¿Por qué el streaming no ha podido acabar con las salas de cine?
El streaming cambió para siempre la manera de ver películas, ofreciendo miles de títulos sin salir de casa. Sin embargo, las salas siguen atrayendo a millones
El streaming ganó terreno con una ventaja difícil de discutir: comodidad. Permite elegir horario, detener una película y acceder a un enorme catálogo pagando una cuota mensual en lugar de comprar una entrada por cada función.
Pero esa ventaja no terminó sustituyendo por completo al cine. Los datos de distintos mercados muestran que el público aprendió a utilizar ambas opciones para necesidades diferentes: una para consumir contenido habitualmente y otra para determinados estrenos y experiencias.
El cine perdió frecuencia, pero resiste
Una encuesta de YouGov publicada en España en 2026 muestra bien esa transformación. El 92 % de los españoles ve películas mediante streaming y cuatro de cada diez prefieren este sistema frente a las salas.
Sin embargo, el 37 % respondió que elegiría indistintamente entre las plataformas y el cine. Para quienes prefieren la sala, la gran pantalla, la calidad audiovisual y poder salir de casa figuran entre las principales razones.
La situación francesa ofrece otra señal. El Centro Nacional del Cine y de la Imagen Animada de Francia, CNC, calculó que 40.9 millones de personas fueron al cine durante 2025, equivalentes al 62.9 % de la población.
Más llamativo todavía fue agosto de 2026. Francia alcanzó 19.94 millones de entradas, el mejor agosto desde que comenzaron los registros mensuales en 1980 y el doble que en el mismo mes de 2025.
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La sala ofrece algo que el sofá no puede copiar
El atractivo está, en buena medida, en convertir una película en una salida. El CNC francés encontró que el cine conserva un fuerte carácter colectivo: el 32.5 % de los espectadores suele acudir en pareja y el 29.3 % lo hace en familia.
En España ocurre algo parecido. YouGov halló que solamente el 15 % de quienes van al cine acostumbra hacerlo solo, mientras que entre los usuarios del streaming esa proporción alcanza el 54 %.
Las salas también han respondido mejorando aquello que una televisión doméstica difícilmente puede igualar. Pantallas gigantes, sonido envolvente, mejores butacas y formatos premium buscan convertir la proyección en una experiencia y no simplemente en otra manera de ver el mismo contenido.
Los resultados de IMAX ilustran esa tendencia. La compañía alcanzó en 2025 un récord mundial de $1,280 millones en taquilla, un 40 % más que en 2024 y un 13 % por encima de su anterior máximo establecido antes de la pandemia, en 2019.
Los jóvenes tampoco abandonaron las butacas
Una de las sorpresas está entre las generaciones que crecieron rodeadas de plataformas. Un informe de Cinema United, organización que representa a exhibidores, encontró que la frecuencia de asistencia de la generación Z estadounidense aumentó un 25 % durante 2025.
Los jóvenes de esa generación pasaron de un promedio de 4.9 visitas anuales a 6.1. Además, el 41 % fue al cine por lo menos seis veces durante el año, frente al 31 % registrado en 2022.
El mismo informe señala que las experiencias inmersivas figuran entre los elementos más valorados por esos espectadores. Las cadenas norteamericanas, por ello, han invertido en pantallas más grandes, sonido, asientos y nuevas opciones de comida.
Esto muestra que el problema de las salas no consiste necesariamente en que los jóvenes hayan perdido interés por el cine. El desafío está en ofrecerles películas y experiencias suficientemente atractivas como para sacarlos de casa.
Hollywood descubrió que necesitaba nuevamente al cine
Durante la pandemia pareció posible que los grandes estudios prescindieran de las salas y estrenaran directamente en internet. Sin embargo, después de experimentar con ese modelo, Hollywood comenzó a reconsiderar el valor del estreno cinematográfico.
La revista estadounidense Variety señala que los estudios comprobaron que pasar por salas ayuda a convertir una película en un acontecimiento y puede aumentar después sus ingresos en alquiler y venta digital. Universal considera actualmente esos negocios complementarios y no necesariamente rivales.
El caso de Wicked fue ilustrativo: la película siguió obteniendo millones de dólares en los cines estadounidenses incluso después de quedar disponible para comprar o alquilar en casa. La exposición en salas también había ayudado previamente a construir su reconocimiento entre el público.
Eso explica por qué la exclusividad temporal continúa siendo importante. Una película que solo puede verse inicialmente en cines crea urgencia, conversación pública y la sensación de que el estreno es un acontecimiento que no conviene aplazar.
El streaming tampoco está libre de problemas. Deloitte encontró en 2026 que los hogares estadounidenses suscritos gastaban en promedio $69 mensuales y que el 61 % consideraría cancelar su plataforma favorita ante un aumento de $5 en la tarifa.
Las salas, mientras tanto, están lejos de recuperar completamente los niveles anteriores a la pandemia. Gower Street Analytics calcula una taquilla mundial de unos $34,700 millones para 2026, alrededor de 13 % por debajo del promedio de 2017 a 2019.
Por eso, más que hablar de la derrota de un formato frente al otro, los datos apuntan hacia una convivencia. El streaming se quedó con buena parte del consumo diario de películas, mientras el cine se especializa cada vez más en aquello que una plataforma no puede entregar: convertir una película en una experiencia compartida.
La supervivencia de las salas dependerá de buenos estrenos, precios competitivos y razones claras para salir de casa. Mientras exista público dispuesto a reunirse frente a una pantalla gigante para ver una película por primera vez, el streaming tendrá dificultades para hacer desaparecer al cine.
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