
¿Por qué las mujeres siguen dando a luz acostadas pese a no ser la posición ideal?
La posición supina en el parto, común en la actualidad, no es la más natural ni beneficiosa para las mujeres. Esta práctica tiene raíces históricas que favorecieron la comodidad médica sobre la fisiología femenina, aunque la evidencia respalda posturas...
Durante miles de años, las mujeres en diversas culturas han dado a luz en posiciones erguida o semi-erguida, aprovechando la gravedad para facilitar el proceso de parto. Sin embargo, en la mayoría de los países postindustriales, la práctica predominante es que las mujeres den a luz acostadas sobre la espalda, una postura que hoy se reconoce como menos natural y menos segura para la madre y el bebé.
Raíces históricas de una práctica médica
El cambio hacia la posición supina se atribuye al médico francés François Mauriceau en el siglo XVII. En su libro de 1668, Las enfermedades de las mujeres embarazadas y en el puerperio, Mauriceau defendió la idea de que el parto en la cama, con la mujer acostada, era más cómodo para ella y más práctico para el médico. Esta recomendación surgió en un contexto donde los partos comenzaron a ser atendidos mayormente por cirujanos masculinos en lugar de parteras, marcando un viraje hacia la medicalización del parto.
Además, algunos historiadores sugieren que la influencia del rey Luis XIV pudo haber contribuido al cambio. Se dice que deseaba observar los partos con mayor facilidad y que promovió la posición reclinada para no perder visibilidad, aunque la evidencia directa sobre este punto es limitada.
Impacto en la fisiología del parto
Desde un punto de vista fisiológico, la posición horizontal limita el diámetro pélvico y reduce la eficacia de las contracciones uterinas. En contraste, posiciones como ponerse en cuclillas o de rodillas permiten ampliar el canal del parto hasta 2.5 centímetros, además de favorecer el descenso del bebé por acción de la gravedad.
Estudios científicos han demostrado que cuando se permite a las mujeres adoptar posturas verticales o moverse libremente, se observa una reducción en la duración del parto, menor uso de analgesia epidural, menos intervenciones como cesáreas, fórceps o episiotomías, y mejor oxigenación fetal debido a que la aorta materna no queda comprimida.
La institucionalización del parto y la pérdida de opciones
En la actualidad, gran parte de los partos en hospitales sigue realizándose con la mujer acostada, a menudo vinculada a la monitorización y otros procedimientos médicos. Esta práctica ha sido criticada por especialistas en obstetricia que defienden el concepto de "parto activo", que promueve la libertad de movimiento y la adopción de posturas instintivas durante el trabajo de parto.
Centros de maternidad y hospitales que adoptan modelos centrados en la comadrona han registrado un mayor porcentaje de partos en posiciones erguidas, lo que se traduce en mejores resultados para madres y recién nacidos. Por ejemplo, un estudio de 2011 encontró que el 82 % de las mujeres en centros de maternidad optaron por posiciones verticales frente al 25 % en salas de parto tradicionales.
El conocimiento como herramienta para mejorar la experiencia del parto
Existe una brecha importante en la educación sobre fisiología del parto tanto entre profesionales de la salud como entre las mujeres embarazadas. La falta de información limita la capacidad de las mujeres para elegir posturas que les resulten más cómodas y beneficiosas durante el parto.
Organizaciones que promueven el parto activo insisten en la necesidad de educar a la población para revertir la percepción del parto como un proceso pasivo y medicalizado. En países occidentales, se han implementado directrices que aconsejan incentivar a las mujeres a adoptar la posición que les resulte más cómoda, distinta a la supina, durante el trabajo de parto.
Consideraciones finales
Si bien la posición supina sigue siendo común en muchos hospitales, la evidencia científica y la experiencia clínica respaldan la adopción de posturas verticales para un parto más natural y seguro. Además, promover la libertad de movimiento durante el trabajo de parto puede contribuir a reducir intervenciones médicas innecesarias y mejorar la experiencia maternal.
La historia y la cultura han influido decisivamente en cómo se practica el parto hoy en día, pero la creciente comprensión de la fisiología femenina abre nuevas posibilidades para que las mujeres recuperen el control sobre esta experiencia fundamental.
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