
Producción de granos básicos en El Salvador cubriría solo la mitad de la demanda nacional
La siembra de primera en El Salvador produciría cerca de 12.8 millones de quintales de granos básicos, solo el 51.2% de la demanda nacional, con impactos climáticos que dificultan la producción.
El Salvador enfrenta un panorama complejo en la producción de granos básicos para el presente ciclo agrícola. Según estimaciones recientes de la Cámara Salvadoreña de Pequeños y Medianos Productores Agropecuarios (CAMPO),la siembra de primera generaría una cosecha cercana a los 12.8 millones de quintales, lo que representa apenas el 51.2% del consumo nacional estimado en 25 millones de quintales.
La siembra de primera, que tradicionalmente se realiza entre mayo y junio, este año se adelantó en algunos casos a abril, debido a la incertidumbre climática que afecta al país. Esta decisión, aunque busca anticipar la producción, ha generado riesgos asociados a la irregularidad de las lluvias y la sequía en regiones productoras.
Proyecciones de producción por ciclo y cultivo
CAMPO proyecta que durante el ciclo de siembra de postrera, que se realiza entre agosto y septiembre, se obtendrán aproximadamente 6.8 millones de quintales de granos básicos, mientras que para la siembra de apante, correspondiente a zonas con disponibilidad hídrica limitada, se esperan alrededor de 895,500 quintales.
En cuanto a la producción por tipo de cultivo, las estimaciones para la siembra de primera indican que el maíz alcanzaría 11.9 millones de quintales, lo que equivale a un 75% del total de la cosecha nacional de este grano. El frijol, por su parte, tendría una producción de 390,000 quintales, representando el 20% del volumen anual, mientras que el arroz aportaría unos 450,000 quintales.
En total, la gremial prevé una producción nacional de granos básicos de 20.6 millones de quintales para todo el ciclo agrícola, cifra que sigue siendo insuficiente para cubrir la demanda interna. En el caso específico del maíz, la producción estimada de 15.9 millones de quintales es inferior a los 20 millones proyectados por el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG),lo que implica un déficit aproximado de 2.8 millones de quintales para satisfacer el consumo nacional.
Respecto al frijol, CAMPO estima una producción total de 1.9 millones de quintales, también por debajo de los 2.4 millones que proyecta el MAG, lo cual refleja una brecha significativa en la oferta de este producto.
Impacto de las condiciones climáticas en el ciclo agrícola
El presidente de CAMPO ha señalado que las condiciones climáticas adversas ya están afectando el desarrollo del ciclo agrícola. En declaraciones a un medio nacional, indicó que el adelantamiento de la siembra a abril fue un error que perjudica la producción. De acuerdo con sus observaciones, en el departamento de Usulután se han registrado hasta 18 días consecutivos sin lluvia, situación que se replica en otras regiones del país.
Esta situación coincide con el más reciente informe de la Red de Sistemas de Alerta Temprana contra la Hambruna (Fews Net),que advierte sobre la distribución desigual de las lluvias desde abril, lo cual ha reducido la humedad del suelo y ha limitado la preparación de tierras en buena parte del territorio salvadoreño. El occidente del país es una de las zonas más afectadas, donde algunos productores iniciaron la siembra de forma anticipada enfrentando condiciones subóptimas.
Además, Fews Net prevé posibles retrasos en la siembra de postrera debido a las lluvias irregulares y al riesgo de una canícula prolongada esperada entre julio y agosto. Esta etapa coincide con la fase reproductiva del maíz, por lo que podría impactar negativamente el rendimiento de los cultivos, especialmente en las zonas de secano, donde la agricultura depende exclusivamente de la temporada lluviosa.
Recomendaciones de gremiales y organizaciones del sector agropecuario
Frente a este escenario, la Mesa Agropecuaria, Rural e Indígena junto con la Asociación Nacional de Trabajadores Agropecuarios (ANTA) han recomendado adelantar la siembra a finales de abril. Esta estrategia tiene como objetivo reducir la exposición de los cultivos a la sequía de mitad de temporada y optimizar el uso del agua disponible.
No obstante, la experiencia de este año revela que el adelanto de la siembra debe acompañarse de una adecuada planificación y monitoreo climático para evitar pérdidas significativas en la producción. La variabilidad climática y la irregularidad en el régimen de lluvias representan retos importantes para los pequeños y medianos productores, quienes concentran gran parte de la producción nacional de granos básicos.
Contexto de la seguridad alimentaria en El Salvador
La producción insuficiente de granos básicos en El Salvador tiene implicaciones directas en la seguridad alimentaria del país. El maíz, frijol y arroz constituyen la base de la dieta salvadoreña y su disponibilidad afecta tanto a los hogares urbanos como rurales.
La dependencia de importaciones para cubrir la demanda nacional incrementa la vulnerabilidad económica, especialmente en un contexto global de alta volatilidad en los precios internacionales de alimentos. Por ello, fortalecer la producción interna mediante el apoyo a los agricultores, el acceso a tecnologías adecuadas y la gestión eficiente del recurso hídrico es fundamental para asegurar la soberanía alimentaria.
En este sentido, las autoridades agrícolas deben considerar las proyecciones y alertas emitidas por gremiales y organismos internacionales para diseñar políticas públicas que mitiguen los efectos de la variabilidad climática y fortalezcan la productividad del sector agropecuario.
Conclusiones
La siembra de primera en El Salvador para el ciclo agrícola actual enfrenta importantes desafíos que limitan la producción de granos básicos a poco más de la mitad de la demanda nacional. Las condiciones climáticas adversas, con períodos prolongados sin lluvia y la amenaza de una canícula, afectan el desarrollo de los cultivos y ponen en riesgo la seguridad alimentaria del país.
Las recomendaciones de adelantar la siembra buscan minimizar estos riesgos, pero requieren un acompañamiento técnico adecuado para ser efectivas. La brecha entre la producción nacional y el consumo interno obliga a considerar estrategias integrales que fortalezcan la resiliencia del sector agropecuario frente al cambio climático y la variabilidad meteorológica.
Solo con un enfoque coordinado entre productores, gremiales, instituciones gubernamentales y organizaciones internacionales será posible mejorar la oferta de granos básicos y garantizar el abastecimiento sostenible para la población salvadoreña.
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