para mí, primero es fundamental tener un buen tono de voz.
Existen buenos relatores que desgraciadamente no tienen un tono agradable y eso puede terminar siendo chocante o estresante para el televidente.
No todos los que desean ser relatores llegan a ser buenos. La voz no debe caer pesada, molestar o resultar chocante.
Y tiene que estar acompañada de un buen estilo de relato. Las dos cosas van de la mano.
Puedes tener buen estilo y una mala voz, y no funciona. Para mí son fundamentales una buena voz y un buen estilo.
—¿Quién influyó en su manera de relatar?
—El relator que escuchaba mucho en la universidad, a principios y mediados de los noventa, era el fallecido Marcelo Araujo.
Me encantaba su estilo. Por aquella época comenzó a llegar mucho fútbol argentino mediante la televisión satelital y podíamos disfrutar de esos partidos.
Araujo era muy divertido. Y ahí aparece otro requisito para el relator: tiene que tener creatividad.
Hay que reconocer que tenemos una doble responsabilidad: informar y entretener.
Con informar y entretener vas a hacer un buen trabajo.
Marcelo Araujo lo hacía muy bien y a su lado estaba Enrique Macaya Márquez, otra referencia del fútbol.
Me parecía que hacían una muy buena dupla. Disfrutaba esos relatos porque informaban, entretenían y podían salirse del libreto.
—Después de tantos años de experiencia, ¿qué considera lo más difícil del oficio?
—Al principio, lo más difícil es encontrar una oportunidad. Que alguien tenga confianza en vos y te la dé.
Después necesitas estar preparado y conseguir que tu tono de voz y tu estilo sean aceptados por el público.
Al final de cuentas, quien decide es la audiencia.
Puedes gustarle al jefe y el jefe puede contratarte, pero al final la audiencia determinará si considera que eres bueno o malo relatando.
Uno tampoco es monedita de oro para caerle bien a todo el mundo.
Pero la gente reconoce cuando alguien es serio, entretiene, informa y llega bien preparado.
Y ahí agregaría otra palabra fundamental: preparación.
Al principio necesitas que alguien confíe en vos. Después depende de uno hacerse el camino, aprovechar las oportunidades y nunca dejar de prepararse.
He escuchado colegas decir que preparan un partido en media hora. Yo no sé cómo lo hacen.
Eso también depende de cuánta dedicación quieras ponerle a tu carrera.
Cuando ya tienes experiencia, lo más difícil cambia: mantenerte en la industria.

—¿Qué importancia tiene pronunciar correctamente los nombres de los futbolistas?
—Para mí es fundamental.
En los grandes eventos y en muchas ligas, desde el principio del campeonato te envían una guía de pronunciación.
Incluso ponen al propio jugador diciendo su nombre y, con base en eso, uno intenta acercarse lo máximo posible a la pronunciación correcta.
Como televidente, me choca cuando un nombre no se pronuncia aproximadamente como debería.
Creo que eso también marca diferencias entre los relatores.
—Usted también ha relatado en inglés. ¿Cómo vive esa experiencia?
—He relatado en inglés, pero no es lo que más disfruto.
Siento que estoy relatando con el freno de mano puesto, porque tengo que ser muy cuidadoso con lo que digo y con cómo lo digo.
En mi lengua nativa, que es el castellano, ya tengo un estilo definido.
Entonces puedo concentrarme en acompañar la jugada, agregar datos estadísticos, utilizar mi preparación y enlazarme con lo que diga mi compañero.
Para mí resulta mucho más fácil y divertido.
En inglés siento que todo es más estructurado y cuidadoso. Existe una línea muy fina entre informar y entretener.
La audiencia también puede interpretar de otra manera una broma o un comentario, así que necesitas ser mucho más cuidadoso.
Si tengo que hacerlo, lo hago, pero siempre prefiero relatar en castellano.
—¿Y los apellidos latinos cuando relata en inglés?
—Los pronuncio como se dicen en castellano.
—¿Qué cambia cuando debe relatar desde un monitor y no desde el estadio?
—Depende mucho de la señal.
En algunos casos pueden enviarte diferentes ángulos. En mi experiencia en una Copa del Mundo en Estados Unidos teníamos varias referencias disponibles.
Había una cámara aérea que podías observar mientras se desarrollaba el partido y también cámaras útiles para situaciones como el fuera de juego.
Algunas empresas invierten mucho en eso y obviamente es bueno para el relator.
Pero también puede ser más difícil porque tienes que estar pendiente de varios monitores.
Yo he relatado miles de partidos desde un monitor y muchos otros directamente desde el estadio.
Hay una gran diferencia. Siempre será mejor estar en el estadio porque puedes observar cosas que la señal televisiva no necesariamente muestra.
Por ejemplo, un jugador puede quedarse lesionado lejos de donde está siguiendo la acción la cámara.
Si estás relatando desde un monitor y no tienes experiencia o un buen ojo, ese tipo de cosas se te pueden escapar.
Desde la cancha es mucho más sencillo tener esas referencias.
—Hay relatores o analistas que reciben muchas críticas de la audiencia y, sin embargo, permanecen durante años en sus puestos. ¿Cómo interpreta ese fenómeno?
—Es un tema de gustos.
Como decía anteriormente, una de las cosas más difíciles es conseguir que alguien confíe en tu trabajo y te dé la oportunidad.
Muchas veces puede ocurrir que a un jefe le guste determinado estilo, más allá del rechazo que pueda existir de una parte de la audiencia.
Son situaciones que se dan en esta industria.
Hasta cierto punto puede ser algo común, aunque no deja de llamar la atención.
—Después de tantos partidos, ¿qué es lo que se le hace más fácil a usted?
—Yo disfruto mucho el relato. Me transformo y me divierto porque se me da muy fácil.
Quizá una de las mayores dificultades aparece cuando tienes uno, dos o varios compañeros y todos deben comprender perfectamente cuál es su función.
Cada persona tiene que respetar su rol y el de los demás.
Cuando trabajas durante mucho tiempo con la misma persona existe mayor entendimiento, acoplamiento y química.
El reto aparece cuando debes trabajar constantemente con distintos analistas y todos tienen que adaptarse.
Si cada uno no entiende perfectamente su función, el producto final puede salir mal.
Y la idea siempre es que el producto final salga bien.
—¿Qué les recomendaría a los jóvenes que sueñan con convertirse en relatores?
—Primero: prepárense.
Estudien periodismo, periodismo deportivo o comunicaciones.
Hay gente que intenta acortar el camino mediante cursos o talleres. Esas herramientas ayudan, obviamente, pero considero que lo correcto es contar también con una preparación académica.
Hay que tener paciencia, buscar oportunidades y estar siempre preparado.
También tener humildad y disfrutar cada momento.
A la nueva generación le diría especialmente que respete el proceso.
Una empresa grande difícilmente te tomará en cuenta si no tienes experiencia ni credenciales.
A veces las personas quieren llegar demasiado rápido arriba y se olvidan de que el proceso tiene muchísimos pasos.
El proceso es largo.
Siento que la nueva generación muchas veces no quiere esperar y piensa que esto es más fácil de lo que realmente es.
Pero cuando estás ahí y te dicen “3, 2, 1”, y sabes que te están escuchando millones de personas, no cualquiera lo puede hacer.
Por eso les diría que estudien, que se preparen académicamente, que busquen las oportunidades y que sepan aprovecharlas.
Pero, sobre todo, que tengan mucha paciencia.
Vídeo: cortesía
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